Como bien os vendréis dando cuenta, el psy-trance está ocupando un espacio cada vez más importante en este magazine, y es que sus ritmos frenéticos y orgánicos, cada vez nos enamoran más. Además, su aceptación a nivel global, también crece a ritmo exponencial, por lo que bien se merece su sitio aquí en forma de reportajes, sobre todo. Hoy les traemos, nada menos, que el festival más importante de todo el viejo continente, con permiso del magnánimo Boom de Portugal, celebrado tan sólo en años pares. Por lo tanto, como este año no ha habido Boom, se esperaba una gran afluencia en el Ozora, como así fue. No obstante, he estado en macro-eventos bastante más colmatados que este… nunca llegué a sentir sensación de verdadero agobio.

Una de las primeras recomendaciones que habría que subrayar es la importancia de hacerse con un buen sitio de acampada. Aunque las superficies previstas para ello son de dimensiones ciclópeas (el perímetro acotado es enorme, sólo he estado en un festival más grande: el Fusion alemán), llegar con suficiente antelación puede garantizarte cercanía con los escenarios que más te gusten, o incluso conseguir sombra, todo un privilegio. La duración del festejo es de una semana, del lunes 28 al domingo 4 de agosto, por lo que atrincherarse en un sitio cómodo y práctico puede ser crucial. Las duchas, servicios sanitarios y puntos de agua y carga eléctrica están bien repartidos por todos los aledaños, aunque habitualmente había que esperar un poco de cola para ducharse o rellenar agua potable durante horario diurno.

Ozora Festival

Así pues, el viernes 26 por la tarde, tras cumplir nuestras obligaciones laborales, pusimos rumbo a Hungría, concretamente hacia el enclave natural de Dábpuszta, sobre la región central de Fejer, a poco más de 100 km de la capital Budapest, dirección suroeste. La cita toma su nombre de la pequeña aldea ozórica cercana al complejo, el cual se ha ido transformando con los años hasta convertirse en una especie de asentamiento tribal de construcciones de madera, caminos bien pavimentados con piedra autóctona y elementos ornamentales de todo tipo y tamaño, desde gigantescos árboles vivientes, hasta animales fantásticos o seres mitológicos fabricados con materiales del lugar, bien pintados y detallados por artistas reconocidos. Ante nosotros, todo un parque de atracciones psycodélico como no habíamos visto nunca.

Nuestra llegada no se produjo hasta el domingo por la mañana, con los primeros rayos de sol. Buen momento para buscar cobijo para nuestra caravana, aunque como era de esperar, los puntos más atractivos ya se encontraban más que ocupados, así que nos tuvimos que conformar con la sombra de nuestro vehículo propio, más las que nos curramos en torno a su porche. El viaje desde Rotterdam fue dilatado, y tampoco pilotamos con demasiada prisa. Desgraciadamente, no llegamos a tiempo de disfrutar el denominado “Day 0”, programado para el sábado, donde un suculento showcase de Parvati Records, encabezado por el gran Arjuna, daría lugar en el stage indoor Dome, nuestro favorito por diseño y acústica.

Ozora Festival

Hasta 30.000 almas se congregaron en esta bonita ceremonia con orígenes allá por 1999, cuando se celebró el último eclipse solar del pasado milenio. Como buen parque temático, los puestos de comida y bebida, así como tiendas y mercadillos, abundaban por doquier, y a muy buenos precios, para tratarse de un festival de este calibre. Además, se podía pagar tanto en florintos húngaros como en euros, a cambio justo. Las infraestructuras levantadas son impresionantes, miraras donde miraras te sentías inmerso en un cuento de hadas. Además, la escenografía cambiaba completamente por las noches, cuando la luminotecnia y los fuegos cobraban protagonismo, dando lumbre y colorido a un paisaje único e incomparable.

DAY 1

Tras aparcar nuestra casa andante sobre una de las laderas del irregular tapete verde del terreno, montamos nuestros atuendos y descansamos un rato antes de explorar el territorio. Tras la puesta de sol y unas duchas, y pese a la amenaza de lluvia (hubo alguna tormenta durante el fin de semana), acometimos la única carpa con música, precisamente la que teníamos más cerca de nuestro campamento base: el Pumpui. Los sets de Yury, Psyketzky y el back to back entre DJ Gahabbi y Nashira amenizaron la velada a un público demasiado fácil que se mostraba fascinado por una serie de sonidos trance de lo más convencional… estaba claro que la motivación del personal por empezar la contienda era máxima (o bien abundaban los turistas).

Ozora Festival

Lo cierto es que este dancefloor no nos convenció nunca. En primer lugar, el sonido resultó claramente decepcionante, flojo en graves y carente de calidad, mientras que la iluminación nocturna era exagerada, nadie pasaba desapercibido. Suspenso pues para uno de los cinco escenarios. No obstante, hay que decir que Ozora es mucho más que un festival de música. Su oferta de actividades alternativas, cosa que ciertamente nunca aprovechamos, es amplia y variada, desde clases de yoga hasta charlas activistas, pasando por cursos de arte y pintura, cine experimental o malabares circenses. En definitiva, todo tipo de workshops relacionados con la cultura psy y tribal.

