Hay noches que son más fáciles vivirlas que escribirlas, esta es una de ellas. Pero si hay algo fácil para todo amante del bueno Techno, oscuro y profundo, es acudir al reclamo de Oscar Mulero en la sala granadina Industrial Copera.

Por cuarta edición consecutiva, gran parte del equipo de Grow Sound nos desplazamos hasta Industrial Copera para disfrutar del maestro. Pero no estábamos solos, todo un buen elenco de clubbers de distintas partes no quisieron perderse lo que se avecinaba como una noche mágica, otra noche mágica con Oscar Mulero a los platos.

Nuestra incursión comenzó con el set de Junior bien entrado en faena. El sonido se notaba consistente y bien calculado. Atmósferas oscuras y bombos potentes creando una antesala perfecta para lo que acontecía. Una vez más Junior hizo gala de su buen hacer, dando forma al sonido que predominaría.

Lo que vendría de aquí en adelante es la historia de siempre. Pero no una historia aburrida o monótona, repetitiva y sin sentido, nada de eso. Más bien nos referimos a una historia de perfección, de muchos detalles, de inteligencia, de libertad…

Cuatro horas serían las que tendría el maestro Oscar Mulero por delante para disparar a sus anchas, y como era de esperar y bien le gusta a él, hizo gala de una larga intro. Toda una primera media hora cargada de graves y atmósferas que te adentraban en su propio mundo de oscuridad. El tiempo pasaba y el ritmo arrancaba, pero sin dejarse caer en el bombo fácil, el cual comenzaba a hacerse presente, seguía trabajando los graves en profundidad. Esto dio lugar a lo que bien podríamos definir como Techno espacial, Techno de nueva generación cargado de sonidos de otro mundo, sonidos con un fuerte tono cósmico. Sin duda lo estaba bordando.

De aquí en adelante el asunto subió de nivel, se notaba que iba en serio. Las largas mezclas se hicieron presentes y el sonido más físico y musculoso de la noche corría por el soundsystem de Industrial Copera. Sonido que mezclado con varios tracks a la vez, toman otra dimensión de la mano de Oscar Mulero y su perfecta ecualización.

Si bien los últimos compases se esperaban apoteósicos, Oscar Mulero eligió el camino elegante, culminando un viaje propio de un maestro. Experiencias sensoriales, con graves empujados por fuertes bombos y texturas que bien se podían tocar, fue el menú que pudimos degustar para terminar la noche.

Como ya viene siendo costumbre, aquel que sabe disfrutar un discurso así, aquella noche se fue bien servido. Una noche obligatoria en la temporada de Industrial Copera, y que una vez más, se situó entre las más importantes de esta. Continuará…