“Rottedam is rave; Rotterdam is techno”. Con este lema tan rotundo, la promotora más prolífera de la ciudad donde nació el hardcore, en cuanto la producción de eventos techno masivos, volvía a ofrecernos una bacanal del mejor sonido de la Motown, y es que Rotterdam Rave nunca se anda con miramientos a la hora de desplegar todo su potencial en forma de infraestructuras colosales y line-ups de auténtico infarto. Son ya varias las ediciones que llevamos asistiendo a sus envites (ver), destacando las de 2016 (ver crónica) y 2018 (ver). Hoy les traemos su fiesta más esperada del año, el festival del mismo nombre del colectivo, cuya fecha de celebración fue el pasado sábado 17 de agosto.

Estamos hablando de la efeméride technoide más importante del año en Rotterdam, localidad en la que resido desde hace más de tres años y medio. Su carácter portuario e industrial la convierten en la ciudad ideal para una contienda de este calibre. De hecho, la organización deicidió trasladar el campo de batalla hacia el rincón de la misma que más enfatiza estos atributos, como es el RDM Grounds, y vaya si lo consiguieron. La nueva localización, aunque más alejada del centro, bien hacia el oeste, presentaba un aspecto marítimo y áspero a la vez, pues se trataba de los muelles de descarga de mercancías del sector sur, a orillas del río Maas.

Rotterdam Rave Festival

Dos de sus warehouse más grandes fueron ocupados y sobradamente equipados para la ocasión: los stage Machine y Control. Un tercer escenario open air, el Dock, completaba el puzzle, donde las cadencias más suaves serían su banda sonora, más acorde con la luz diurna y las espectaculares vistas al otro frente del río. Ni que decir tiene que el cartel de sold out fue colgado bastante tiempo atrás, y que la aglomeración de asistentes que nos encontramos no resultó ser, precisamente, uno de sus puntos fuertes. Eso sí, al complejo no le faltaba de nada: zonas de descanso, puestos de comida, barras, servicios sanitarios… todo ello bien distribuido sobre los amplios pasillos entre escenarios.

El primer dilema que se nos presentaba era si ver a Ben Klock o Paula Temple, dos artistas que ya hemos presenciado en innumerables ocasiones. Últimamente nos tira más la británica, por lo que nos adentramos en el Machine Room para librar nuestros primeros bailes al compás de la aguerrida pinchadiscos. Como tampoco le quedaba mucho tiempo de sesión, no entraremos a valorarla, aunque a juzgar por el ritmo que llevaba y las reacciones del público, debió haber estado bastante bien. A los que sí vimos de principio a fin fueron Ghost in the Machine, un dúo emergente de productores de techno industrial que está dando mucho que hablar por estos lares… y no es para menos, los holandeses pusieron la sala patas arriba, mostrándose incisivos y contundentes como pocos. Claro aroma a vieja escuela.

Rotterdam Rave Festival

Tras el vendaval de los fantasmas, Stranger cogió los mandos de la nave, y como suele ser habitual en él, unos inicios dubitativos, faltos de pegada, pasaron poco a poco a coger forma hasta entregar un tramo final de set potente y bien estructurado, demostrando por qué se le quiere tanto en su tierra. Por otro lado, nos dimos una vuelta de reconocimiento por el Control, donde Kobosil daba los últimos coletazos, aunque lo cierto es que el alemán nunca fue santo de nuestra devoción. Acto sequido, el artista local ROD, aka technero de Benny Rodrigues, presentaba su nuevo show de clásicos de los 90, como parece que se está poniendo de moda hacer últimamente (The Advent, Umek, David Vunk…).

Por su parte, la carpa outdoor del Dock nos daba la oportunidad de ver a los belgas Joyhauser, notorios valores en progresión de la escena del país vecino, y digo esto porque sería la primera vez que los escucho por aquí. Melodías sugerentes con toques melancólicos, transiciones sólidas y percusiones vigorosas, una temática bastante apropiada para el atardecer. A continuación, el joven Reinier Zonneveld ejecutó sin titubeos su directo de techno melódico, un closing que no dejó a nadie indiferente. Hay que decir que Michel de Hey no pudo asistir a la gala, siendo sustituido por Karim Soliman, en este escenario abierto pero cubierto por una gran lona sintética flexible.

Rotterdam Rave Festival

Hemos dejado lo mejor para el final… Gracias a un arranque de live apoteósico, pero también por su mera presencia tras los platos, el inimitable Perc se metió al respetable en el bolsillo tras su primer arreón de bombos pesados. Se nos acaban los apelativos… el inglés, simplemente, se sale. No deja de sorprendernos como, aun usando su ordenador, casi siempre suele ser el artista que más fuerte y nítido suena, allá donde lo haga. Rompedor como ninguno, su hora de actuación fue, de lejos, lo mejor de la jornada. Para cerrar el Machine, el elegido fue I Hate Models, otro que tampoco se encuentra entre nuestros favoritos, aunque tenemos que reconocer que, esta vez, el francés no estuvo nada mal. Dax J cerraba la sala Control, aunque ya lo veríamos mejor en el after…


AFTERPARTY

Como todo buen festival holandés que se precie, la secuela oficial daría lugar en otro inmenso almacén factorial, como mandan los cánones, concretamente en el icónico edificio industrial Maassilo, emplazamiento habitual para este tipo de certámenes. En esta ocasión, sería la planta baja la que diera cobijo a los ravers más insaciables, con tan sólo un área dispuesta. Pese a que no se llegaron a agotar las entradas, el aforo congregado fue todo un éxito, teniendo en cuenta que los holandeses no son muy dados a prolongar las fiestas en verano. Hasta las siete de la mañana tendríamos para seguir dándolo todo.

Rotterdam Rave Festival

La apertura fue obra de Cynthia Spiering, una jovencita roterdamesa que cada vez vemos más por las cabinas de su propio páis. Sin embargo, no llegamos a tiempo para su acto, ya que aprovechamos para cenar por el camino. Al que sí que vimos por completo fue a Stranger, nuevamente, quien volvió a retomar el asunto por donde lo dejó, esta vez, sin contemplaciones ni largas intros para empezar. Excelente set del neerlandés, soltando algún clásico que otro entre una selección musical de calidad. Dax J, por su parte, terminó de incendiar la pista durante otras dos horas de vértigo, asentando ya entre los grandes del género por méritos propios. Tras los primeros compases de Stef Mendesidis, abandonamos el envite en busca de paz y descanso.

Todo esto fue lo que dio de sí el fin de semana Rotterdam Rave por excelencia, una experiencia de obligado cumplimiento si les molan las vertientes más crudas y puristas del techno. No me quiero despedir sin destacar el trabajo luminotécnico que disfrutamos en las diversas naves, así como la acertada apuesta por los sound systems de Pure Groove, de color naranja, cada vez más comunes por el país de los tulipanes, aunque quizás se debió haber instalado algún speaker más para redondear la acústica. Con todo, este festival se consolida como el mejor dotado de la ciudad, toda una referencia en el norte de Europa, capaz de reunir miles de almas en cada edición. Agradecimientos a sus organizadores por dejarnos cubrirlo, en especial a Sacha Rozendaal. Ya le tenemos el ojo echado a su siguiente festejo: el Indoor Closing (ver).

Autor: Pablo Ortega