Autor: Pablo Ortega

Bienvenidos a un nuevo episodio de Clubbing por Europa. Esta vez, aprovechando mi estancia temporal en Rotterdam, el destino escogido fue Amberes, una ciudad belga cerca de la frontera con Holanda. Se trata de la localidad con mayor población de Bélgica, pese a no contar con el título de capital. Más de medio millón de corazones laten cada noche, muchos de ellos al ritmo del techno, como haríamos nosotros durante los pasados viernes 12 y el sábado 13 de febrero. Buena prueba de su intensa vida nocturna son los numerosos “night life” que puedes encontrarte abiertos por sus calles a cualquier hora del día. No son más que pequeñas tiendas de alimentación y licorería sin horario de cierre, muy al estilo de lo que pudimos ver por Berlín hace unos meses (episodio 4).

Amberes es una de esas ciudades a las que el paso de los años les pasa cierta factura, si vagas por su viario puedes sentir en sus muros, tejados, calzadas, estatuas… que se trata de un enclave monumental con mucha historia a sus espaldas. Sin ir más lejos, fue la capital de los Países Bajos Españoles cuando fuimos primera potencia mundial. Cuenta con uno de los puertos más importantes de Europa, y además es el primer centro de tallado de diamantes de todo el mundo. En definitiva, una ciudad con mucho movimiento de gentes y recursos, que se ha convertido en uno de los focos comerciales más prolíferos del Norte de Europa.

Tras esta breve introducción para contextualizaros, vamos con lo que realmente me interesa contaros, que es la música que pude disfrutar allí y el fuselaje de los clubes belgas. Nuestra llegada a Amberes se produjo bien entrada la noche, por lo que no tuvimos mucho tiempo más que para acomodarnos en el apartamento alquilado y encontrar nuestro primer objetivo: Ampere Club, donde se desarrollaría un showcase del sello alemán CLR: Truncate, Drumcell y Luis Flores como sus abanderados, y los residentes Dave Brody y Jaimy Smink.

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VIERNES

Así pues, nuestra primera andadura por la ciudad consistió en caminar poco más de quince minutos hacia la estación central de trenes, ya que bajo sus ferrocarriles se alojaba la sala a la que pretendíamos acceder: Ampere. Queríamos entrar temprano, ya que desde la medianoche arrancarían las actuaciones internacionales, que serían a la postre las que más nos interesaban escuchar. Poco antes de las doce y media, conseguimos pisar el interior. Lo cierto es que todavía no encontramos mucha gente haciendo cola, ni siquiera en la pista de baile. Sin embargo, desde los primeros instantes te das cuenta de que la calidad redunda en cada esquina de la discoteca, y que los chicos de Inside, promotores de este evento, pusieron toda la carne en el asador para una gran noche de techno.

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Ampere cuenta con un aforo máximo de mil personas, por lo que podemos catalogarlo como un club de tamaño y presencia considerable, aunque a simple vista desde la calle pase un poco desapercibido. La distribución es simple, a la par que efectiva: el dancefloor se dispone a lo largo de una gran superficie rectangular, y a su alrededor se sitúan todos los equipamientos: barras, baños, lockers para abrigos, zonas de descanso, área de fumadores… sí, existía una habitación bastante amplia para fumar, muy bien decorada con vidrios de colores, donde también se podía escuchar la música a niveles bailables. No obstante, algunos asistentes fumaban también en la pista, y no solían ser perseguidos por los miembros de seguridad. Lo importante es que la gente se divierta.

Al primer artista que vimos fue a Luis Flores, quien presentaba su nuevo live. El reciente fichaje de CLR compiló sus mejores tracks en un directo muy fresco y pistero que hizo bailar encarecidamente al público más tempranero. Sin embargo, echamos de menos su espectro más profundo y mental, y quizás se le notó demasiado que su live aún no está completamente redondeado y bien terminado, ya que algunas transiciones no acababan de enlazar bien, y en varios momentos dio la sensación de cierto descontrol. De todas maneras, no se puede pedir más para la primera actuación de la noche. El mejicano debe seguir trabajando su directo. Convertirse en un gran productor no garantiza una puesta en escena perfecta, pero sin duda tiene material de sobra para conseguirlo.

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El siguiente en pasar por cabina fue Drumcell, uno de los favoritos de Chris Liebing, y al igual que él, también utiliza una controladora de ritmos tipo Maschine. El americano comenzó su set con dudas, y rozó la vulgaridad con un repertorio demasiado típico y reconocible, aunque tardó poco tiempo en darle un vuelvo a la situación. Hacia la hora de actuación, el nivel sonoro de la sala alcanzó su punto de inflexión, y la selección musical se fue inclinando poco a poco hacia la oscuridad y los sonidos metálicos. La pista se convirtió en un verdadero hervidero de techno. La luminotecnia hacía lo propio, y fueron llegando los primeros momentos de psicodelia y éxtasis musical.

