A las puertas del verano, se nos presentó la oportunidad de acudir a uno de los macro-eventos más potentes del continente europeo. Nos referimos a Weather, uno de los favoritos de los amantes de la electrónica por muchos motivos, que iré desvelando a lo largo de esta extensa pero reveladora crónica. Está claro que no nos íbamos a perder la oportunidad de asistir a este gran festival parisino, del cual os llevamos informando varios meses porque sabíamos que aquí habría mucha tela que cortar. Sus promotores presumen de la duración del mismo, y no es para menos, ya que su extenso y variado programa se desarrolla durante tres largos días en los que apenas nos dan un respiro entre jornada y jornada: 3, 4 y 5 de junio, de viernes a domingo.

Para esta edición, el emplazamiento volvía a ser el Parque de Exposiciones de Le Bourget, junto al aeropuerto del mismo nombre, cerca del famoso estadio de fútbol Saint Denis. Se trata de un recinto de dimensiones colosales con diversos tipos de espacios diáfanos, tanto interiores como exteriores. De este modo, se dispusieron dos grandes escenarios open air, Primavera y Verano, principalmente destinados a los sonidos más frescos, y otros dos indoor, Otoño e Invierno, que albergarían las actuaciones de corte más serio y underground. Sin embargo, estos no serían los únicos stages instalados, ya que entre ellos podíamos encontrar carpas más pequeñas como el Camión Bazar o el escenario Light it up!, donde los artistas menos conocidos tendrían su oportunidad.

VIERNES

Mi llegada al complejo se produjo bastante tarde, pasada la medianoche, ya que tuve que afrontar un largo viaje en autobús de más de siete horas hasta la capital francesa desde Rotterdam, donde resido desde mediados de enero. Las primeras sensaciones fueron de inmensidad, ya que tuve que atravesar buena parte de París entre metros y autobuses, y además, tuve que rodear parte del gigantesco perímetro del palacio de exposiciones para dar con la zona de acampada. Una vez allí, montamos nuestra tienda rápidamente y pusimos rumbo al recinto del festival. El camping contaba con un número más que suficiente de duchas con agua caliente, servicios sanitarios y fuentes de agua potable, además de un pequeño bar-restaurante. El pavimento era de césped, estando bien vigilado por los miembros de seguridad, y constantemente aseado por el personal de limpieza.

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Una vez dentro de los pabellones, enseguida comprobamos que estábamos asistiendo a un evento de los grandes. La potencia de los soundsystems se hacía notar desde los aledaños. Para este primer día, tan sólo funcionaron los escenarios Primavera y Otoño, y otro par de entre los complementarios, lo cual aseguraba la variedad de ritmos. El primero que pisamos fue el Otoño, donde los recientemente casados Adam Beyer e Ida Engberg, capos del archiconocido sello Drumcode, se encontraban a los platos. El dúo sueco no tardó en saturar nuestros oídos con un discurso mucho más alegre y melódico a lo que el legendario colectivo nos tenía acostumbrados hace varios años, y es que hace ya bastante tiempo que los miembros de Drumcode cambiaron el techno de vanguardia por el circo.

Tampoco el stage Primavera nos arregló mucho la noche, ni primero con el back to back entre Seth Troxler y Los Martinez Brothers (Tuskegee), ni luego con el directo del alemán Henrik Schwarz. Eso sí, hay que destacar el excelente sonido de sendos escenarios, al igual que su impresionante escenografía. Infraestructuras de primer nivel para un festival que goza de muy buena salud, como así lo demostró la cantidad de público que acudió al mismo, sobre todo el sábado. Eran momentos en los que aprovechamos para recargar nuestras pulseras PayPal (sí, muy innovador el sistema) para poder adquirir consumiciones, bastante caras, por cierto (casi 5€ una cerveza pequeña, 15€ el litro). Estábamos en Francia y nuestros bolsillos bien que lo iban a notar. Por lo menos, cargar los dispositivos electrónicos como móviles, era un servicio gratuito que funcionaba fenomenal.

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Afortunadamente, las últimas cuatro horas del viernes, nos brindaron la ocasión de ver juntos, después de algún tiempo sin hacerlo, a dos de las leyendas vivas del techno, bajo el seudónimo de Collabs3000. ¿Les suena? Efectivamente, ni más ni menos que Chris Liebing y Speedy J uniendo sus virtudes en una misma sesión. El resultado no podía ser otro que una actuación escandalosa, de las mejores que se poduieron escuchar. La creatividad y el acierto con las herramientas digitales parecían no tener límites. El closing soñado para cualquier amante de los sonidos característicos de sellos tan importantes como CLR y Electric Deluxe.

