Hoy les traigo un festival al que tenía muchas ganas de hincarle el diente. Por una razón u otra, nunca antes tuve la oportunidad (o el tiempo) de asistir a un evento Paradigm, y es que bajo este nombre se esconde algo más que un simple festival. Se trata de uno de los colectivos más activos del norte de Holanda en cuanto a producción de eventos electrónicos, sobre todo en la ciudad de Groningen. Pues bien, a continuación, les narro mi experiencia por su efeméride más importante del año, la del festival de tres días, de viernes 10 al domingo 12 de agosto, cuyo nombre hace honor a la promotora que lo hace realidad.

Paradigm no es una cita más del circuito estival holandés, ya que atesora varios rasgos que lo alejan del “sota, caballo y rey” que tanto se repite por estos lares. Si bien es cierto que el mayor grueso de su programación discurre en horario diurno, también nos ofrecieron afters de calidad en el mismo recinto, aunque en diferentes stages, en este caso indoor. Por otro lado, el rollo que se respira en cuanto ambiente y escenografía tiene un claro aire alemán. La madera y otros elementos reciclados, como principales materiales, así como pintudas a mano, a modo de ¨urban art¨, le daban ese toque fresco y underground que tanto echamos de menos por aquí.

Paradigm Festival

Flechados hacia Groningen tras nuestra jornada laboral del viernes, llegamos a la estación central de Groningen sobre las ocho de la tarde, desde donde cogimos un autobús de línea que nos dejaría en Atoomweg, vía por la que había que atravesar un puente metálico para alcanzar los aledaños. Una vez allí, nos hicimos con nuestras pulseras de “full weekend + camping” para rápidamente acampar, aprovechando los últimos rayos de sol. Aunque bastante pequeña y austera, la zona de acampada contaba con un buen número de duchas y aseos para los pocos valientes que decidimos pasar el fin de semana a lo silvestre.

VIERNES

Desgraciadamente, nos fue imposible asistir a tiempo para presenciar uno de los live que más nos llamaba la atención: Harpoen, la unión entre dos talentos como Jeroen Search y Albert van Abbe. Sin embargo, sí que pudimos disfrutar de, al menos, media sesión de uno de nuestros compatriotas más infravalorados. Nos referimos a Gabriel Cassina, más conocido como Regal, uno de los fijos en la programación anual de la madrileña Mondo disco. Su inconfundible estilo ecléctico, como consecuencia de sus múltiples influencias, desde el trance hasta el acid, pasando incluso por el disco, no le impidió azotar la pista del escenario Rommey a base de bombo y platillo, donde a la postre pasaríamos la mayor parte del programa matinal, ya que despachaba las actuaciones de tintes más puristas.

Paradigm Festival

En cuanto cayó la medianoche, tanto la nave del Rommey como las carpas open air echaron el cierre, pero como ya avancé, la cosa no terminaba aquí. Era el momento del primer afterparty, el cual nos sorprendió gratamente desde que pusimos un pie en la vieja factoría de algodón que lo albergaba. Bajo sus gruesos forjados, dos salas bien dotadas de sonido y luminotecnia, Llab y Basement, donde al parecer se montan otros tantos eventos Paradigm, funcionaron a pleno rendimiento hasta pasadas las seis de la mañana. Un joven artista local, Neo Young, tuvo nada menos que siete horas de “all night long”, convirtiéndose en el protagonista absoluto del área Llab. Sin embargo, la manteca se cocinaba en el otro espacio disponible…

Paradigm Festival

La cosa iba de germanos; techno de gama alta. Konstantin sería el encargado de calentar los motores del Basement, abriendo el showcase del sello berlinés Giegling, un tipo que tiene clase para aburrir. Imposible adivinar a ciencia cierta por donde te iba a venir el siguiente cambio de ritmo. Otro que tiró por varias ramas, hilvanando todas esas capas sonoras de forma magistral. Empezábamos bien. Ojo al siguiente en salir a escena: Florian Lepa, aka Ateq. La atmósfera se fue poniendo más y más densa con su increíble directo. Un regalo para los oídos. Por si fuera poco, Edward nos regaló un cierre memorable de tres horas para poner el broche de oro a un primer round repleto de sorpresas agradables.

SÁBADO

Tras un merecido descanso, redirigimos nuestros pasos al complejo. Un paseo de unos doce minutos separaba el camping del campo de batalla, el cual contaba con seis escenarios temáticos, cuatro de ellos outdoor. Uno de los artistas al que más ganas le teníamos era Shlømo, quien presentaba su nuevo live en el mencionado Rommey. El prolífero productor galo está dando mucho que hablar, y es que su techno profundo y sofisticado se está colando hasta en las maletas de los pinchadiscos más exigentes. Acto seguido, Jeff Rushin daría cierta continuidad al discurso impuesto por el de Taapion Records. Sin embargo, estos no serían los mejores momentos del holandés, como verán más adelante, por lo que decidimos salir de la cueva para comprobar qué daban de sí otros escenarios.

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En el main, uno de los alumnos aventajas de Loco Dice, el emblemático Guti, otro de los buques insignia de Desolat, desarrollaba su directo minimalista ante un público muy agradecido. Lejos de engatusarnos, el argentino no tardó en aburrirnos, por lo que visitamos otra área cubierta, la denominada Club Stage, donde los sonidos más duros como el hardcore o el hardtek tendrían su pequeño rincón. Allí bailamos un rato al son de 380Volt primero, y luego con Somniac One. De vuelta al Rommey, nos topamos con uno de nuestros back to back preferidos, el de los Abstract Division, quienes por primera de muchas veces, tampoco nos llegaron a convencer del todo.

