Bienvenidos a una nueva edición de Clubbing por Europa. Tras Londres y Berlin, como no podía ser de otra forma, es el turno de otro de los pesos pesados de la escena mundial: Amsterdam. Esta vez voy a narrar mis aventuras centrándome casi exclusivamente en los clubes en los que estuve en cada una de mis tres visitas a la capital holandesa. Por este motivo, voy a esquematizar este artículo en tantas partes como las noches de club que disfruté allí. Voy a obviar mi tercer y último viaje a los Países Bajos, correspondiente al desarrollo del Awakenings Festival del año pasado, el cual ya os contamos en su crónica correspondiente.

Es cierto que ya han pasado varios años desde las historias que os voy a relatar, pero no por ello han caído en el olvido. Debido a la enorme repercusión que tuvieron en mí, y sobre todo, a lo bien que nos lo pasamos, siempre habrá un hueco en mi memoria para almacenar tan gratos recuerdos. Disfruté tanto de estos viajes, que aún recuerdo con detalle las fiestas en las que estuvimos. Tenemos que remontarnos siete años atrás para mi primera incursión, y dos años y medio para la segunda, que ya os adelanto que fue el Amsterdam Dance Event 2012. Sin duda, el festival europeo más apropiado para conocer los exquisitos clubes que atesora esta ciudad.

Mi primer festival en suelo internacional fue el Trance Energy 2008 de Utrecht. Eran tiempos en los que mis oídos absorbían prácticamente todos los géneros electrónicos (y no tan electrónicos). Se trataba de un macro-evento con capacidad para 30.000 espectadores que aglutinaba a los mejores artistas del momento de este estilo: Tiësto, Ferry Corsten, Sander van Doorn, Mark Sherry, Marco V… en un espacio multiusos gigantesco y perfectamente equipado para la ocasión como el Jaarbeurs. Su última edición fue la de 2013. Actualmente, este festival ha sido sustituido por el A State of Trance (ASOT), emplazado en el mismo lugar.

La ciudad en la que decidimos alojarnos aquella vez fue Amsterdam, por motivos obvios… Todos sabíamos de su extensa oferta cultural y turística, pero queríamos conocerla desde el punto de vista que más nos interesa: su repertorio de clubes y sus famosas fiestas de música electrónica, y es que los holandeses son de los que mejor saben montárselo en toda Europa, como van a ver. Vamos pues con mi primera salida nocturna en una de las salas más míticas de la ciudad de los canales…

PARADISO

El Trance Energy era un festival de gran repercusión por aquel entonces y eso se notaba incluso en Amsterdam. Muchos garitos y coffee shops ponían electrónica, a veces pinchada por djs en directo, y algunos se adornaban con motivos del evento. En uno de ellos nos informaron de que el viernes previo habría una buena fiesta en Paradiso a modo de warm up. Así pues, esa noche pusimos rumbo al canal más exterior del centro histórico, junto al Vondelpark, uno de los pulmones verdes de la ciudad.

Allí se encuentra emplazada Paradiso, dentro de un edificio religioso del siglo XIX cuyo uso fue modificado en 1965 para albergar en su interior una fantástica sala de conciertos, que poco a poco se ha ido especializando en los estilos más vanguardistas. Allí podemos asistir a numerosos eventos de diversa índole, por lo que hay que informarse bien antes de ir si no queremos llevarnos una sorpresa. A nosotros nos tocó una fiesta principalmente de electro que, aunque no nos gustó demasiado, nos permitió conocer y disfrutar de esta gran discoteca. Los djs que pincharon esa noche fueron los residentes Arnold y Willem.

Paradiso cuenta con dos salas, una enorme nave principal abovedada de unos treinta metros de altura con varios niveles, donde pasamos todo el rato, y una second room de menores dimensiones. La escenografía es espectacular, respetando la esencia de la vieja iglesia con sus vidrieras y balaustradas añadiéndole un toque “grounge” con mucho colorido y decoración ochentera. El ambiente que respiramos resultó bastante disparatado y divertido, había gente de todo tipo y de todas las razas.

A finales de octubre de 2012, me volví a desplazar al país de los tulipanes para vivir el mayor evento clubbing a nivel europeo al que uno puede asistir: Amsterdam Dance Event (ADE). Consta de cinco días, de miércoles a domingo, en los que toda la ciudad se viste de gala para recibir a los mejores artistas del mundo en todas las vertientes. Todos los clubes de Amsterdam ofrecen una completa programación por días (y noches), y algunos de ellos organizan otro tipo de actividades como conferencias, demostraciones o concursos de djs. Así pues, la capital holandesa se convierte esa semana en el epicentro mundial del sonido electrónico. Cita obligada para los que amamos todo esto.

