La fecha marcada en rojo para el mes de Octubre en Industrial Copera era la noche de Suara, encabezada por su alma máter Coyu y acompañados por Architectural, Angel Molina y Junior haciendo las labores de residente. Lástima que el público general no pensara como el que escribe y el aspecto de la pista pareciera un poco desangelado, sin embargo, los artistas invitados tiraron de oficio y cumplieron sobresalientemente para gozo de los que allí nos encontrábamos.

La noche empezaba con algo de retraso, un concierto previo parece ser que fue la causa de que la apertura de puertas se retrasara casi una hora, tampoco esto mermaría nuestras ganas de ver por primera vez en Granada a Architectural, para los que anden perdidos se trata del alter ego de Reeko que sí ha visitado en numerosas ocasiones la sala granadina.

Poco pudimos ver del warm up de Junior, así que paso directamente al viaje de Architectural.

Un inicio de sesión bastante pausado, la primera parte de su set estuvo caracterizado por un minimalismo de pocos matices y un bombo muy marcado. Poco a poco las transiciones se fueron haciendo más largas adentrándose en un viaje cada vez más complejo, ese minimalismo fue desapareciendo paulatinamente y los matices se iban sumando conforme avanzaba la sesión. Sin aumentar la velocidad, la complejidad del sonido que manaba del soundsystem hizo que Architectural te fuera atrapando hasta que te hizo suyo completamente.

Terminado su set era el turno de Angel Molina y Coyu, un b2b cuanto menos curioso, que yo definiría como atemporal, en el que se mezcla por un lado la clásica figura de Molina y el soplo de aire fresco y moderno de  Coyu.


Algo que caracteriza a Angel Molina es su capacidad de leer la pista, quiso darle una vuelta de tuerca después del viaje más mental de Architectural.
Así, los catalanes se pusieron manos a la obra y decidieron ponerle el punto musculoso a la noche, con un Techno aguerrido, basado en una línea de bajos muy potente y acompañados la mayor parte del tiempo por unos hi hat en forma de cuchillos que convirtieron la pista en un auténtico matadero. Nadie paró un solo instante.

Un servidor decidió ponerle fin a la noche una hora antes del cierre, la carretera no perdona y siempre es buena noticia el poder volver a escribir una reseña. ¡Nos vemos en la siguiente!

 

Fotos: Archivo de Industrial Copera