DAY 2

Llegó la hora de conocer el main floor. Allí sí que pudimos disfrutar de un sound system en line-array a la altura de las circunstancias, y una decoración al alcance de muy pocos eventos. La cabina del DJ se localizada dentro de una gran cabaña, sobre la que se dispusieron varias pantallas de proyección tras el maestro de ceremonias, recortadas geométricamente a 45º, y despiezándose hacia los lados hasta llegar a los laterales de la pista. La cubierta ligera destacaba por su caprichosa morfología, compuesta por fragmentos de tela romboidales de colores vivos. En el centro de la vasta superficie de baile, se elevaba una caseta de madera donde los técnicos hacían su trabajo a altas cotas. Debajo de la misma, un tótem giratorio de semblante alienígena serviría como punto de referencia para mentes maltrechas. Como nota más negativa, la parte delantera del floor estaba divida en medio por dos metros de valla (!?).

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En cuanto al plano musical, cabría destacar las actuaciones de Stereoxide, EVP y, sobre todo, Filterheads. El estilo nocturno de moda, el twilight (que viene a significar la primera luz de día, el crepúsculo, esto es; una sonrisa, algo de claridad, dentro de la oscuridad), predominó en esta magnífica noche del psy-trance más aguerrido, donde también escuchamos algo de forest de la mano del griego Antonymous, a quien también se le pudo ver por nuestro país en su paso por Transition (ver), o del productor local Blastourist. Para los que no lo sepan, el forest es un subgénero caracterizado por sonidos siniestros (grillos dicen algunos XD) y ácidos, con un bassline arrasador y unos bombos que parecen tambores de guerra orco.

DAY 3

Anteriormente etiqueté al Dome como mi stage preferido. Hasta el momento, sin embargo, aún no habíamos oteado nada que nos llamara la atención bajo su gran cúpula curvada. Su banda sonora nos sugestionó por completo, atrapándonos cual templo intergaláctico. ¿Quién nos iba a decir que íbamos a alucinar con techno y minimal de gama alta aquí en Ozora? Las sesiones de Yuta, Artman y Masa nos hicieron volar muy alto, sin motor, a base del mejor dub/deep techno de atmósferas densas y drops pesados. Pura crema. Tanto fue nuestro regodeo que allí nos quedamos atrapados, sin tiempo ni neuronas capaces de sacarnos de allí, ni siquiera para echarle un vistazo al main.

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Curiosamente, para este día teníamos señalado en rojo en nuestros programas el nombre de Jeff Mills junto con Tony Allen, quienes ofrecieron un directo de afrobeat + techno sin precedentes en el Dragon Nest (nido del dragón)… Este stage es sin duda el más infravalorado e infrautilizado, ya que sólo ofrece programación durante determinadas horas del día. También tengo que reconocer que nunca llegué a ver el Ambyss, que haría las veces de chill out… aunque ya sabéis que lo que me gusta y me mueve es el bacalao XD. Toda la zona norte ha quedado inexplorada por mi parte: el lago, el laberinto, el prima, la casa de las mariposas… en fin, ¡otra vez será!

DAY 4

Tras el empacho de musicón que nos dimos la jornada anterior, decidimos repetir la fórmula del Dome, pero por la tarde sí que nos pasamos por el escenario principal a escuchar algo de trance progresivo con Liquid Soul, una de las grandes figuras de esta vertiente. Tras la caída del sol, Electric Universe desplegó un psychedelic muy sugerente repleto de sorpresas, tales como cambios de ritmo inesperados o subidas de vértigo. También vimos parte de los actos de Rising Dust y ESP, bastante por debajo de los anteriores.

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De vuelta a nuestro templo, cuyas pinturas psicodélicas hechas a mano bien parecían unas vidrieras por las que entraba luz de estrella azul y morada, nos topamos con el live de Mirror System, el cual ya hacía presagiar otra inolvidable noche de techno vanguardista… y así fue. Otros desconocidos para nosotros, Beta y DJ Josko, volvieron a hacernos tocar el cielo con su repertorio hipnótico y futurista. Sonidaco, mezclas de otro planeta. Si pensabas que lo sabías todo sobre las cadencias que nacieron en Detroit, vayan al Ozora y visiten su monasterio. Eso sí, siempre tendrán que esquivar los muchos cuerpos, dormidos o muertos, que se agolpaban en torno a sus lindes, y es que el primer anillo del Dome estaba destinado a área de descanso. Que me perdonen aquellos que recibieron alguna de mis pisadas…

DAY 5

Con unos cuerpos ya notablemente perjudicados, pero bien cuidados gracias al descanso que pudimos conseguir gracias a nuestra caravana, y a las buenas comilonas que nos pegamos por los diversos stands de comida, o bien cocinando a gas en el motorhome, decidimos visitar nuevamente el Pumpui para ver la actuación de Extrawelt, unos tipos que, además de haberle aportado mucho a la escena techno y house, también hicieron sus pinitos con el trance, desarrollando melodías muy interesantes que dieron pie a posteriores estructuras musicales más complejas y pisteras. Sin embargo, la acústica de este pobre stage nos volvió de defraudar y no tardamos en redirigir nuestros pasos hacia el main area.

