Bienvenidos a un nuevo episodio de Clubbing por Europa, una de las secciones más exitosas de nuestro portal gracias a vuestras innumerables visitas. Como bien sabéis, en ella narramos nuestras experiencias en los mejores clubes del viejo continente. En esta ocasión, volvimos a dirigir nuestros pasos hacia la capital del mundo de la música electrónica más underground: Berlín. Os recordamos que en nuestro segundo capítulo ya os contamos nuestros primeros pinitos por esos lares, tras nuestro periplo por tierras británicas y germanas. Esta vez visitamos varias salas diferentes a las que ya conocimos por aquellas fechas, pero también repetimos en alguna de ellas. Pónganse cómodos y disfruten del viaje…

Hacía meses que adquirimos entradas para asistir a Fusion Festival, uno de los macro-eventos más magnánimos y originales del planeta. Aprovechando su cercanía con Berlín, decidimos prolongar nuestra estancia en Alemania una semana más para disfrutar también de su amplia oferta musical de clubbing. Así pues, justo una semana antes del arranque del Fusion, más concretamente el miércoles 17 por la mañana, nos plantamos en casa de unos amigos en el barrio turco de Neukölln.

Pese a encontrarnos a las puertas del verano, en pleno mes de junio, la meteorología con la que nos topamos no era la esperada: intervalos lluviosos y noches frías. Sin embargo, no nos impidió darnos unas vueltas en bici por la capital de Alemania para conocer aquellos fragmentos urbanos que no nos dio tiempo de visitar durante nuestra primera estancia en septiembre. Por si no lo saben, en Berlín se respira ocio y libertad por casi todos sus rincones. Es fácil encontrarse tiendas de alimentación y bebidas abiertas 24 horas, sin limitación de horarios para la venta de alcohol, así como puestos de comida rápida, bares, pubs y discotecas sin horarios de cierre aparente. Aquí no existen las dichosas licencias de control de clausura para ningún local. Si te apetece divertirte lejos de casa, puedes hacerlo a la hora que elijas, y si quieres escuchar música electrónica, siempre habrá algún sitio abierto que te la ofrezca.

JUEVES

La primera noche que decidimos salir hacia un club fue la del jueves. Para este día de la semana, cualquier residente que ame la electrónica te recomendaría ir al Golden Gate, donde ya estuvimos la otra vez, una sala pequeña y oscura, pero con buen sonido y sesiones de dub-techno, minimal y deep. Allí se respira un ambiente muy amigable, en poco tiempo te sientes cómodo, las horas se pasan volando… Sin embargo, esta vez decidimos cambiar de planes para conocer otro club diferente: la galería Ohm, ubicada en el mismo edificio que Tresor y Globus, una vieja planta de energía desmantelada y rehabilitada como espacio multiusos.

OHM berlin grow sound magazine

La sala cuenta con una sola pista de baile de dimensiones reducidas, con un aforo máximo para 200 personas. Gran parte de la superficie útil del local se la lleva la propia barra, formando un gran cuadrado central que separa el dancefloor de las áreas de descanso, equipadas con taburetes altos y algún sofá. Por ello, el servicio de bebidas es fluido e inmediato. El aspecto interior es minimalista e industrial, con escasa iluminación. El equipo de sonido resulta muy inferior al resto de clubes nocturnos que hemos visitado en Alemania, aunque suficiente para hacerte bailar a pleno rendimiento. El punto más negativo se lo lleva el acondicionamiento, pues a veces el calor y la falta de aire limpio se hacen insoportables, obligándote a beber mucha cerveza para inmunizarse a estas desagradables condiciones.

A juzgar por la cantidad de gente que había, con apenas media pista llena, hacía presagiar que no estábamos ante un día fuerte. El nivel de alcohol por litro de sangre de la mayoría de ellos era bastante elevado, pues más de uno cayó al suelo entre baile y baile. No obstante, el ambiente no estuvo mal y pasamos una noche muy divertida. El cartel del evento, denominado Whistleblower (denunciantes) lo componían: Person of Interest, Draveng, DJ Pumpkin, Iruu y Jay Mond. Los subgéneros más macarras y reivindicativos del techno serían la banda sonora para una de las fiestas más underground a las que hemos asistido nunca.

