Aquellos que seguís mis crónicas, o si bien sois asiduos a eventos techno en los Países Bajos, sabéis de sobra que, si lo vuestro son los beats más crudos y salvajes, encontraréis vuestro tesoro en las profundidades de los warehouse urbanos distribuidos sobre ciudades como Amsterdam (ver ejemplos), Rotterdam (ver) o La Haya (ver), donde ocasionalmente se desarrollan fiestas de gran envergadura, citas marcadas en rojo para los calendarios más puristas del sonido de la Motown. Pues bien, el de Elementenstraat es, sin duda, el que alberga este tipo de contiendas en más ocasiones. Ubicado en el suroeste de la capital, cerca de la estación de Sloterdijk, esta gran nave industrial se erige como el emplazamiento perfecto para la gran batalla de dos jornadas que a continuación les narramos.

El hiperactivo colectivo Reaktor lo volvió a hacer, consiguiendo reunir una notable hueste de artistas de renombre que pondrían a prueba la estabilidad de nuestras articulaciones y cerebros durante el primer fin de semana del mes, 1 y 2 de marzo, viernes y sábado. Un poco más abajo, podrán ver los horarios por salas. No obstante, debo mencionar que una tercera área, más modesta y reducida, permaneció abierta entre las dos principales para darle su oportunidad a artistas locales de menor repercusión. Dada nuestra escasa presencia por esos rincones, no entraremos a valorarlos. Ni siquiera describiremos dicho stage, aunque podemos confirmar que cumplía perfectamente las condiciones sonoras y lumínicas que un escenario requiere para el disfrute del respetable.

Unpolished Festival

Las otras dos zonas de combate eran otra historia. Una vez más, hay que quitarse el sombrero con el despliegue de infraestructuras que siempre promete un evento Reaktor (ver crónicas). Sonido Funktion One, visuales por doquier sobre superficies trianguladas, luminarias estroboscópicas de todos los colores, láseres interestelares… Unpolished está alcanzando cierto punto de ritualismo, cargado de simbolismos, casi religioso, a juzgar por el discurso de sus proyecciones y su correspondiente merchandising, cada vez más palpable entre los asistentes. De hecho, la marca se está extendiendo por países tan punteros como Alemania o Reino Unido, donde esta promotora se está haciendo un hueco gracias a las bondades de sus festejos.


VIERNES

En cuanto al plano musical, pese a que la noche del sábado era, a priori, más atractiva por cartel, la del viernes fue toda una revelación de descubrimientos positivos, además de alguna reivindicación importante, como verán enseguida. Sin tiempo de ver ninguno de los warm up, a manos de Parrish Smith, Alienata o SPFDJ, y tras presenciar los últimos coletazos del directo de New Flames, del que poco podemos decir más allá de darnos una calurosa bienvenida al infierno, acometimos el main room para degustar el tramo final del set de Helena Hauff. La germana hace tiempo que dejó de ser una promesa para convertirse, hoy en día, en toda una garantía de baile, tanto físico como mental, y es que la joven pinchadiscos es capaz de generar un efectivo y armonioso mejunje de techno, minimal y acid que satisface a todos.

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Acto seguido, el descubrimiento de la noche: The Empire Line. Poco o nada sabíamos de este trío de nórdicos, cuyos primeros álbumes eran más cercanos al punk rock, pero que poco a poco han ido tornándose más techneros, hasta el punto de aportar sus producciones al selectivo sello Northern Electronics, con Abdulla Rashim a la cabeza. Su penetrante y envolvente sonido nos cautivó de cabo a rabo. Su artillería no brilló por su cantidad, pero sí por su calidad. Live de los que hacen mella, mucho ruido, pero aún más nueces. El meticuloso MPIA3 cogería el testigo de la principal para desplegar otro bombardeo de cadencias propias a través de su maquinaria analógica. Aunque no esperábamos gran cosa, lo cierto es que el de Bristol repartió de lo lindo, sonando como los demonios (no podría decir los ángeles). Golpetazo en la mesa.

Pese a que el main stage nos estaba dando muchas alegrías hasta el momento, decidimos ingresar en el secundario para comprobar lo que cocía nuestro compatriota Héctor Oaks por allí, uno de los varios artistas nacionales en el exilio al que hemos entrevistado (ver). Por otro lado, no nos vino nada mal tomarnos un respiro de la siempre abarrotada Room 1. El madrileño, afincado en Berlín, nos sorprendió gratamente por su forma de mezclar, buscando constantemente la reacción del público con sus giros inesperados y sus transiciones provocadoras, seriamente divertido. Otro que también nos engatusó de forma más bien inesperada, fue el omnipresente Stranger. El neerlandés ajustó perfectamente su repertorio a las exigencias del guion, es decir, dejó de lado su faceta más convencional y previsible para castigarnos con el techno más contundente y aguerrido de su maleta… ¡así sí!

