El pasado sábado 8 de abril se celebraba el 25 aniversario de una de las salas más importantes y longevas del clubbing español, Industrial Copera estaba de cumpleaños y el sold out se intuía en la calle, los aledaños abarrotados calentando motores para lo que se venía, era el síntoma de lo que se produciría pocas horas después, una taquilla cerrada y una sala a reventar.

17903725_1488542004510873_9112157472835908500_n

Y lo que se venía no era nada más y nada menos que Jeff Mills y Ángel Molina, a los que no voy a volver explicar quiénes son, además, es tal la humildad que desprenden que estoy seguro que se sentirían mal por que aquí se digan verdades como puños.

El despliegue de producción audiovisual también me lo salto, porque es caer en la redundancia de todos los fines de semana, sencillamente descomunal.

Junior sería el encargado del warm up, correcto, sin salirse del guión y dejando la pista lista para Mills. Un Junior que no cabía de gozo, viendo como su sala cumplía 25 años, y lo que es mejor, con una salud aparentemente de hierro.

17757583_1488542444510829_9138055049317995134_n

Algo pasadas las dos de la madrugada, esa tímida figura enclenque hacía acto de presencia, se nos hace difícil pensar, que alguien tan sencillo a primera vista pueda desprender tanta magia, sucede con muy pocos, y sucede porque sabes que esa cabeza se sale del percentil, que incluso no sea de este mundo, o esté en un estado mental superior al de la humanidad en general.

Y sigo con la magia, dando argumentos para intentar explicar que las casualidades no existen, hay energía que las provoca. Han sido unos días donde se ha conocido la triste noticia del fallecimiento de Ikutaro Kakehashi, fundador de Roland, donde se ha publicado el último trabajo de Mills titulado “Planets”, donde se está celebrando el 25 aniversario de Industrial Copera, además, hace 25 años, en el mes de abril también se publicó el “Discovers The Rings Of Saturn” de X-102, proyecto formado por Mad Mike, Robert Hood y el propio Jeff Mills, álbum que, según Ángel Molina, se unen por fin Detroit y Berlín. Un momento… ¿Ángel Molina, de qué me suena? ¡Ah! Sí… Decidme, ¿casualidades o magia?

El set de Mills, como acostumbra, fue algo ecléctico, atravesando diferentes pasajes sonoros, desde el sonido más negro y detroitiano hasta el sonido más minimalista, pasando por fases ácidas o momentos en los que hacía gala del manejo y control que tiene sobre la 909.
El gordo en esta ocasión cayó sobre las 3 de la mañana, un gordo tempranero pero que terminó por encender al respetable, sí amigos, hablo del archiconocido The Bells, pinchado y trillado hasta la saciedad por toda la escena techno, sin embargo, cuando son esas manos quién lo toca, suena totalmente diferente. Puedo deciros que conforme estoy escribiendo estas líneas, un calambre está recorriendo mi espalda provocando que el vello de mi piel se levante.
Cuando finalizó, una lluvia de claveles cayó sobre Él, conociendo el nefasto historial que Mills tiene con objetos lanzados desde la grada, no sabemos cuál sería su primera impresión, pero estamos seguros que cuando se percató de que eran claveles, pudo respirar aliviado, sabiendo que no dejaba de ser un gesto para profesarle respeto y admiración.

17862765_1488543364510737_4372331512469644526_n

Terminado el set del norteamericano, llegaba el turno de Ángel Molina, artista que conoce al público de Industrial Copera como si fuese residente, no en vano, seguramente estemos ante uno de los artistas que más veces ha actuado en ese escenario.

De lo ecléctico de Mills, pasamos a la disciplina y el orden de Molina, al martillo pilón, al techno sin concesión, al bombo machacón, con una clase y selección a la altura de solo los elegidos, Molina es uno de ellos y así lo ha demostrado durante toda su carrera. El catalán tenía la siempre difícil empresa de cerrar la fiesta y además tocar después de una eminencia, pero sus más de 25 años tras los platos, un bagaje musical a la altura de muy pocos y unas ganas de meter caña que solo él la sabía, hizo que los cimientos de Industrial Copera temieran por su integridad.
No os exagero si digo que, el set de Molina se sitúa entre los 3 mejores de esta temporada escuchados por un servidor en la sala granadina.

17861888_1488551884509885_2222028504630942939_n

Una vez más, todo termina, las luces se encienden y el espectáculo acaba, te vas con sensación de querer más y eso es solo por toda esa magia que se había creado.
Sin duda, los chicos de Industrial Copera podrán archivar las fotos del pasado sábado en el álbum con los bordes de oro, donde solo las noches épicas tienen cabida.

 

FOTOS: Fran Ortiz

Hacer Comentario