Hoy les traigo una de esas crónicas que se salen un poco del guion y las propuestas que os solemos presentar en esta sección. Digo esto porque les voy a hablar de un pequeño festival de psy-trance que tuve la ocasión de disfrutar el fin de semana previo al solsticio de verano, es decir, el del 18 y 19 de junio. Hacía tiempo que no escribía unas líneas sobre este tipo de eventos, varios meses. Lo cierto es que, desde que vivo en Holanda, no he tenido muchas oportunidades de asistir a fiestas psy, y no ha sido por falta de ganas, sino porque la oferta musical de este género no es precisamente cuantiosa.

Sin duda, Amsterdam es la ciudad más prolífera en cuanto a la promoción de raves, eventos indoor y pequeños festivales como el que a continuación os voy a narrar. Se trata del Solstice, el más potente del año hasta estos momentos. Durante el verano se irán desarrollando algunos más, de entre los cuales quizás les iré comentando algo en futuros post, dependiendo de si puedo acudir a alguno (Psy-Fi es el más conocido, y el que más tengo en mente).

Solstice festival

Como cada edición, desde hace más de veinte años, Solstice tiene lugar en el diminuto poblado hippie de Ruigoord, situado en las afueras de Amsterdam, en dirección hacia el Puerto Oeste. Sus habitantes viven completamente ajenos al ajetreo diario de la capital, y aunque respetan las normas del país donde residen, representan una cultura totalmente alternativa, otra manera de sentir el mundo y de afrontar la vida, muy al estilo de los hipsters de los sesenta. Desde el primer momento, sentí una tremenda curiosidad por comprobar cómo este grupo de gente tan bohemia y creativa montaría tal festival, y más aún, tras varios lustros de experiencia a sus espaldas. Además, no sólo producen eventos goa-trance, sino que también hacen mercadillos, conciertos de folk y rock psicodélico, workshops… Pueden hacer clic aquí para echar un vistazo a su calendario de actividades.

Como viene siendo habitual por estas tierras, pude llegar al recinto en transporte público, concretamente en un autobús que salía directamente de la Estación Oeste de Amsterdam. Alrededor de la medianoche del sábado conseguí establecer mi campamento base en una zona bastante tranquila, cercana a los puestos de comida, ropa, accesorios y demás parafernalia hiposa, propios de este tipo de encuentros. La zona de acampada más grande me pareció ya demasiado colmatada y próxima al main stage. El ambiente que me encontré fue tan disparatado y teatral como me esperaba: gente disfrazada, malabares, fogatas, olores  a hierbas en combustión, pinturas flúor por doquier…

Solstice festival

Las lluvias sufridas durante los días previos produjeron que buena parte de la programación musical se dispusiera sobre un espacio completamente cubierto por lonas, a modo de gran tienda circense, de forma circular. Su interior se encontraba repleto de gente que bailaba al unísono las melodías psicodélicas nocturnas. Lo cierto es que en ningún momento me encontré a gusto dentro de ese escenario indoor. El calor no tardaba en hacerse notar, las corrientes de aire brillaban por su ausente. Esta falta de confort, unida a la gran aglomeración de público, me agobió tras varios minutos intentando encontrar mi sitio, por lo que decidí ir a descansar para aprovechar mejor el domingo, ya que desde las seis de la mañana, las actuaciones de los artistas se desarrollarían en el stage open air, sin duda, el más apropiado para el disfrute de una experiencia de este calado.

Serían las ocho de la mañana cuando el temblor del suelo me fue despertando poco a poco, hasta que casi sin darme cuenta, ya me encontraba bailando como el que más en medio del main stage. Así sí. Temperatura ideal, el sol dejándose ver entre las nubes cada vez más, y la señorita Kloud Nin9 marcándose un directo de dark-progressive espectacular. El escenario era precioso, cubierto por telas grisáceas de formas alabeadas, estiradas por decenas de tirantes conectados a columnas de madera. El entorno natural, verde y arbolado, completaba una escenografía perfecta. El sound system era demoledor, compuesto por varios módulos de Funktion-One, por lo que la presión de graves estaba asegurada.