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El encargado del cierre de esta segunda sala fue el legendario Zadig, quien presentaba un live especial para la ocasión, denominado “Day is Dying”, prometiendo emociones fuertes. Nada más lejos de la realidad, el francés se salió, conquistando a todos los presentes con una devastadora selección musical, llevaba al dancefloor con maestría e ingenio. Un set a vinilo muy manual, en el que las manos del DJ hicieron auténtico bricolaje. Dadas las circunstancias, tuvimos que sacrificar la actuación de Kobosil, pero no así la de Manu le Malin, quien no dejó a títere con cabeza durante el closing de la principal. El parisino terminó por arrasar lo que quedaba vivo con su hard techno de corte industrial.


SÁBADO

Como ya avanzamos, la jornada del sábado supuso menos sorpresas, pero nos trajo las actuaciones más esperadas del fin de semana. Desgraciadamente, tenemos que dejar fuera de esta crónica a los artistas Sunil Sharpe, Jensen Interceptor y DJ AZF, quienes seguramente habrían calentado las zapatillas del público más prematuro con sus opening. Al que sí vimos prácticamente por completo, fue al todopoderoso Blawan. El británico no necesita presentación, ni tampoco demasiado para incendiar la pista. Esta vez, sin desmedirse en florituras ni volvernos locos con cambios frenéticos, el heredero al trono de Surgeon cernió de oscuridad el ambiente gracias a su techno de gama alta, ”made in Birmingham”. Sin ser su mejor sesión, más de uno todavía andará buscando sus neuronas desgajadas por el warehouse.

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Mientras tanto, la Room 2 se estremeció con el directo postapocalíptico de Neil Landstrumm, un tipo inimitable con una peculiar forma de entender la electrónica. De sus aparatos salieron las melodías más sucias y distorsionadas de la efeméride. Sin embargo, nunca llegamos a averiguar por dónde coger al inglés. Fueron los momentos más especulativos del weekend. Al final, tuvimos que condescendernos con el live noventero de The Advent. Techno de toda la vida, pistero y percusivo, cuyas líneas de graves denotaban el paso de los años. Hoy por hoy, afortunadamente, tenemos mejor sonido, más evolucionado y adaptado al oído humano y la mecánica de un soundsystem. Aún así, una buena ronda de clásicos nunca viene mal para agudizar la nostalgia.

De vuelta al área alternativa, nos topamos con London Modular Alliance. Como su propio pseudónimo indicaba, nos encontramos con un setup de modulares que, bien conjuntado con vinilos, sonó de maravilla, aunque seguíamos sin encontrar ese nivel de excelencia que alcanzamos el viernes. A continuación, uno de esos directos que no puede dejar a nadie indiferente. Nos referimos a Giant Swan, la unión entre los neopunkies Robin Stewart y Harry Wright. Los británicos, situados frente a frente, se mostraron muy dinámicos, sin complejo alguno, ajustando un sinfín de botones y potenciómetros entre una kilométrica maraña de cables. El uso del micrófono se convirtió en un elemento indispensable para aportar ese sentimiento de rabia y caos que transmitieron sin piedad.

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Por su parte, la sala principal sería testigo de un acto que no termino de entender cómo siempre termina colándose en cualquier line-up. Hablo de ROD, cuyo concepto musical encajaría mucho más en un festival diurno, open air, que en una fiesta de perfil más undergroud como esta. Su música resulta demasiado alegre para estas ligas, por no hablar de su afanosa forma de mezclar, más propia de un show que de una performance seria. Los bombos más pesados del evento llegaron de la mano de Perc, uno de los platos fuertes más anhelados, y eso que tiró de configuración digital. Industria pesada, sin contemplaciones. El rey del techno rasgado se mostró tan rompedor como acostumbra. Las pausas brillaron por su ausencia, y nuestras articulaciones comenzaron a dar señales de muerte.

Las clausuras correrían a cargo de The Outside Agency, justo tras el capo de Perc Trax, por un lado, mientras que el stage alternativo contaría con el misterioso The DJ Producer. El primero, por su parte, no se cortó ni un pelo y soltó todo su armamento hardcoriano, para el deleite de los más duros. El camaleónico dúo holandés cortó leña hasta casi las 10 de la mañana. No obstante, nos gustó bastante más la propuesta de Luke McMillan, otro veterano del hardcore, ravero como pocos. El anglosajón demostró por qué sigue siendo uno de los artistas más respetados del continente entre las ramas más hard. Eso sí, contundencia y elegancia, tras los platos, a partes iguales. Excelente punto y final a una guerra sin descanso ni cuarteles.

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Pues todo esto fue lo que dio de sí esta edición de Unpolished, tras la cual no nos queda más remedio que volver a elogiar a los chicos de Reaktor por su incesante labor trayéndonos las mejores fiestas de techno que uno puede experimentar en Holanda. Si les ha convencido lo que han leído, y además estáis pensando en vivir una aventura por tierras de tulipanes, no pierdan de vista los futuros eventos que esta empresa nos ofrece. A principios de agosto, despacharán el Katharsis (ver crónica), probablemente en este mismo warehouse, donde a buen seguro se va a montar otra buena. Se trata de una citación de características muy similares que cada año compite con Dekmantel por llevarse a los peregrinos más melómanos. Una vez más, agradecimientos especiales a Jort Schenk, líder y creador de todo esto.

Autores: Pablo Ortega