El verano llega a su ocaso, y con él toca el fin del circuito de festivales estivales en los Países Bajos. Para ponerle el broche de oro que se merecía tras un verano espectacular, decidimos acudir a Summerlake Outdoor, uno de los más punteros por estas fechas, caracterizado por la gran variedad de ritmos que se pueden escuchar en él. Así pues, el pasado sábado 17 de septiembre pusimos rumbo a Woerden, una localidad situada entre Gouda, famosa por sus quesos, y Utrecht, una de las ciudades más importantes del país. Sus organizadores pusieron toda la carne en el asador para que este 10º aniversario se convierta en una efemérides inolvidable para todos los que allí asistimos.

Summerlake Festival

Como tantas veces, nos encontramos con todo un “sold out” a las puertas, y es que la población holandesa siempre responde muy bien ante eventos de este tipo, y más si la predicción meteorológica augura un día soleado. Una vez más, la programación discurriría desde el mediodía hasta las once de la noche, permitiéndonos así coger uno de los últimos trenes de vuelta a Rotterdam, a la vez que aprovechamos al máximo las horas de sol.

Serían las tres y media de la tarde cuando conseguimos acceder al recinto, situado en el Stadspark Molenvliet, un gran parque metropolitano hacia las afueras del municipio. El nombre del festival, Summerlake, no era por casualidad, y es que un gran lago de orillas frondosas bañaba buena parte del perímetro. El marco paisajístico que nos envolvía era envidiable: un entorno natural repleto de árboles, una gran planicie de suelo verde y varios riachuelos que refrescaban el ambiente. No faltaron puestos de comida, puntos de agua, servicios sanitarios, áreas de descanso, lockers, merchandising… todo muy bien distribuido y señalizado. Lo cierto es que, en cuanto a montaje y organización, estuvieron de diez.

Summerlake Festival

Tras una vuelta de reconocimiento para situar sus cuatros escenarios, decidimos comenzar con el más afín a nuestros gustos musical, el denominado Click, una de las dos carpas cerradas a modo de espacio circense, es decir, una gran tienda de forma circular, cubierta por lonas de colores, muy bien dotada de instalaciones. Allí, nos dejamos llevar por los ritmos deep de Illesnoise, quien nos dio la bienvenida con su sonrisa imborrable. La hermosa neerlandesa dejó paso al carismático Stefano Richetta, más conocido como organizador que como pinchadiscos, cuyo repertorio no tardó en empalagarnos, por lo que decidimos chequear otras áreas en busca de algo más serio.

Hace muchos años que dejé de seguir la música trance (no confundir con “psy-trance”), pues como nos suele ocurrir a los que nos gusta esto, poco a poco te vas alejando de las melodías comerciales en busca de algo más profundo y auténtico. Es conocido por todos que Holanda es un país muy dado a este estilo (Tiësto, Armin van Buuren, Paul van Dyk, Ferry Corsten… todos ellos nacieron aquí). Pues bien, los promotores de Summerlake siempre disponen un espacio donde poder degustar estos ritmos. Nos referimos a Grotesque, otra carpa indoor de características similares a la primera. Fue allí donde volví a sentirme como un adolescente devorador de música electrónica, escuchando grandes clásicos como “Children”, “Greece”, “Luvstruck” o “Adagio for Strings”… ¡qué recuerdos!

Summerlake Festival

El primero en transportarnos al pasado fue UCast, quien hizo las veces de warm up para dar paso a artistas de mayor trayectoria, y luego Bryan Kearney, quien desplegó todo un arsenal de tracks tan míticos como los que acabo de nombrar, entre muchos otros. Gran trabajo del irlandés tras los platos, quien supo leer a la perfección a un público de edad media bastante avanzada. Tras él, James Dymond propuso un trance mucho más monótono y lineal, por lo que aprovechamos para volver al escenario Click y tomar un poco de aire.

La verdad es que no daba ni un duro por Olivier Weiter, aunque he de reconocer que el holandés consiguió que cambiara mi opinión sobre él tras unas cuantas mezclas. Buena selección de minimal y deep-house, bien ordenada y dosificada, aunque hacia el final de set se fue diluyendo un poco entre paradas interminables y composiciones demasiado desaboridas. De vuelta al área trancera, Ian Standerwick se reveló como otro de los descubrimientos de la jornada, gracias a su techno-trance de transiciones frenéticas y bombos potentes. El británico fue, con diferencia, el que más me obligó a despegar los pies del suelo en todo el festival.

Summerlake Festival

El legendario Mark Sherry, headliner de este género en la carpa Grotesque, no consiguió mantener la buena onda impuesta por su predecesor, por lo que decidimos cerrar el evento en el stage Click. Lo cierto es que Donatello no logró engatusarnos con su progressive-house melódico y repetitivo. Sin embargo, en cuanto el lituano le pasó el testigo a uno de los platos fuertes del festejo, la situación dio un giro de 180º. Hablamos de Secret Cinema, un artista que siempre me ha encantado, pero que me decepcionó enormemente en su paso por Transport Club, hacía tan sólo unos días. Afortunadamente, nada que ver con la sesión desafinada y vulgar que planteó en la famosa sala de Rotterdam. El holandés volvió a ser él mismo e hizo lo que mejor sabe hacer: espectro musical original, techno de calidad, mezclado con gran destreza y adornado por un buen catálogo de efectos… ¡así sí!

 

Todos los escenario cerraron puntualmente a las 22:45, momento en el que te podías acercar al main floor para disfrutar del show de visuales especial que tenían preparado para el closing de su 10ª edición, un espectáculo digno de visualización. Supongo que se habrán dado cuenta de que no les he contado nada acerca de los dos stages open air (First2Dance, del mismo nombre que el colectivo organizador, y Revolution). Esto es debido a que, prácticamente, apenas los pisé, ya que no me interesaba en absoluto su programa musical, mucho más convencional que los otros. Por el primero pasaron varios artistas de clara tendencia EDM, mientras que el segundo albergó actuaciones de corte HardStyle. No obstante, ambos contaban con excelentes dotaciones de luz y sonido, además de una escenografía espectacular, propia de Tomorrowland, salvando las distancias.

Summerlake Festival

Poco más que añadir. He de reconocer que me esperaba mucho menos de Summerlake, sobre todo en lo referente a lo musical. Cómo habrán sospechado, no se trataba, ni de lejos, del tipo de evento underground que me gusta cubrir por territorio holandés. No obstante, para tener una opinión sobre todo en este mundo, primero hay que probarlo, para más tarde valorarlo, partiendo de la experiencia vivida. Finalmente, ésta ha resultado ser superlativa, sobre todo gracias al extraordinario ambiente que se respiraba en todos sus escenarios. Ya sé que siempre termino destacando el buen rollo y la atmósfera de las fiestas de Holanda, pero aquí lo haré con mayúsculas. El hecho de que gran parte del público esté compuesto por veteranos de guerra, siempre mejora con creces este aspecto… ¡Larga vida a la música electrónica!

Autor: Pablo Ortega

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