Con un público bien sobrecalentado y con el pabellón realmente alto, así le dejó el panorama a su buen amigo Truncate (también conocido como Audio Injection). El angelino no se arrugó, y desde sus primeros compases decidió arrojar sobre el escenario lo mejor de su maleta, es decir, techno de gama alta, equilibrado, contundente y envolvente al mismo tiempo. Una de las mejores sesiones que he escuchado nunca a tres platos, ideal para una sala de este pelaje. Mezclas y ecualización sencillamente impecables. Matrícula de honor.

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El residente Dave Brody fue el último en actuar. No lo hizo mal, aunque el listón que le dejaron sus predecesores estaba por las nubes, por lo que se notó bastante la diferencia entre unos y otros. El belga extendería su actuación hasta las ocho de la mañana, hora del cierre. Cada pinchadiscos dispuso de dos horas para completar su set, un tiempo que me parece el apropiado para que cada uno disponga de tiempo suficiente para desarrollar su contenido. Nos despedimos de Amperes Club con unas sensaciones muy positivas, tanto por las prestaciones que nos ofreció la sala como por el buen ambiente que se respira bajo su techo.

SÁBADO

Tras unas horas de merecido descanso y algunos tours por la ciudad, la noche del sábado nos volvimos a poner el cuchillo entre los dientes para acometer una de las discotecas más underground de Amberes: Petrol. Situada hacia el suroeste del casco antiguo, tuvimos que coger un taxi para atravesar el centro y dar con ella. Para nuestra agradable sorpresa, varios grupos de jóvenes se encontraban sobre los aledaños refrescando sus gargantas antes de acceder al interior. Una costumbre muy española. También cabe destacar que la media de edad del público asiduo a este tipo de eventos en Bélgica es bastante inferior al que me vengo encontrando por Holanda. Nos sentimos entre los más veteranos en ambas salas.

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El line-up que nos empujó hacia Petrol Club fue el siguiente: Function, Covered in sand, Distant Echoes, Border One y Silas. El colectivo antuerpiense Hertz celebraría allí una de sus fiestas más importantes del año, junto con la del Año Nuevo. El aspecto del mismo es bastante austero y minimalista, incluso podría decir que tenebroso. Los únicos colores de pintura utilizados en sus paramentos son el negro y el blanco, y la ornamentación brilla por su ausencia. Cuenta con un repertorio de luces y máquinas de humo considerable, aunque no fueron demasiado explotadas durante el evento, pues el concepto del mismo iba más encaminado hacia la oscuridad, otorgándole todo el protagonismo al sonido electrónico.

Pasadas las dos de la noche pisamos un dancefloor con bastante más público que la jornada anterior. Tras los platos, el misterioso Convered in Sand desarrollaba un fantástico set de techno experimental, repleto de sutilezas y matices sonoros que nos atraparon por completo. El británico sorprendió a propios y extraños, cubriendo la pista de atmósferas hipnóticas y ritmos rasgados.  Su actuación se nos pasó volando, nada que ver con del siguiente artista, Distant Echoes, quien desplegó un techno mucho menos original y profundo, excesivo en melodía y escaso de contenido. Así pues, el italiano pasó por Petrol sin pena ni gloria durante sus dos horas de sesión, que por cierto se nos hicieron eternas.

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El plato fuerte de la noche tendría la ocasión de prodigarse durante un “extended set” de tres horas, desde las cinco hasta las ocho. Nos referimos a Function, cabeza de cartel indiscutible para esta edición de Hertz. Lamentablemente, esta vez no trajo sus herramientas de live, sino que se valió de cuatro reproductores para desarrollar lo que suele denominarse como un “Dj set”. No obstante, el estadounidense supo sacarle todo el partido al instrumental disponible y se erigió como el gran agitador de la noche. Selección musical muy variada, desde los sonidos más clásicos propios de Detroit hasta el techno más moderno y elaborado.

Finalmente, el emergente Border One se encargó del closing a base de bombo y platillo, techno sin contemplaciones de tinte industrial. El belga pinchaba en casa y se le notó con ganas de hacer vibrar a su público, aunque mucha gente decidió abandonar la sala antes del cierre, programado para las diez de la mañana. Otra diferencia sustancial con Holanda es que aquí en Bélgica parece que les cuesta más llenar los locales. En ninguno de los dos eventos se rozó el lleno, ni de lejos, mientras que en el país vecino me encuentro cada fin de semana con varios “sold out”. Además puedo decir, por lo visto hasta ahora, que Holanda se encuentra un peldaño por encima en cuanto a montaje, sonido y calidad de los clubes en general. No obstante, tanto Ampere como Petrol se merecen un notable alto, y nuevamente queda evidenciado que nuestro país aún está a años luz en cuanto a producción de eventos como los que les estoy contando en esta sección (Clubbing por Europa).

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