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De nuevo el psy más oscuro y rompedor volvió a castigar nuestros tobillos, en primer lugar con el versus de Daksinamurti y Emiel, unos nórdicos que no dan tregua ni respiro, los cuales ya han pasado alguna vez por cabinas españolas. Acto seguido, la emergente Psique puso a prueba nuestros cerebros con su live de forest, mientras que el serbio Rezonant terminó por sacarnos de la pista con una considerable subida de bpms, más cercano a lo que se conoce como hi-tech, es decir, beats a cascoporro, sonido robótico, a veces metalizado… no apto para corazones perturbables. Es lo más parecido al hardcore, pero aún con claro aroma psy-trance.

DAY 6

Llegó el gran día. ¿Se les ocurre algo mejor que empezarlo con el buque insignia de Hypnus? Sí amigos, Luigi Tozzi, el príncipe del deep-techno, tocaba en Ozora, concretamente en el Pumpui (¡lástima!). Su live de poco más de una hora nos dejó un poco fríos por su corta duración y las pobres prestaciones de esta carpa cubierta de telas elásticas, pero como siempre, el italiano no dejó a nadie indiferente. A continuación, allá por el principal, Hallucinogen daba las últimas pinceladas a su set, mientras que el misterioso Dr. Space terminó por incendiar el dancefloor con su trance de hormigón armado. Sálvese quien pueda…

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¿Quiere más? ¿Les suena Confo? Otro de la escuela griega de forest, así que ya saben lo que hay; puré de conexiones neuronales y batido de grillos. Nobos continuó la buena línea que depuso el de Atenas, mientras que su compatriota Archaic dio otro giro de tuerca más a lo que resultó siendo otro showcase del sello Parvati. Por la mañana, arrancaría la bacanal de Zenon Records en el Pumpui. Se trata de la discográfica más revolucionaria del psy-trance en los últimos años, capaz de evolucionar hacia un sonido nuevo que todavía cuesta catalogar (ver entrevista a Fabio Leal, uno de sus máximos exponentes).

DAY 7

Irremediablemente, tuvimos que descartar los primeros actos, los de Kalumet y Val Vashar, para coger algo de fuerzas para la recta final. Al que sí vimos terminando fue a Sensient, líder y creador del label techno-trancero que más nos pone. El australiano no tiene nada que demostrar a estas alturas, por lo que no se suele complicar en las transiciones ni arriesgar con la selección musical, más templada que otra cosa. Evil Oil Man y Sumiruna apenas nos tocaron alguna fibra sensible, lo que sí consiguieron con creces Triforce (¿esto es trance?), Hypogeo, quizás el productor más prolífero de zenonesque, y sobre todo Golanski, una de las revelaciones del festival, más conocido, de momento, por su versión electro-dub: Bayawaka.

Ozora Festival

Por su parte, el main también ofrecía un menú de cierre para oídos exigentes. Lamentablemente, nos perdimos sesiones tan prometedoras como las de Parasense, Back to Mars o Ajja, pero sí que nos dejamos llevar por las bondades de Vertical y Dust, psychedelic intenso de cuchillo y tenedor; o lo masticas, o ve pidiendo cita con tu médico de cabecera. Justin Chaos y Synkronic bajaron un poco el nivel, para dar paso al directo de Psysex, uno de los pocos que realmente componen en vivo en la escena trance, y eso se notó… al último que vimos, Eat Static, otra leyenda viva del género que también despacha directo real, en este caso completamente analógico, celebraba su 30º aniversario tras los platos.

Pese a la extensión de esta crónica, probablemente mi récord hasta la fecha, me he dejado mil sucesos y rincones mágicos en el tintero, pero tampoco quería eternizar la lectura. Una semana da para mucho, y más en esta fábula de verano cuya moraleja no es otra que la de reconocer el increíble trabajo artístico y cultural que hay detrás de esta efeméride. Ozora es peregrinaje obligatorio para los amantes del psy-trance, pero también para aquellos curiosos que deseen experimentar una aventura diferente a todo lo que han visto y sentido antes. Mil gracias a la impecable organización por abrirnos sus puertas, en especial a Rita… ¡ni que decir tiene que queremos repetir!

Autor: Pablo Ortega