SÁBADO

Tras unas horas de descanso merecido, volvimos a dirigirnos hacia el Parque de Exposiciones para afrontar la jornada más intensa. Teníamos por delante más de 20 horas de música ininterrumpida, aunque para nuestra desagradable sorpresa, algunos escenarios comenzarían a funcionar más tarde de lo esperado por problemas acústicos, lo que provocó bastantes cambios en los horarios. Sin embargo, estos contratiempos no nos trastocaron demasiado los planes, ya que finalmente pudimos ver todo lo que teníamos previsto.

A la primera que vimos fue a Margaret Dygas, en el open air Primavera, y con ella la primera sorpresa positiva del día, ya que la germana nos amenizó la entrada al festival con ritmos serios y atrevidos, propios del minimal berlinés de principios de siglo. Poco más tarde acudimos nuevamente a las penumbras del escenario Otoño, aunque esta vez sería el parisino Djebali, uno de los habituales por la cabina del Rex Club, el que traería algo de luz a dicha sala con su tech-house. Sin embargo, no era a él a quien vinimos a ver por aquí, sino al excéntrico NSDOS. El francés nos compuso un live incatalogable, tan extraño como rompedor. Una propuesta realmente interesante, de las que abren caminos a nuevos estilos.

 

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Acto seguido, se dispuso a pinchar una de mis favoritas, la también alemana tINI. Lamentablemente, la alumna aventajada de Desolat realizó un set decepcionante. Eligió el formato de plástico, lo cual siempre se agradece, pero no acertó con la selección musical. Parecía estar probando sus vinilos, sin más. Como no llegó a engancharnos, nos dirigimos al otro stage indoor para disfrutar del techno de Schlømo, otra de las revelaciones del festival, como también lo fue el nipón DJ Nobu, quien puso a prueba nuestras caderas en una de las sesiones más frenéticas y aguerridas del día. Weather te brinda la oportunidad de descubrir nuevos artistas emergentes, y eso es precisamente lo que buscamos.

Sin duda, la actuación menos convencional fue la de Venetian Snares, un tipo extravagante que nos dejó hipnotizados con su directo experimental de máquinas analógicas. No apto para mentes débiles. El canadiense casi se quedó sólo en el Invierno. Tampoco nosotros aguantamos el test psicológico al que nos sometió y cambiamos radicalmente de palo. De vuelta al Otoño, los chicos de Apollonia nos dieron un soplo de aire fresco a nuestros oídos con una buena selección de house. No obstante, nuestra paciencia con estos géneros es limitada. La noche empezaba a caer y el cuerpo nos pedía algo más…

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Nuevamente en el escenario Invierno, alcanzamos a ver el cierre de los americanos Ron Morelli y Low Jack, quienes a buen seguro dieron mucha guerra durante su acto. Vinimos a escuchar el live de Polar Inertia, un joven productor que está cambiando el concepto del techno más misterioso y recóndito, llevándolo desde lo experimental hasta la pista de baile. El resultado de su trabajo en estudio es asombroso. El francés te lleva con sus atmósferas hacia terrenos glaciales, envolviéndote con una línea de graves amplia y profunda. Te hace sentir su manera de entender la música, pero también te hace bailar como un condenado. Increíble.

Nos acercábamos a las tres de la mañana cuando volvimos a pisar el dancefloor del Otoño, donde nos recibió la encantadora Magda. Nunca está de más ver a la de M-nus, aunque sólo sea un rato, como hicimos nosotros. Como siempre, exquisito repertorio del mejor minimal, ejecutado con gran destreza. Acto seguido, el legendario DJ Sneak nos echó rápidamente de la pista con sus melodías comerciales. Muy fuera de lugar, y también de época. Mientras tanto, en el stage Invierno, los míticos residentes del Berghain, primero Marcel Dettmann y luego Ben Klock, lucirían sus vinilos, a golpes de bombos y platillos. Sin embargo, son tantas las veces que los hemos visto, y más aun las que leemos sus nombres en los incontables line-ups en los que aparecen, que nos empiezan a resultar incluso cansinos. Es por ello por lo que decidimos salir al exterior para ver a unos viejos conocidos…

