Si nos fijamos en la oferta musical más electrónica/vanguardista de la ciudad de Córdoba, es fácil darse cuenta de que siempre ha ido detrás de otras grandes ciudades andaluzas, como Sevilla y Granada, más abiertas a la música independiente y al riesgo que ello supone. Tiempo atrás, colectivos como el de NOISE han aportado muchísimo a la hora de inyectar más variedad a la cerrada oferta que suele haber para el cordobés. También el reciente festival Riomundi ha supuesto un auténtico éxito al presentar una oferta musical muy completa y variada ubicada alrededor del Guadalquivir, además de unirla a los principales destinos turísticos de la ciudad, revitalizándolos y haciendo que los disfrutemos desde otro punto de vista.

Pero necesitamos ese impulso de vanguardismo, de nuevos espacios y atmósferas sonoras, de experimentación y de originalidad. Y ahí es donde entra en juego el Centro de Creación Contemporánea de Andalucía (C3A), que desde hace unos meses lleva apostando muy fuerte por acercarnos la música más radicalmente opuesta a lo que tiempo atrás hemos tenido en la ciudad, entre otras muchas propuestas como exposiciones de arte y otras actividades.

Siendo tan reciente todo el proyecto y teniendo ya una interesantísima trayectoria que repasaremos más andelante en este artículo, el C3A demuestra que no baja el ritmo y el pasado jueves 28 de junio a las 21:00 nos trajo, directamente desde la Berghain Kantine, a Jasmine Guffond. Esta reconocida artista australiana queda enmarcada dentro del ambient y la experimentación electrónica, llevando su directo a diversos festivales alrededor del mundo y a multitud de instalaciones, incluyendo lugares tan dispares como la Ópera de Berlín. Es imposible entender su concepto musical sin analizar el interesante trabajo de Ilan Katin, artista plástico que dibujó los paisajes sonoros a través de su performance de vídeo en directo, y que acompaña a Jasmine en la exploración musical que propone.

Jasmine Guffond ha editado dos discos bajo el sello berlinés Sonic Pieces, especializado en el ambient y la modern classical music. Su último trabajo es Traced (2017), un potentísimo álbum en el que Guffond experimenta transformando datos de reconocimiento facial y redes de monitorización global en algoritmos sonoros. Estos retratos sónicos se retuercen y se combinan con pulsos electrónicos y samples de voz modificados, creando unas elaboradísimas atmósferas ambient que, unidas al trabajo visual de Ilan Katin, ofrecen un inmersivo viaje por emotivos paisajes audiovisuales, unas veces oscuros y otras veces de una belleza inspiradora.

Durante la sesión pudimos disfrutar de la presencia de ambos artistas desplegando toda la potencia de su Traced (y también de otros de sus trabajos anteriores) en un espacio llamado la Caja Negra, dentro del C3A. El escenario que se nos presentaba era el de una monolítica estructura de paredes de hormigón desnudas, junto a cuatro potentes equipos de sonido rodeando una serie de butacas dispuestas frente a una de las paredes, donde se proyectarían las imágenes de Katin. Dos pequeñas mesas, cada una con un portátil y un sencillo equipo para disparar los sonidos e imágenes, se dejaban en un segundo plano al lado de la proyección, donde se ubicarían los dos protagonistas.

Una vez las luces se apagaron, las psicodélicas imágenes de Katin comenzaron a sacar pecho en perfecta sincronía con la música, formando un poderoso arranque que rápidamente nos metió de lleno en la intensa experiencia audiovisual que nos esperaba. Pronto empezaron a llover los largos pads, drones, atmósferas y bajos destructores de los que hace gala la música de Jasmine, y la tensión musical y sensorial de la experiencia comenzó a subir de forma escalonada. Temas como Swan Song llegaron a unos niveles altísimos de impacto sónico, con unas bajas frecuencias que abarcaban toda la atmósfera de la sala y que se movían viscosamente por todo el cuerpo de los asistentes, sacando a relucir el imponente aislamiento sonoro de la Caja Negra. Se pasaba del ambient y los océanos de sonido más esperanzadores al ruido mecánico más distópico lleno de imágenes estroboscópicas. Ambos discursos sonoros se fundían una y otra vez con la preciosa voz de Jasmine, modificada en directo. La montaña rusa alcanzó el pico más exigente en su tramo final, donde los pulsos de bajas frecuencias tomaron un ritmo de techno lento y envolvente. Después se hizo el silencio, las luces se encendieron y un sonoro aplauso nos hizo volver exhaustos a la realidad.

Traced en el C3A – Jasmine Guffond e Ilan Katin (Facebook C3A)

La oferta musical del C3A, un proyecto que ha llegado para quedarse

Fue el pasado 16 de febrero cuando se le dio el pistoletazo de salida a este nuevo proyecto, utilizando las impresionantes (y todavía poco aprovechadas) instalaciones del centro. Ese día, Francisco López, reconocido mundialmente por su amplio trabajo dentro de la música experimental y el arte sonoro, nos presentaba su Inmersión Sónica: una sorprendente experiencia completamente a oscuras dentro de las instalaciones, donde el artista exprimió todas las posibilidades que ofrecía el edificio, inyectándole su propuesta musical y llevándonos a explorar paisajes sonoros a través de sus field recordings modificados electrónicamente. Sin lugar a dudas, ese día nos descubrió el enorme potencial que había dentro del proyecto.

Inmersión Sónica en el C3A – MANUEL MURILLO (Diaro Córdoba)

Más tarde, concretamente el 21 de abril, se celebró al aire libre en los espacios circundantes del C3A la Electronic Lunch, fiesta mucho más sencilla y amigable pero no por ello menos importante, ya que jugó dentro de la línea de los sonidos más house de la ciudad pero reubicándolos alrededor de este nuevo espacio y añadiendo multitud de talleres y master class muy diversas.

La última gran parada del proyecto fue hace apenas unas semanas, cuando se apostó por innovar en un día tan famoso y recurrente dentro de la cultura cordobesa como es la Noche Blanca del Flamenco. Recién salido del 25 aniversario del mundialmente conocido festival Sónar (Barcelona), nos visitaba Niño de Elche, una de las figuras más controvertidas de la escena independiente española. Era una apuesta muy arriesgada en una noche tan tradicional, pero nos redescubrió una Córdoba que rompía con su clásica zona de confort y nos abría a experiencias que hacían tambalear la cerrada trayectoria musical de la ciudad. Un concierto/sesión/performance que dinamitó Córdoba desde dentro, y que hizo mutar el flamenco fusionándolo con la electrónica de más alto octanaje.

El concierto de Jasmine Guffond e Ilan Katin ha sido, por lo tanto, otro motivo más para seguir confiando en la interesantísima programación del Centro de Creación Contemporánea de Andalucía. Le damos todo el apoyo del mundo a este bonito proyecto y esperamos que siga creciendo y apostando por más actuaciones de este tipo en el futuro. Córdoba en particular y Andalucía en general, lo necesitan.