Sorprendentemente, el DJ que nos arregló la tarde-noche fue el incombustible Tobi Neumann, quien se estaba marcando una sesión bastante notable en la carpa principal. El viejo roquero de Cocoon se mostró muy firme en las mezclas, soltando bomba tras bomba de ese tech-house pistero y groovero tan característico de hace unos años atrás. No obstante, a tan sólo unos pasos de las torres elevadas a base de troncos de gran tamaño que conformaban el pintoresco escenario principal, el bueno de Truncate serviría en plato frío lo que para mí sería el mejor set de la programación diurna del festival. El californiano no dejó a títere con cabeza, trazando un ritmo frenético desde sus primeros compases. Dos horas de puro techno que se nos pasaron volando y nos mandaron de cabeza al after, bien calentitos.

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Lo mejor de la jornada estaba aún por llegar. Una nueva sala de enormes dimensiones se abrió para dar cabida al espectáculo que estábamos a punto de saborear, la cual ocupaba toda la superficie útil de la fábrica abandonada, sobre su planta superior. Las infraestructuras instaladas presagiaban una noche mágica, y no fue para menos. Jeff Rushin volvería a salir a escena para el warm up. Esta vez, el amsterdamés sí que mostró su mejor cara. Artistas como este, o los propios Abstract Division, son gente idónea para ir subiendo la temperatura poco a poco, allanándole el terreno al plato fuerte del envite. Dejen paso al maestro; el capo de Electric Deluxe bien merecía un ¨extended set¨ de cuatro horas…

Paradigm Festival

Sí amigos, hablamos de Speedy J. Sobran las presentaciones, y faltan los adjetivos. El de Rotterdam lo volvió a hacer. Nadie como él para leer y encandilar a un dancefloor que, a estas alturas de la película, no pedía más que castigo sin contemplaciones. Su juego de efectos, samples y loops infinitos en las subidas es único en el circuito, y aunque su fórmula no haya cambiado mucho desde su irrupción en la más alto de la escena, lo cierto es que le sigue funcionando de maravilla. Ni el más mínimo atisbo de error. Por su parte, K.Cee y Daan Donk cerrarían las otras áreas, en las que sólo estuvimos durante sus últimos coletazos, ya que serían las que chapaban más tarde, pasadas las siete de la mañana.

DOMINGO

Desafortunadamente, la jornada dominical no contaría con el main stage, ni tampoco con el Da Vinci, aunque a este último no lo echamos nada de menos. En el interior del Rommey, el teutón Mike Dehnert desplegaba un repertorio un tanto insulso y anacrónico, por lo que apostamos por el progressive de Intergalactic Gary, mucho más sustancial, bajo la cúpula ligera del escenario semiabierto del Dome. Sin embargo, el abuso de melodías nos mandó de nuevo a la nave abovedada, donde dimos con otro gran descubrimiento: Sad Girl, uno de los pocos directos analógicos que ofrecía esta edición de Paradigm. Este tipo enmascarado, de aspecto siniestro y visceral, nos abrasó sin piedad con cada uno de sus tracks. Hard-techno de bombos pesados y cadencias industriales. Seguro que alguno tuvo que pasar por enfermaría después del terremoto.

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Tras un breve paseo por la única zona que nos quedaba por ver, el Forest, donde ni primero Raresh ni luego Ferro nos sedujeron con su house bailongo, volvimos al Rommey, pues el que a priori debía ser el hombre del día, Antigone, tendría dos horas para confirmar su buen estado de forma, esta vez, en formato DJ set. Pese a sus buenas transiciones y a su techno de corte hipnótico y futurista, el francés no terminó de romper como acostumbra, cediendo el trono del domingo a otra de las actuaciones sorpresa. Nos referimos a Legowelt, cuya sesión nos maravilló por su complejidad y versatilidad. El neerlandés fue trazando un paisaje sonoro único, muy bien estructurado y matizado por la adición de pequeños pero palpables detalles acústicos. Una delicia.

Si aún les quedaba alguna duda, la última jornada también tendría su prólogo en forma de afterparty. Así pues, volvimos a dejarnos caer por el áspero edificio industrial, con las salas Llab y Basement de planta baja abiertas, más que preparadas para el último asalto. La primera albergaría las cuatro horas de actuación de Robin Kampschoer, quien fue arrancando lentamente hasta llegar a cotas bastantes serias, a caballo entre minimal y techno. Sin embargo, donde verdaderamente se repartió el bacalao fue en el sótano, donde primero Naval, y luego el trío compuesto por Dave Seaman, Darren Emerson y Danny Howells, es decir, 3D, sacaron sus respectivos látigos a paseo en forma de progressive house de indiscutible calidad, donde las líneas de graves agitaron nuestras cajas torácicas sin miramientos, enviándonos a casa con algún kilo de menos.

Paradigm Festival

Todo esto fue lo que dio de sí un fin de semana tan apretado y exigente como imaginan, donde un line-up abundante en bondades apenas te dejaba pestañear. Un montaje más que aceptable, un ambiente fenomenal, su impecable organización y, sobre todo, su exquisito programa nocturno, deberían situar a Paradigm entre los festivales más sonados de los Países Bajos. Si no se alcanzó el sold out, desde luego poco les faltó. Desde Grow Sound, seguiremos muy de cerca los pasos de esta interesante promotora, a quienes aprovechamos la ocasión para agradecer su amabilidad y las facilidades otorgadas para hacer nuestro trabajo. Sin lugar a dudas, repetiremos.

Autor: Pablo Ortega