Al primer artista que vimos a los platos fue Iruu, una chica joven de estilo punki, de cabellos rubios y corte de pelo atrevido, rapada por los lados y largo por arriba. Como todos sus compañeros, utilizó reproductores de vinilos, y su selección musical fue bastante variopinta, desde el electro más punzante hasta el house más cáustico, siempre con unas buenas dosis de acidez. Tras ella, el back to back improvisado entre DJ Pumpkin y Jay Mond nos trajo acid-techno de tintes retro, con un claro aroma a rave y new beat. Poco más tarde de las cinco de la mañana procedieron al cierre, ante tan sólo la decena de asistentes que aún quedábamos.

VIERNES

El cuerpo empezaba a pedirnos techno y decidimos apostar sobre seguro. Por ello pusimos rumbo a una de las catedrales del género: Tresor. Esta vez no nos detendremos demasiado en la descripción del lugar, cosa que ya hicimos en el segundo capítulo de Clubbing por Europa, cuando volvimos a poner los pies en esta institución de la escena europea. Tan sólo recordaros que la discoteca se compone de dos salas bien diferenciadas, cada una en una planta distinta: abajo la propia Tresor, de aspecto tosco y laberíntico, y arriba la Globus, mucho más abierta y diáfana, donde suenan las sesiones más suaves, a menores revoluciones.

tresor berlin grow sound magazine

Tras una leve cola de gente, accedimos al interior cerca de las tres de la noche, a tiempo para ver los últimos compases de Unbalance, responsable del warm up desde la medianoche. El joven ruso demostró muy buenas maneras tras los barrotes de la cabina, regalándonos un final de set perfecto, cargado de sentimiento y futurismo, que hacían presagiar una gran fiesta de sonido Detroit. Acto seguido, Secluded instaló sus aparatos analógicos para mostrarnos su nuevo live. El británico sacó a relucir todo su arsenal de techno industrial, aderezándolo con sintetizadores y un sinfín de charlys, creando una atmósfera profunda y oscura, completando un directo no apto para cardíacos. No es de extrañar el protagonismo que está adquiriendo, gracias a sus producciones, en un sello tan influyente como Sleaze Records.

El plato fuerte de la noche sería Dustin Zahn, otro de los activos más en forma no sólo de Sleaze, sino también de CLR y Drumcode. El norteamericano no se anduvo con chiquitas y desplegó lo mejor de su maleta: techno sin contemplaciones, contundente y aguerrido, de principio a fin. Una sesión tan intensa como exigente para nuestros tobillos. Los brotes de humos y la iluminación epiléptica de flashes y cabezas móviles hicieron el resto. El australiano Sebastian Bayne bajó considerablemente el ritmo y el nivel de sus predecesores, por lo que optamos por abandonar la sala y volver al campamento base. Aún quedaba mucha tela por cortar…

SÁBADO

Todavía sin plan claro para la noche más potente de la semana en cuanto a programación, nos dirigimos hacia el parque Görlitzer para disfrutar del buen tiempo que hacía esa tarde. Casi sin querer, descubrimos uno de los clubes más legendarios de Berlín: el Visionäre, a orillas del río Spree. Se trata de un pequeño local abierto a un canal a modo de muelle, de forma que la mayor parte de su superficie se encuentra descubierta, tan sólo provista de una pequeña cubierta ligera de lona, anclada a una ventana y a unos palos de madera. Toda esa parte está amueblada con mesas y sillones, y si dejas los pies colgando de la tarima que se extiende sobre el río, conseguirás mojártelos.

