Mucho ha llovido desde nuestra excursión a Hai in den Mai (ver reportaje), un festival de psy-trance que nos maravilló por muchas razones: musicón, decoración, montaje, escenografía… pero sobre todo, el buen rollo que respiramos en aquellos parajes boscosos del norte de Alemania. Pues bien, de la mano de los mismos organizadores, los chicos de Waldfrieden, hoy les traemos la review del Wonderland, un evento cuya carta de presentación tiene exactamente los mismos ingredientes que su homólogo. De hecho, la localización es la misma, así como la distribución de escenarios y del resto de servicios; una zonificación muy cómoda y efectiva que facilita pasar un fin de semana agradable, allá por el término municipal de Lëmforde. Todo queda muy a mano, y pese a acampar en uno de los puntos más lejanos del recinto, no había demasiada distancia que recorrer.

La expedición partió desde Amsterdam en tren, directos hascia Ösnabruck, una de las primeras localidades germanas importantes que nos encontramos tras cruzar las fronteras. Trasbordo entre vehículos y recogida de autobuses lanzaderas gratuitos, bien aprovechados, colmatados hasta no caber ni un alfiler. Casi media hora de trayecto que te deja a las puertas de “el país de las maravillas”, una denominación más que merecida, a juzgar por el tinglado que se monta. El envite se extiende desde el jueves 22 de agosto hasta el domingo 25, aunque por cuestiones laborales, no pudimos llegar antes del viernes por la tarde, a tiempo para instalar nuestras tiendas a plena luz del día, bajo un sol que se hizo notar durante toda la estancia.

Wonderland Festival

El complejo cuenta con puntos de agua potable por doquier, aunque echamos de menos más duchas, únicamente situadas en la denominada “calle del agua”, y en escaso número, por lo que siempre había que esperar una cola considerable, a menos que te asees de noche. Las calientes costaban dos euros, aunque también había que esperar lo suyo. El reparto de stages era idéntico al Hai in den Mai: Main Floor, donde los principales headliners harían su trabajo; Hill Top, sobre una colina, con protagonismo para los sonidos más oscuros y underground; Backyard, el alternativo, principalmente techno, minimal y derivados; y por último el Club indoor, a veces con dos pistas funcionando, refugio para los más clubbers. Por su parte, el chill out quedaba fuera del recinto, junto al healing área, un buen sitio para descansar a bajos bpms.

VIERNES

Si algo nos sorprendió gratamente en Hai in den Mai, sin duda fue el soundsystem del Hill Top, donde unos estruendosos subgraves se colocaron bajo una plataforma que también servía para bailar sobre cota elevada. Esta vez, los montadores le dieron la vuelta al escenario, de manera que, sobre esa plataforma, situaron la cabina y la mayor parte de la ornamentación, aprovechando partes de ella como cubículos para sentarse. Al otro lado, se levantó un pequeño graderío de madera, material predominante en todos los rincones, aunque desgraciadamente la acústica no resultó tan nítida como aquella vez. No obstante, se volvió a erigir como nuestra área favorita, gracias a pinchadiscos como Filt, el primero que vimos desfilar. El danés no dio tregua alguna a los que decidieron pasar allí el atardecer.

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A continuación, comenzaría el showcase de Pavarti Records, esto es, psy-trance nocturno y aguerrido, directo a la yugular. Dos miembros del famoso colectivo tendrían la función en sus manos; primero Onkel Dunkel, y seguidamente Jahbo. Este segundo estuvo bastante mejor, presentando un discurso más sólido y entretenido, mezclando por acierto y plasticidad. El también danés despachó su live primero, para luego pasar a la acción con los platos. Entre medias, los dos compatriotas unieron sus fuerzas para desplegar su directo conjunto en exclusiva: Audiofools, una unión que, a buen seguro, dará mucho que hablar, pues ambos son unos genios de la producción y conocen de primera mano lo que el público exige. Acto seguido, Salamandra terminaría por echarnos del dancefloor con su psycore de altas revoluciones.

El timing de nuestra primera visita (con intención de quedarnos) en el main stage fue perfecto, ya que nos topamos con el desfile de miembros del sello Bom Shanka, propiedad del legendario Parasense, por lo que se podía esperar un tramo final de noche de emociones fuertes. El carismático Aardvaark se encontraba a los mandos de la nave, soltando una bomba tras otra del mejor twilight. Tras el de Bristol, el francés Illegal Machines aumentó, más si cabe, la contundencia de su predecesor, aunque algo más limitado en recursos y variedad. Tras él, Kryptone daba continuidad al hilo musical, pero nuestros cuerpos ya no daban mucho más de sí y decidimos descansar un poco antes de que el solano comenzara a castigar.

