Justo un día antes de Nochebuena, fuimos invitados a uno de los festivales preinvernales más ostentosos y pintorescos del viejo continente. Nos referimos a Valhalla, cuya peculiar propuesta, bizarra y provocativa, destaca sobre otros eventos similares por estas fechas. Circus of Myths (el Circo de los Misterios), como así llamaron a esta edición, fue mucho más allá de una simple fiesta de electrónica en la que reparten un puñado de buenos artistas entre varios escenarios a gran escala. Además de eso, le escenografía fue cuidada y trabajada hasta el más ínfimo detalle, y su extensa programación también incluía actividades alternativas tales como teatros de variedades, actuaciones circenses, casa de los horrores, yincanas… todo ello bien secundado por actores y performances que llenaron de vida y realismo tal espectáculo, interactuando constantemente con el respetable.

Valhalla Festival

Como se podrán imaginar, el tapete sobre el que se dispuso esta especie de viaje al pasado, contaba con unas dimensiones considerables. Nada menos que el colosal edificio RAI de Amsterdam, ubicado hacia el sur de la ciudad, junto a la estación de igual denominación. Se trata de uno de los iconos de la capital de los Países Bajos, una de sus piezas arquitectónicas más modernas y estilosas, con capacidad suficiente para alojar la enorme muchedumbre que acudió a la efeméride. Pese al elevado precio de las entradas, cerca de 60€ en su última fase, se rozó el sold out. Buena parte del público se presentó con disfraces o maquillajes especiales para la ocasión, aportando aún más colorido y gracia al asunto.

El complejo contaba con un total de seis escenarios temáticos de gran tamaño, todos ellos muy bien dotados de sonido e iluminación, además de visuales, efectos ópticos, máquinas de humo, pirotecnia… tecnología punta al servicio del show. Cada uno de ellos representaba a una importante civilización antepasada: Atlantis, El Dorado, The Samurai, The Viking, The Maze y Vaudeville. Toda la decoración y miscelánea giraba en torno a aquellos imperios que siguen siendo recordados gracias al cine, al teatro, los libros… y ahora también a un evento de este calado. Valhalla denota calidad de imagen y amor por el arte en todos los sentidos, desde los diseños de sus flyers, posters y artworks en general, hasta el aspecto de sus empleados y cada rincón del recinto.

Valhalla Festival

Algo pasada la medianoche, conseguimos encontrar los accesos especiales para prensa, trabajados, artistas e invitados, sin prácticamente cola ni registro. Amablemente, nos facilitaron gratuitamente una taquilla para dejar nuestros abrigos. Sin lugar para la duda, nos dirigimos de cabeza al stage The Maze, a la postre el más grande y mejor equipado de todos, afortunadamente dedicado exclusivamente al techno. Aunque nos perdimos la “cara B” del roterdamés De Sluwe Bos, quien usa su pseudónimo Haeken para despachar un sonido más crudo y contundente del que acostumbra, sí que llegamos a tiempo para ver a una de las asesinas más buscadas, la imparable Paula Temple. Tengo que presentarla así porque la inglesa se ha convertido en una de las DJs más abrasivas y demoledoras en cabina, desde su reciente irrupción en la escena. Sesión de vértigo de las que producen agujetas, sin piedad ni medias tintas. Empezamos bien.

Acto seguido, turno para el back to back entre los holandeses ROD y Juan Sánchez, dos tipos que rara vez se ausentan de un cartel de estas características. Aunque ya conocíamos de sobra su propuesta, les dimos una nueva oportunidad. Sin embargo, como tantas otras veces, su puesta en escena no nos aportó nada nuevo. Techno maintream y facilón, de muchos efectos y subidas, demasiado lleno de sonidos, rollo Drumcode, cargado de temas que hemos escuchado hasta sin querer. No tardamos demasiado en desistir y aprovechar la coyuntura para ver otros escenarios. The Samurai, presidido por un gran templo oriental levantado sobre el backstage, ofrecía el live de Reinier Zonneveld, un mestizaje de ritmos deep y minimal, con pinceladas de electro.

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Siguiendo nuestra vuelta de reconocimiento por el RAI, el también neerlandés Anotr desplegada un house bastante dinámico y groovero, allá por El Dorado. La siguiente sala representaba la misteriosa Atlantis, especialmente llamativa por sus proyecciones, simulando cataratas y monstruos marinos. Desgraciadamente, la música más comercial daba lugar aquí, en la mitológica metrópolis perdida bajo los océanos. Tanto el closing de Mr. Belt y Wezol, como luego los inicios de The Him, fueron dignos de olvidar. Los que sí nos engatusaron un buen rato fueron Enzo Siraguza y Ferro, quienes sirvieron un buen repertorio de tech-house y dub, sobre todo el primero, quien se mostró mucho más incisivo y seguro en las mezclas que su homónimo, el cual no soltaba el cubata ni para ecualizar.

Hasta aquí las bromas. A las 4 de la mañana, la figura de Luke Slater, leyenda viva del techno, tomó los mandos de The Maze para presentar lo último de Plannetary Assault Systems. Parece que los años no pasan para el británico, cuyo atrevido y sofisticado directo nunca deja a nadie indiferente. Abducción inmediata a otra galaxia, llevándonos de un planeta a otro de forma tan especulativa como inesperada. Para que el viaje no decayera, el cierre fue cosa del veterano Speedy J. Se me acaban los apelativos para el capo de Electric Deluxe, capaz de sorprenderte en cada set, dure lo que dure, haga lo que haga… Techno de alta gama, de bombos pesados y hi hats punzantes. No se podía concluir la gala de mejor manera. Viejos rockeros nunca mueren.

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Todo esto fue lo que dio de sí esta Electronic Music Parade, como a sus propios creadores les gusta nombrar la cita. A toda la lista de bondades que he ido numerando, habría que añadir la amplia selección de estilos musicales, como habrán podido intuir, y el buen rollo que se respiraba en el ambiente. No es fácil llenar un festival de este calibre a las puertas de las Navidades, cuando casi todo el mundo tiene la cabeza perdida en regalos, reencuentros familiares y comidas de empresa. Valhalla lo ha conseguido, gracias a una propuesta diferente y arriesgada, pero muy bien desarrollada y surtida. Gracias a la organización por esta oportunidad de oro, en especial a Liv, por abrirnos las puertas de su mundo mágico.

Autor: Pablo Ortega