Como ya avanzamos hace varios días, el pasado sábado 14 de noviembre nos tocaba visitar la magnánima discoteca Fabrik para traeros uno de los macro-eventos del año: el 12º Aniversario de Code, la sesión de techno por excelencia en Madrid. Sus organizadores prepararon todo un festival con mayúsculas: 4 salas disponibles, más de 15 horas de fiesta ininterrumpida, más de 30 artistas… una carta de presentación que bien merecía un largo peregrinaje hacia las afueras de Fuenlabrada. Con tan sólo echar un vistazo a la lista de pinchadiscos que nos perdimos, se hace uno a la idea de la gran batalla que se nos venía encima: Underworld, Kevin Saunderson, Derrick May, Ben Sims, Adam Beyer, Rødhåd, Jonas Kopp, Du’Art, Fátima Hajji…

Nadie quiso perderse la Code 107. Dimos buena fe de ello en cuanto vimos el aspecto de muchedumbre y algarabía que presentaba la zona de aparcamientos que circunda Fabrik. Los rumores situaban el volumen de ventas des anticipadas en un nivel alto, lo que podría suponer el “sold out”, incluso antes de arrancar la movida. Por lo tanto, esperábamos un lleno absoluto y su consiguiente agobio en el interior, aunque realmente no fue así, hecho que, a los que nos gusta bailar a gusto, agradecemos enormemente.

Code 107

Pasadas las nueve de la noche, accedimos a los interiores del complejo sin sufrir cola alguna. No queríamos perdernos la actuación de uno de los artistas revelación del planeta techno en los último tiempos: el enigmático ø[Phase]. El de Token Records fue calentando la sala Satélite con sus bombos pesados y atmósferas oscuras, aunque desgraciadamente, el volumen del sonido aún no se encontraba ni a la mitad de sus prestaciones potenciales. Sonaron varios temas de producción propia como “Insectoid” o “The maze”. Pese al buen hacer del londinense, decimos darnos una vuelta por el recinto para tantear bien el resto de salas, pues percibimos varios cambios desde nuestra última visita.

En el patio exterior se dispuso un novedoso escenario a modo de terraza donde se entonarían los ritmos más frescos, de la mano de un buen puñado de artistas regionales, entre los que se encontraban los líderes y organizadores del movimiento Code: Nuke y César Almena. La vieja Satélite, a la que se accedía desde este gran espacio libre, ha sido desmantelada y relegada a otros usos. Es por ello por lo que se ha reubicado junto a la Main Room, pero hacia el lado contrario, en una nueva nave, más pequeña y compacta, pero de similares características. Esta nueva configuración del complejo ha acortado los recorridos de un espacio a otro, provocando una circulación más sencilla e intuitiva. Ya no resulta tan fácil perderse por sus kilométricos pasillos, y es de agradecer. Tampoco existe ya la “sala de cristales” que tan buenos recuerdos nos trae a los asiduos a las fiestas más concurridas de Fabrik.

El denominado Club Area también resultó un espacio nuevo para nosotros. Se trata de una gran sala de escenografía recargada y teatral, con elementos tan singulares como una gigantesca pecera con forma de cilindro sobre una de las plataformas de baile o unas enormes sirenas doradas empotradas a las paredes. La cabina se encuentra bastante elevada sobre el nivel del dancefloor, y allí nos topamos con el bueno de A. Paul sacando a relucir su repertorio más contundente y pistero. No tuvimos más remedio que quedarnos a disfrutar de su sesión ante tal arsenal de techno atronador. El portugués pasó como un ciclón, haciendo bailar hasta a las estatuas de las sirenas. Siempre aprovecha cualquier oportunidad para demostrar que se trata de uno de los artistas y productores más infravalorados de la escena europea.

Code 107

A continuación retornamos hacia la Satélite para disfrutar de un tipo que ya nos dejó un excelente sabor de boca en nuestro paso por la Tresor de Berlín durante el pasado mes de junio. Nos referimos a Dustin Zahn, aunque bien podríamos denominarlo como “el martillo neumático”. Tremendo. El norteamericano por fin ha dado el “estirazón” y ya puede mirar de frente a los grandes del género. Ante una sala que a la postre ya lucía su mejor sonido, el jovencito no dejó a títere con cabeza con su techno devastador y sus transiciones magistrales, terriblemente intenso. Con lo visto hasta el momento, ya habíamos justificado buena parte del elevado precio de la entrada. Sin embargo, todavía quedaba mucha leña por cortar.