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Nos referimos a los polifacéticos Raresh, Rhadoo y Petre Inspirescu, quienes unirían sus manos para desarrollar una de las actuaciones más extensas del festival, denominada como su propio sello: RPR Soundsystem. Los rumanos nos ofrecieron un espectro musical oscuro y minimalista, de esos que hay que escuchar en grandes equipos para sacarle todo su jugo. Tras un buen rato con ellos, volvimos al Invierno para presenciar el directo de Antigone, otro francés que está llevando el sonido techno hasta territorios poco explorados. Un viaje cósmico en constante transformación, alterado por modulaciones y sintes, con buenas dosis de contundencia. Otro regalo para los oídos.

No obstante, todavía nos quedaba por disfrutar de otro de los grandes genios que se dieron cita en Weather: el doctor Donato Dozzy. No creo que patine mucho si lo considero como el DJ de techno más en forma del momento, tanto a nivel de producción como de mezclador. Su sesión fue sencillamente perfecta. Lo tenía todo: ritmo, potencia, factor sorpresa, psicodelia… Todo un maestro al que recomiendo que escuchen en cuanto se les presente la ocasión. Para el closing, la mejor opción fue el británico Scuba, aunque después de lo visto anteriormente, quedó a años luz de sus predecesores.

DOMINGO

Llegados a este punto, pensarán que ya deberíamos haber tenido más que suficiente. Y así era, pero aun nos quedaban por ver varios headliners a los que no podíamos rechazar. Así pues, le pusimos ganas y volvimos a la carga sobre las cuatro de la tarde. En el escenario Verano, Marco Shuttle se encargaba de poner banda sonora a una bonita tarde soleada, ante escaso pero agradecido público. Techno atmosférico y envolvente, bajo en bpms, ideal para arrancar motores. François X continuó la línea impuesta por el angloitaliano, pero no tardamos en abandonarlo, pues en el stage interior del Invierno sabíamos que se estaba cociendo algo imperdible.

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En primer lugar, el joven UVB, otra joya en ascenso meteórico del techno francés, ejecutó un vigoroso set, directo a la yugular, presentando así sus credenciales. Tras él, emergió la figura de Blawan, uno de los máximos exponentes del sonido Birminghan en la actualidad, es decir, techno lúgubre e industrial. El inglés dejó su impronta desde los primeros compases, castigando sin piedad nuestros maltrechos tobillos, vinilo tras vinilo. Poco antes de su conclusión, acudimos puntuales a nuestra cita con Zadig en el open air del Verano, otro artistazo de obligado conocimiento. Y es que tras ese aspecto de ermitaño autóctono, en realidad se esconde otra mente privilegiada, como así lo demostró durante su fabuloso live de minimal-techno, designado como “Kern Space Adventures”. Bestial, seriamente divertido.

De vuelta al interior de los pabellones, nos disponíamos a cerrar el festival con dos de los platos fuertes. Primero con Len Faki, con el que volvieron los bombos pesados y la rudeza del techno más seco y demoledor. El líder de Figure se marcó toda una masterclass, aunque se fue diluyendo un poco hacia el final, quizás por la excesiva duración de su set. Aprovechamos esos momentos para visitar al omnipresente Richie Hawtin, a quien se le notó con ganas, muy juguetón con sus aparatos, aunque quizás algo cansado tras un largo fin de semana (apuesto a que sería su tercera o cuarta sesión), pues naufragó en varias ocasiones, saliendo al paso entre loops y filtros de efectos. Como no podía ser de otra manera, el canadiense se despidió con su célebre “Spastik”, haciendo enloquecer a toda la sala, donde no cabía ni un alfiler.

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Todo esto fue lo que dio de sí esta cuarta edición de Weather, dejando atrás más de 70 actuaciones, una programación de casi 50 horas de música y una asistencia de varias decenas de miles de oyentes. Sin lugar a dudas, se consolida entre los mejores festivales del continente europeo. Además de todo lo comentado, cabe destacar el buen ambiente que se respira en cada uno de sus escenarios, así como el amplio rango musical que se puede disfrutar, desde el techno más experimental, hasta el house más convencional. Mis más sinceros agradecimientos a las personas que nos han facilitado estar aquí. Volveremos.

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