STUDIO 80

Nuestra primera parada fue Studio 80, en pleno corazón del centro de Amsterdam. Una monumental y siniestra puerta negra guarda su interior. Nos esperaba todo un showcase de CLR (Create, Learn and Realice) con varios de sus mejores exponentes. Una auténtica bomba para comenzar el festival. Tuvimos que entrar bastante temprano, ya que la fiesta empezaba pronto y habría artistas de enorme calidad desde el primer minuto, hecho que sucede en prácticamente todas las programaciones del ADE.

Sin duda fue el club más undergound que visitamos, y también el más pequeño, con capacidad para unas 600 personas repartidas en dos salas. Su aspecto es oscuro y minimalista, el verdadero protagonista de la sala es el propio sonido: cristalino, potente y perfectamente repartido por todo el espacio. Uno de los mejores sitios para escuchar música electrónica en los que he estado. Nunca olvidaré esos monitores de cabina colgados del techo por cadenas a la altura exacta de los tímpanos del artista.

Esa noche descubrí que el sello discográfico CLR aglutina todo lo que mis oídos le exigen al techno: contundencia, grooving, oscuridad, y unas dosis de futurismo. Vimos, por este orden: Monoloc, Terence Fixmer, Black Asteroid (increíble), Tommy Four Seven, Brian Sanhaji (bestial) y Chris Liebing. Recuerdo que precisamente este último, el propio capo del colectivo, fue el que menos me gustó esa noche. Creo que con eso lo digo todo.

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DE BALIE

Sin tiempo para digerir el “primer round”, tras unas horas de descanso nos desplazamos hasta De Balie, un espacio multiusos que alberga un restaurante, cafetería con terraza y salas de conferencias y exposiciones, pero cuando cae la noche se convierte en club (en Amsterdam todo es posible). Se trata de otro edificio colonial de finales del siglo XIX, un antiguo palacio de justicia, de morfología similar al monasterio que contiene Paradiso. De hecho, ambas discotecas se encuentran muy próximas entre sí.

Sus dimensiones son ligeramente mayores al Studio 80, con una capacidad para 700 asistentes, pero comparte el mismo aspecto austero donde la ornamentación brilla por su ausencia. Sin embargo, De Balie parece un tanto más alegre y colorido debido a una iluminación más profusa y al color blanco predominante en techos y pareces. El club contiene tres salas diferenciadas que le posibilita desarrollar un programa más amplio y versátil.

El menú del día también resultó muy apetitoso: los hermanos Zenker (Marco y Dario), Alexi Delano, Agaric, Camea, Exercise One, Cesare vs Disorder… y algunos más que no recuerdo. Techno alemán profundo e hipnótico, al más puro estilo Harry Klein (Munich). Muchos de ellos pincharon en formato live. El resultado fue otra noche maravillosa en la que pudimos volver a degustar el sonido más avanzado y visionario del momento.

MELKWEG (capítulo I)

Efectivamente, pasamos más de una noche en Melkweg. Se trata de uno de los centros culturales más importantes de Holanda. Bajo su techo podemos encontrar distintas representaciones de las cinco disciplinas artísticas: música-danza, teatro, cine, fotografía y exposiciones de arte. Este edificio con aspecto de mercado neerlandés, cuenta con dos plantas de altura. El evento se desarrolló en planta baja, mientras que la planta alta permaneció cerrada, la cual alberga un pequeño cine con 90 asientos, un teatro de dimensiones similares y un tearoom (espacio de encuentro y comunicación).

El cartel que nos ofrecía Melweg aquel viernes de ADE era de auténtico infarto: Derrick May, Dave Clarke, Len Faki, Joseph Capriati, Darko Esser, Estroe, Andrew Weatherall y Daniel Miller. Un fantástico line-up que se repartió entre las dos salas que componen la planta baja: el Old Hall, con aforo para 1500 personas, y The Max, un gran espacio diáfano multidisciplinar con capacidad para otros 1000 asistentes. Además, una galería de exposiciones fotográficas y un café-restaurante permanecieron abiertos durante el trascurso de la jornada. El evento organizado por el propio Dave Clarke resultó todo un éxito, no cabía ni un alfiler.