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SÁBADO

No tardamos en hacer acto de presencia en la pista principal, donde apenas pudimos degustar los últimos coletazos de Netrin, quien sería la segunda vez que tocara, tras haberlo hecho en el Hill Top durante la jornada anterior. Para nuestra alegría, tendríamos por delante unos cuantos artistas de corte psy-prog que ver, el estilo que más nos pone últimamente. Sin embargo, los actos de Zeamoon, y luego de Sonic Tickle, terminaron siendo una decepción. El primero, representante de Zenon Records, cuyo booking de productores no deja de revolucionar la escena trance desde sus inicios, hace casi una década, no terminó de conectar con el respetable. Sonic Tickle no es más que la fusión entre Zeamon y Janosch Wolf, quienes han sacado muchas reseñas para diferentes disqueras. Con todo, tampoco tuvimos especial feeling con este back to back.

El hamburgués Fabio Fusto cogió las riendas para darle un giro al asunto, pero hacia una dirección que tampoco nos interesaba. Demasiado mainstream. No desesperen, empezaba lo bueno… hasta diría que lo mejor del festejo. Ecléctico como pocos, el gran Brojanowski nunca dejará de sorprendernos, ya nos ponga minimal o zenonesque. Esta vez, tiró por lo segundo, poniendo patas arriba la carpa del Hill Top, atreviéndose a sacar lo más pistero de su repertorio para abrir dicho stage tras una de sus pausas. Tras el italiano, turno para otro de nuestros favoritos: Melt. El de Uroboros lo volvió a hacer. Progresivo de bombos pesados y basslines arrolladoras, dos horas de calidad musical en transición ascendente, sutil y gradual. Muy firme en su arenga, sin llegar a aburrir lo más mínimo.

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Sin tiempo de asimilación, los inimitables Itchy & Scratchy, también hicieron lo propio, pasando su escoba por la arena del floor, a base de psy en progresión, incisivo, pero además envolvente, empezando a teñir de oscuridad el panorama. Tras cerrar, pudimos ver al dúo de galos disfrutando del festival como unos más, y es que un acontecimiento como el Wonderland, permite que muchos artistas puedan relajarse y mezclarse con el respetable, sin sentirse acosados. Ya entrada la penumbra, cabría destacar la actuación de Electric Universe, a quien ya vimos en su paso por Ozora (ver crónica), todo un despliegue del psychedelic más futurista y espacial, con muchos cambios de ritmo y subidas de vértigo.


DOMINGO

Tras un breve parón para nutrirnos y estirarnos, sobre las 4 de la mañana volvimos a la carga, motivados por las sesiones con aroma Looney Moon, una de las mejores discográficas de corte sombrío, primeramente con Axial Tilt, y posteriormente con Nektarios, ambos de perfiles similares. Tambores de guerra para la última cerrazón, psy-night serio y groovero que nos hizo bailar como locos. Pese a la llegada del crepúsculo, la italiana Jazzmine aumentó un poco más el compás, pero ya puestos, decidimos subir al Hill Top para dejarnos pervertir por el high-tech más frenético y virulento, servido por Acid Combo y Evil Monkey, quienes daban cierre a este escenario, justo antes de su último break.

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En total contrapunto a lo anterior, las cadencias mañaneras de Perkins y Alomtas nos sirvieron para desconectar un poco de la música mental y así sociabilizar más, aunque pronto volveríamos a enturbiar nuestros cerebros gracias a Nyctophilia, quien nos hizo hasta investigar el significado de tan sugerente pseudónimo: “preferencia anormal de la noche al día”… ¡grande! Volvíamos a los fangosos terrenos del dark-prog, muy alineado con Zenon, hasta el punto de sonar el archiconocido “Galaxians” de Sensient. El broche de oro, antes de tener que partir, irremediablemente, de vuelta a nuestras vidas profesionales, lo pusimos con Raoul, uno de la casa. Decimos esto porque nunca falta a su cita con cualquier evento Waldfrieden. El berlinés, exponente de Occulta y Blue Hour, nos formuló una banda sonora bien urdida, desde progressive hasta psy-trance más tétrico y percusivo.

La fiesta seguiría hasta los primeros rayos de sol del lunes, sobre todo en el Club, donde siempre termina alargándose la cosa. El sistema de retorno de botellines vacíos nos economizó bastante la aventura. Aunque los precios sean propios de festival, pueden esperar ricas cervezas alemanas, además de una amplia variedad de bebidas, y deliciosos puestos de comida junto a las carpas, muchos de ellos veganos. Si les gusta la cultura y la música psy, deben plantearse el peregrinaje a estas tierras, ya que tanto este, como Hai in den Mai, les aseguran una experiencia intensa e inolvidable. De nuevo, tenemos que dar las gracias a Mo por volvernos a abrir las puertas. ¡Ni que decir tiene que repetiremos!

Autor: Pablo Ortega