Hace ya cuatro meses y medio que aterricé en Rotterdam, una de las ciudades más vanguardistas y cosmopolitas de Europa. Uno de los principales motivos que me empujaron hacia estos confines, fue el gran estado de forma en el que se encuentran actualmente los Países Bajos, en materia de música electrónica. Y no sólo hablo de cantidad, sino también de calidad. Por aquí, cualquier sala que se precie a ofrecernos una noche de techno, cuenta con un buen sound system y una pista de baile agradable y bien equipada. Desde mi llegada en enero, he podido comprobar que los rumores son ciertos, pudiendo disfrutar cada fin de semana de una cultura de club envidiable, aunque allá por el 2012 ya tuve mis primeros contactos con el clubbing holandés gracias al Amsterdam Dance Event (ADE).

Aquí en Rotterdam, la segunda localidad del país más interesante en cuanto a oferta musical, disponemos de varias opciones para asistir a un evento electrónico: Toffler, Annabel, BAR, Bird, S.U.R., Worm… todas ellas son salas competentes, cada una de ellas con sus peculiaridades y sus puntos fuertes, y con una apuesta distinta en cuanto a programación, cada cual tiene sus estilos preferentes. Si lo que buscamos es música verdaderamente underground, las joyas de la corona son Transport y Factory 010. De la primera ya os hablé hace pocos meses. Hoy toca hablar de Maassilo, y lo que ocurre dentro de sus grises paredes.

Strobe en Factory 010

 

 

Como ya os avancé hace unas semanas en la previa de este evento, Maassilo es un enorme edificio de carácter industrial que cuenta con diez plantas de altura. En algunas de ellas, podemos encontrar grandes fiestas de diversa índole, incluso conciertos y festivales. No obstante, la que más nos interesa es la upper floor, décima y última planta del gran warehouse a orillas del río Maas, denominada Factory 010. Muchos clubbers la denominan el “Berghain de Rotterdam”, ya que por dimensiones, prestaciones y repercusión local, no tiene mucho que envidiar al legendario club berlinés. Oscuridad, hormigón y pilares tubulares inclinados de acero son los elementos que caracterizan la main room, la cual tiene una capacidad para 3000 asistentes.

Los promotores de Strobe, colectivo organizador del festejo que nos ocupa, tenían muy claro el lugar de emplazamiento. Para esta ocasión, no sólo ocuparon la sala principal, sino que también dispusieron un segundo escenario en uno de los espacios auxiliares del Factory 010, aunque nosotros apenas lo pisamos, ya que la mejor parte del line-up se desarrolló en la main, como no podía ser de otra manera. No entraremos a valorar los artistas que pasaron por la sala secundaria, aunque no quiero continuar sin al menos mencionarlos: Nontheabove, Maikoo, Forkowski y Lenson, quienes representaron las vertientes más hard y frenéticas del techno.

Strobe en Factory 010

Cerca de las tres de la mañana, conseguimos acceder al recinto tras refrescar nuestras gargantas en casa, horas antes de la apertura. Ya en la main room, pudimos presenciar los últimos coletazos del set del francés Charles Fenckler, a quien veíamos a duras penas, ya que se ocultaba tras la gran cantidad de aparatos que ya dispuso sobre la mesa el siguiente artista en actuar. Nos referimos a Head Front Panel, quien venía dispuesto a explotar todo su arsenal de máquinas analógicas para desplegar el único live de la noche. Techno industrial con reminiscencias de Detroit, repleto de modulares y sintes ácidos. Excelente directo para arrancar motores, aunque en el que verdaderamente nos puso en órbita fue Mike Dearborn, quien nos castigó a todos con su bombo demoledor, que sin embargo no apareció hasta mediados de su actuación. El de Chicago tardó en despegar, pero cuando lo hizo, le produjo a más de uno un auténtico roto en las extremidades inferiores.

Acto seguido, daría lugar otro de los platos fuertes de la noche, el back to back entre los veteranos Rumenige y Loktibrada, quienes supieron dar continuidad al ritmo y la contundencia ofrecida por su predecesor. Los eslovacos consiguieron que nos siguiéramos dejando buena parte de la suela de nuestras zapatillas en el pavimento de hormigón. Un versus que quedará para la historia de Factory 010, y que sin duda representó a la perfección el concepto de techno que los chicos de Strobe pretenden revelar en sus fiestas. Para terminar, el dúo local Patriarch Conflicts, compuesto por Justin Patti y Rachid Prins, desarrolló un closing espectacular, con los chuchillos entre los dientes. Más leña al mono, y por lo tanto, más punición para nuestros maltrechos tobillos. Magnífica actuación de los holandeses, buques insignia del colectivo y residentes de todos sus eventos.

Strobe en Factory 010

Desde Grow Sound, nos sentimos muy orgullosos de que este tipo de fiestas también cuenten con un importante peso específico dentro de la escena de Rotterdam, pues no es ningún secreto que los holandeses, en general, son más dados a otros géneros más blandos como el house o el minimal. Gracias al trabajo de sellos como Strobe, también podemos disfrutar de suculentos eventos underground, como éste que os acabo de relatar. Seguiremos muy de cerca las próximas fechas. Agradecemos enormemente las facilidades y el buen trato recibido por parte de la organización, en especial de Justin Patti, todo un crack del sonido techno. ¡A seguir así!

Autor: Pablo Ortega

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