Club Der Visionaere grow sound mag

Pese a lo apetecible que resultaba dejarnos caer por sus puertas, preferimos observarlo desde arriba, apoyados en la balaustrada de un puente, mientras nos tomábamos unas cervezas y decidíamos qué sala visitar esa noche. Tras el ocaso, por fin aclaramos nuestras ideas y dirigimos nuestras bicicletas hacia Sisyphos, una de las discotecas más de moda en Berlín. Su extenso programa para el fin de semana abarcaba desde la noche del viernes hasta el domingo por la tarde, por lo que todavía restaban muchas horas de fiesta. El cartel era muy amplio, aunque sin nombres conocidos. No obstante, la mayoría de artistas que pudimos ver allí no estaban exentos de talento y buen gusto musical.

Sisyphos no es un local cualquiera. Se trata de un gran recinto lúdico con tres salas y amplios espacios de descanso y esparcimiento entre las pistas de baile, repletos de barras, pérgolas, asientos, servicios… incluso vehículos abandonados abiertos al público para esconderse un rato. La escenografía está muy cuidada, como si de una feria vintage se tratase. Cualquier objeto es empleado como elemento decorativo.

Una de las salas se encuentra abierta al aire libre por uno de los lados, y está construida enteramente de madera, como la mayor parte del recinto. Allí suenan los estilos más livianos, tales como house, deep o minimal, y fue donde empezamos nuestra andadura por Sisyphos. En cabina, Samuel Fach trataba de agradar con un espectro musical fresco y melódico que no terminó de convencernos, por lo que pusimos rumbo hacia la main room, la cual concentra las actuaciones más technoides.

Una vez allí, nos quedamos gratamente sorprendidos ante el excelente sonido que íbamos a disfrutar, gracias a varios Funktion-One estratégicamente colocados, apoyados por un gran muro de subgraves. La luminotecnia tampoco se queda atrás. Tras la cabina, varios grupos de luminarias en línea formaban las generatrices de una especie de cono de luz, dándole profundidad al escenario. Un espectáculo. La inseparable pareja de pinchadiscos Sleepy & Boo nos dio la bienvenida con su techno pegadizo y bailongo, pero lo mejor estaba por llegar…

Tras ellos, comenzó un nuevo versus con el dúo The Reason Y, un mano a mano en formato vinilo que cautivó a propios y extraños. Magnífica selección musical, mezclando de manera impecable y demostrando gran compenetración entre ambos. Minimal-techno simple pero efectivo, de tremenda pegada, que sonó como los ángeles. Más tarde sería el excéntrico Xminder el encargado de cerrar la sala, esta vez equipado con Traktor y mesa Pioneer. El portugués también completó una excelente sesión de techno recio y adusto, transportándonos por momentos al mítico club berlinés Berghain.

Pasadas las diez de la mañana del domingo, y con una main room ya clausurada, consumimos las pocas energías que nos quedaban en una tercera sala que aún no hemos descrito. Anteriormente, pasamos alguna vez por ella y pudimos escuchar algo de dub y electro, pero en esos momentos, Hintergrundrauschen ponía sus vinilos de tech-house serio y de calidad, bien pilotados por el artista. Curiosa forma de ocultar los grandes altavoces en la esquina que forman las paredes laterales con el techo sobre la cabina del DJ, donde se abrían sendos huecos que funcionaban como cajas de resonancia, dando como resultado un sonido nítido y potente, que en principio cuesta adivinar de donde viene.

Una vez más, tras visitar una de las ciudades más en forma de la escena europea, no sólo por la cantidad, sino también por la calidad, nos ha quedado aún más claro que países como Alemania, Holanda, Bélgica o Inglaterra nos llevan lustros de ventaja. El nivel técnico de las instalaciones, la aptitud de los artistas, el concepto de las fiestas en sí y el buen ambiente vivido en Berlín, son factores que se encuentran todavía a años luz de lo que podemos encontrarnos en cualquier club de nuestra península. Aquellos que quieran experimentar una verdadera cultura de club, deben volar más allá de los Pirineos. Ver, escuchar, sentir… y aprender.

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