A continuación vamos a acometer lo que podríamos denominar como una “crónica no anunciada”, ya que nunca os llegamos a informar sobre el festival que en seguida vamos a contaros. El motivo es, simplemente, que decidimos asistir precisamente el día anterior, tras comprobar que era posible compaginarlo con Nassau, del cual sí realizamos su correspondiente previa. En unos días colgaremos la crónica del mismo. Y es que lo que ocurre en Holanda durante el Kingday, 27 de abril, es digno de documental. Todo el mundo sale a la calle a celebrar el cumpleaños del monarca, cada uno a su manera, pero la mayoría de jóvenes (y no tan jóvenes) eligen la mejor opción: un festival de música electrónica. Es increíble la cantidad de eventos de este tipo que se desarrollan por todo el país durante el día del rey.

Pues bien, ante tal oferta musical, no pude resistirme a acudir a De Revolutie, un festival outdoor en Utrecht de considerables dimensiones: tres escenarios dispuestos sobre el emblemático edificio multifuncional de gran tamaño Tivoli Vredenburg. En su interior, podemos encontrar varias salas a diferentes alturas. Las elegidas para desarrollar la programación fueron las mejor equipadas: Ronda, que funcionaría a pleno rendimiento como main room, Pandora, donde de podían disfrutar los ritmos más frescos, y Cloud 9, en la novena y última planta.
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Sobre la medianoche, nuestro tren llegó a la estación central de Utrecht, una de las ciudades más punteras de los Países Bajos. Desde el propio apeadero ya se podía comprobar el bullicio de gente en busca de diversión, y eso que era la noche previa al Kingday, todavía era martes 26 de abril. El camino hacia el recinto del festival fue corto pero intenso; holandeses (y también forasteros, como nosotros) por doquier, la mayoría con bebida en mano, incluso algunas agrupaciones cantando en pequeños escenarios erigidos sobre espacios públicos abiertos a modo de conciertos gratuitos, con barras hacia los laterales. Sin embargo, no habíamos llegado hasta Utrecht para escuchar folklore neerlandés, por lo que no tardamos en acceder al Tivoli Vredenburg.

El primer stage que pisamos, y también en el que pasamos casi toda la noche, fue el Ronda, un gigantesco dancefloor con graderíos, de poca ornamentación y de aspecto rudo y oscuro, ideal para albergar los sets de techno. Todos ellos darían lugar aquí, con diferencia, el más abarrotado. En seguida comprobamos que el sonido aquí iba a ser espectacular. Desde los inicios, la presión de los subgraves sacudió sin piedad nuestras cajas torácicas. Una pena que nos perdiéramos la primera actuación, la del capo de Token Records, Kriz!, el cual ya nos dejó con la boca abierta durante la pasada edición de Neopop en Portugal el pasado verano.

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Al que si pudimos ver casi al completo fue a Kobosil, un joven talento alemán que, aunque demostró buenas maneras, aún le queda mucho por aprender. El de Berlín alternó tracks de corte serio y minimalista con otros más alegres y melódicos, inclinándose cada vez más hacia esta última tendencia por el final de su sesión. Unas horas más tarde, pincharía también en Nassau. Tras él, el británico Shifted pasaría por cabina para desplegar su arsenal de sonidos Birmingham, es decir, oscuridad y contundencia a partes iguales. Otro que nos dejó muy buen sabor de boca en Neopop, la última vez que lo vimos en formato live. Esta vez, su DJ set quedó un poco por detrás de nuestras expectativas, por lo que antes de que concluyera su actuación, decidimos darnos una vuelta de reconocimiento por los otros escenarios.

La segunda sala en cuanto a tamaño y jerarquía, era Pandora, un espacio diáfano que tampoco desmerecía lo más mínimo. Buena pegada de bafles, bien ecualizada, a la que se le añade una luminotecnia de nivel. Allí nos topamos con el bueno de Jackmaster, un artista ecléctico de los que gustan mucho por aquí, capaz de golpearte con bombos technoides, o bien de enloquecerte con una buena selección de house underground. El escocés estaba realizando un buen trabajo, aunque el cuerpo nos pedía algo más. En la sala más pequeña, la Cloud 9, el emblemático Hunee ponía la banda sonora más divertida y pintoresca del festival. Sin embargo, el berlinés de origen asiático tampoco nos convenció, así que nos redirigimos a la main room.

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A las tres de la noche, era el momento de uno de los platos fuertes de la jornada, el omnipresente RØdhåd, un pinchadiscos del que teníamos muchas dudas pese a su meteórica carrera musical durante los últimos dos años. Pues bien, desde el primer bombo tuvimos que archivar nuestros prejuicios y dedicarnos meramente a dejarnos llevar por su arrollador set. El germano no dejó indiferente a nadie, demostrando por qué todos los grandes festivales quieren contar con él. Techno de gama alta, adusto y aguerrido, mezclado con acierto y descarto. Nunca sabías en qué momento soltaría el grave. Tuvo su día.

Para cerrar la fiesta, contamos con nada menos que Jeff Mills, leyenda viva del sonido Detroit, uno de los personajes que siempre hay que mencionar si hablamos de la historia y del progreso del techno. Mills es de los pocos residentes de la ciudad del motor que ha sabido reciclarse y evolucionar su música hacia los tiempos actuales, sin perder su propio estilo y su manera de entender la electrónica. El americano dio todo un recital con su Roland. Nadie en el mundo le saca tanto partido como él. Fueron muchos los momentos en los que sólo sonaron compases producidos en directo con su caja de ritmos. Se escucharon temas míticos como The Bells, Cocaine o Insectoid, con el que puso el broche de oro a una actuación que nunca olvidaremos.

Como era de esperar, fue todo un acierto dirigirnos hasta el corazón de Holanda para disfrutar de un magnífico festejo como fue De Revolutie (“La Revolución” en holandés). Queda verificado una vez más, que por estos lares no se andan con medias tintas, y cuando se monta un festival, se ponen todos los medios disponibles para desplegar todas las infraestructuras necesarias para que se lleve a cabo en plenas garantías. ¡Chapó!

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