Solstice festival

Tras la canadiense, sería el turno de uno de los headliners, nada menos que LuneCell, quien para esta ocasión nos trajo un set de progresivo bastante melódico, pero nada falto de garra ni de plasticidad. El estadounidense dejó paso a Ryanosaurus, otro de los live más esperados. El australiano nos puso en órbita con un progressive mucho más frenético y distintivo que el de su predecesor, demostrando haber conseguido un sonido propio y genuino. Acto seguido, a Patchbay tampoco le tembló el pulso con su directo de psychedelic. Pese a unos primeros minutos decepcionantes, el brasileño terminó metiéndose al público en el bolsillo con su carisma y su buen trabajo a los mandos de la nave.

Poco me esperaba del veterano Richard Hessels, más conocido como Riches, quien anunció que tiraría de repertorio old school. Sin embargo, el creador del proyecto Aerophobia no se fue demasiados años atrás en su selección musical y terminó deleitándonos con una portentosa sesión de techno-trance. Por fin le llegó la hora al cabeza de cartel, el emblemático Psysex, el cual nos bombardeó a temazos durante todo su live. El israelí se apoyó prácticamente en todos los estilos de psy que se conocen hasta el día de hoy, incluso me atrevería a decir que dejó pinceladas sobre nuevas líneas de trance, hasta ahora inexploradas. Sublime.

Solstice festival

La tarde se iba cerrando, y con ella aumentaba el valor de los bpms y el vigor de las actuaciones. De hecho, Ridden se atrevió con los primeros compases de full on de la jornada, es decir, ritmos vertiginosos y melodías intensas. El griego no dejó a títere con su cabeza, castigando sin piedad nuestros tobillos. La transalpina Jazzmine redujo un poco el tempo, pero también la calidad, lo cual era de esperar tras varios directos seguidos de excelente elaboración. De nuevo volvimos al formato live con Pantomiman, todo un personaje que nos dejó una de actuaciones más divertidas y polirrítmicas del día. De lejos, el que más se mereció la etiqueta de “música en vivo”. El ruso casi ni pestañeó mientras manipulaba sus incontables aparatos.

Por fin cayó la noche y la luna llena subió hasta lo más alto. Eran los momentos del forest, el estilo más candente y de moda entre los géneros nocturnos del psy-trance. Primero con el británico E.V.P., quien no me terminó de convencer, y mucho menos tras comprobar que es de los que le dan al “play” y dejan sonar su directo. Lamentablemente, algo cada vez más común en evento de esta categoría. El que sí se lo curró con mayúsculas fue nuestro compatriota Ludopsy, cuya inclusión en el line-up me motivó bastante para desplazarme hasta aquí. El madrileño presentaba su primer live, listo desde el pasado mes de enero. Aunque su extensa intro me dejó un poco descolocado, cuando empezaron a sonar sus bombos y su línea de graves ácida e hipnótica, lo cierto es que me hizo bailar como si se acaba el mundo. Le recordaré que me debe unos calzados nuevos.

Solstice festival

Otro de los platos fuertes de la jornada, el polifacético Braindrop hizo honor a su nombre artístico, llevándose unos pocos cerebros por delante durante su hora de live. El virtuoso productor hindú tiró de sus tracks más oscuros y contundentes, continuando con acierto los trazos que dejó Ludopsy tras su gran actuación. Con él, se cerró la programación propuesta para el escenario open air. Los que quisieron seguir de fiesta, pudieron continuarla dentro del viejo templo abandonado, a pocos metros del main floor. Yo, sin embargo, decidí poner fin a mi andadura por Ruigoord, volviendo a mi actual residencia en Rotterdam tras unas merecidas horas de sueño en mi tienda de campaña.

Ya iba siendo hora de encontrar una celebración trancera en condiciones por el país de los tulipanes, en un entorno apropiado, acotado por la propia naturaleza, y rodeado por gente maravillosa, gente que sabe pasárselo bien. Pese a que finalmente nadie pudo acompañarme al Solstice, en ningún momento tuve la sensación de estar sólo. Este tipo de emociones sólo pueden sentirse en eventos verdaderamente underground como este. Si les gustan las fiestas y la música electrónica, y todavía no han vivido una experiencia psy, les recomiendo encarecidamente que no tarden en probar. Nunca es demasiado tarde, ni demasiado pronto… ¡BOOOOOOM!

Autor: Pablo Ortega

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