Como no podía ser de otra manera, todo esto se
tradujo en un increíble fiestón sin precedentes.
Sin duda, fue la que más gente agolpó en su
interior de todas las que fuimos, y por ello
también la más agobiante, aunque uno podía moverse y bailar sin problemas. El respeto hacia los demás y al espacio de baile de cada uno resultaba un alivio. Se notaba que los holandeses están más que acostumbrados a este tipo de celebraciones y que cada uno se posicionaba en la sala según sus hábitos. En el próximo capítulo de Melkweg, último de este artículo, entraré en más detalles…

Museumplein (bus terminal)

El sábado de ADE elegimos asistir a uno de los eventos más especiales de toda la programación del festival: el showcase de SCI+TEC en la estación de autobuses subterránea bajo la Museumplein (plaza de los museos), uno de los espacios públicos más emblemáticos de la ciudad en los que se ubican museos tan importantes como el Rijks, el Stedelijk o el museo de Van Gogh. Se suponía que íbamos a ver a los mejores artistas de dicho sello como Dubfire, Shaded, Carlos Lio, Gregor Tresher o Kaiserdisco, pero para nuestra desagradable sorpresa, nos cambiaron el line-up pocos días antes del arranque del ADE, sin previo aviso y sin posibilidad de cambiar nuestras entradas, aunque tampoco llegamos a contactar con los organizadores para ver qué solución nos podían ofrecer. El caso es que tampoco estuvo mal el cartel definitivo: Steve Lawler, M.A.N.D.Y., Deetron, Boris Werner, y algunos más que no consigo recordar.

El despliegue audiovisual preparado para la ocasión resultó realmente excepcional. Dispusieron varias pantallas gigantes de alta definición, proyecciones, cañones de humo, cabezas móviles y láseres de todos los tamaños y colores… lo más parecido a un festival que vivimos durante el viaje. Pese a las colosales dimensiones de la terminal, presentó en todo momento un aspecto de llenazo y un ambiente bailongo y amigable. Pasamos casi todo el rato subidos a una plataforma central elevada unos centímetros sobre el resto del dancefloor, pues era el área donde mejor se podía escuchar la música.

Sin embargo, ya sea por el estilo musical, que no encajaba demasiado con nuestros gustos, o bien por el cansancio acumulado tras varios días de batalla, terminó siendo la fiesta que menos disfrutamos. Tampoco tuvimos demasiado tiempo para descansar, ya que este evento se desarrolló durante el día y finalizaba sobre las doce de la noche. Poco antes de que Steve Lawler cerrara, decidimos volver al hostal y coger fuerzas para afrontar la última etapa de nuestra aventura en uno de los after oficiales del festival. Probablemente, el cartel más potente en toda la programación de esta edición del ADE. Cojan aliento…

MELKWEG (capítulo II)

Tras unas horas de sueño intranquilo, volvimos a la carga. Y digo intranquilo porque éramos conscientes de que aún nos faltaba por disfrutar el evento más esperado del fin de semana, organizado por el colectivo holandés Electric Deluxe. El emplazamiento elegido volvió a ser la vieja fábrica de leche, Melkweg (esa es la traducción literal), y es que en otros tiempos, este centro cultural fue una factoría láctea a nivel nacional. Su ubicación es cercana a otros célebres clubes como Hard Rock, Sugar Factory, Chicago Club, o los ya mencionados Paradiso y De Balie. Se trata de la zona de Amsterdam más lúdica y con más vida nocturna.

El line-up completo fue anunciado durante la misma semana, y finalmente fue compuesto por

Adam Beyer, Ben Sims, Chris Liebing, Speedy J, Gary Beck, James Ruskin, Anton Pieëte, Bart Skils y Terence Fixmer. Una gozada. De nuevo, los artistas se repartieron entre las dos salas disponibles, el Old Hall y The Max. Un verdadero quebradero de cabeza organizarse con los horarios para disfrutar de la mayoría de ellos. Ninguno se arrugó y todos completaron unas excelentes actuaciones, por lo que pusimos el broche de oro a la 17a edición del ADE.

Todo lo que acabo de contar sobre este festival (o mejor llamarlo gran congregación internacional) no representa más que una minúscula parte de su extensa programación de cinco días. Más de 2000 pinchadiscos y cerca de 100 clubes componen cada edición del ADE. Ninguna de las salas que visitamos nos defraudó. Todas tienen como denominador común el extraordinario tratamiento del sonido y el buen rollo entre el público. No se puede pedir más. Sin lugar a dudas, una experiencia que nunca olvidaré y que recomiendo encarecidamente.

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