El corpulento Alan Fitzpatrick hizo su aparición a la una, puntual a su cita. Como ya nos temíamos, el británico se decantó por una selección musical de tech-house blanda e insulsa. No es de extrañar, pues hace ya mucho tiempo que los miembros del que fuera el sello de referencia a nivel mundial, Drumcode, han cambiado el concepto y las directrices de su espectro musical para encaminarse hacia sonidos más melódicos y bailongos, más propios de una fiesta ibicenca que de una Code en Fabrik. Como contrapunto a tal puesta en escena, redirigimos nuestros pasos hacia el Club para dejarnos llevar por los ritmos vertiginosos del mejor hard-techno con la dupla compuesta por Svetec y Golpe. Con ellos recibimos unas buenas dosis de pegada, dejándonos en la pista varios milímetros de suela.

Tras escuchar un par de tracks de los incombustibles Pet Duo, volvimos a poner rumbo a la Satélite, donde nos esperaba el live de Cell Injection (Drumcell + Audio Injection). Interesante propuesta de los estadounidenses, quienes desplegaron un techno profundo y groovero, aunque no terminó de convencernos, quizás por falta de intensidad. Esperábamos mucho más de los chicos de CLR, pero lo cierto es que nos llevamos una pequeña decepción. No obstante, en el escenario principal se estaba cocinando uno de los platos fuertes de la noche. El “gran jefe cherokee” volvía tras varios meses de inactividad debido a una infección de oídos y estábamos ansiosos por comprobar en qué estado de forma volvía a las pistas.

Si existe un artista que conoce al público madrileño y a la propia discoteca, ese es Óscar Mulero. Nuestro compatriota ha vuelto con el cuchillo entre los dientes. Se le notaba con ganas de demostrar que ese paréntesis musical durante el final del verano iba a quedar en mera anécdota, y vaya si lo hizo. El capo de Pole Group no se anduvo con memeces y sacó lo mejor de su maleta para convertir una Main Room abarrotada en una verdadera olla a presión del techno más potente y aguerrido que uno puede imaginarse. Sesión de subidas continuas aderezadas con atmósferas hipnóticas, llenas de contenido y de matices sonoros. Una actuación para enmarcar. Los constantes chorros de megatrones aliviaron las altas temperaturas y avivaron el frenesí.

Code 107

De vuelta a la nave Satélite, Karl O’Connor, más conocido como Regis, hacía gala de su destreza con la mesa de mezclas con una selección de temas un tanto convencional, tratándose de quien dirigía la orquesta. El ecléctico pinchadiscos inglés iba de un lado para otro, de lo industrial a lo minimalista, y es que uno puede esperarse cualquier cosa de él. A mitad de set, nos dimos una vuelta por el Club Area para bailar un poco de schranz con O.B.I. y su nueva compañera de giras, la asiática Julyukie. Ambos se compenetraron a la perfección para trasladar a la pista toda su energía y buen rollo.

La emblemática pareja compuesta por Lukas & Fernanda Martins serían los encargados del cierre de este tercer escenario. Sin embargo, nos decantamos por el directo de Murphy & A. Professor para poner el broche de oro a nuestra andadura por el 12º aniversario de Code. Como no podía ser de otra manera, los virtuosos artistas afincados en Barcelona nos regalaron una sesión frenética a cuatro platos adornada con un sinfín de cortes, scratches, pisteos, loops infinitos… en definitiva, una actuación muy dinámica y divertida que terminó por consumir nuestros depósitos de energía.

Poco más que añadir. Como siempre, fue un placer volver a la capital y disfrutar de su mejor evento 100% techno del año. Esperemos que la cosa no decaiga y que los promotores de Code sigan organizando “semifestivales” como este. Sin duda, Fabrik es el escenario perfecto para tales efemérides. Una discoteca colosal que lo tiene todo para seguir siendo la gran referencia a nivel nacional. Como notas positivas, me quedo con la buena redistribución de las distintas áreas y con la mejora del sonido respecto a la última vez que visitamos el club. Con una buena ecualización y mantenimiento del mismo pueden obtenerse fantásticos resultados. Esta vez sí que sonó de maravilla, al menos en sus dos salas principales.

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