• Fotos: Alex Caballero

Un día Nina Kraviz dijo, “la música electrónica underground en una buena pista de baile oscura es, en mi opinión, una celebración de pura libertad”. Podríamos concluir aquí la crónica sobre su paso por Industrial Copera el pasado viernes y no nos estaríamos dejando atrás detalle alguno de lo ocurrido, pero os queremos contar con más detalle como se desarrolló esa libertad.

Si hay algo que nos cautivó de la música electrónica, aparte de todo lo que representa, es ese espacio entre líneas que cada persona puede llenar, puede imaginar. Es toda una estimulación de la creatividad. Y lo más importante, la conexión que se genera con el artista que te acerca su propia visión. Algunas veces todas esas sensaciones son difíciles de encontrar, pero cuando artistas como Nina Kraviz te ofrecen viajes como el del pasado viernes, todo vuelve a tener sentido.

Realmente la noche estaba destinada a que así fuera, con el frío bien entrado en la capital granadina, como si de su propia tierra Nina lo hubiera traído, bien temprano nos acercamos por las inmediaciones de Industrial Copera. Refresco rápido de nuestras gargantas y para la pista.

El encargado de recibirnos, como viene siendo habitual, Junior. Su labor como residente está más que alabada por los grandes calentamientos que nos ha ofrecido en múltiples ocasiones, pero es que una vez más, volvió a sorprender. Adaptándose completamente a la noche que nos enfrentábamos, ofreció un set mas alejado de lo que acostumbra a tocar, tirando de temas antiguos, de corte retro y en ocasiones ácidos. Momento álgido del set cuando dejo caer el tema de “Josh Wink – Higher state of consciousnes“ y ese chorro ácido que lo acompaña, tema muy querido en Industrial Copera y que marcó en ella una época. Sin más, pista apunto para dar paso a Nina Kraviz.

Dieron las 4 y allí estaba ella, su elegancia se respiraba en cabina incluso antes de tocar los platos. 3 horas de viaje teníamos por delante y los primeros compases fueron a golpe de Techno industrial, mucho mas seria de lo que esperábamos, cogiendo a la perfección el relevo de su antecesor. Los bombos y platillos se hacían presentes y marcados en la primera hora de su set, de una forma contundente y precisa, dejando de lado cualquier atisbo de duda, y eso, en el ambiente se notaba. No necesitó mucho para meterse al público en el bolsillo, y es que Nina tenía bien claro por donde quería llevarnos… El set avanzaba y aún quería llevárselo más a su terreno, desplegando algunos temas de corte más tranceros, y dejando caer los primeros beats ácidos, pero de manera sutil, mostrándonos poco a poco lo que se avecinaba para la última parte de su set.

Y si, llegó el momento que muchos esperábamos, el derroche ácido propio de Nina Kraviz inundó Industrial Copera. Se le veía como disfrutaba en cabina, como respiraba esa libertad que transmitía con su música, y como soltaba acertados temas uno tras otro, beats ácido tras beats ácido, sinceramente un servidor no cabía en si, poco más podíamos hacer que disfrutar y deleitarnos. Por cosas como esta el público ama a Nina Kraviz, quizás no sea la artista con más técnica, pero la selección de temas durante todo su set fue rozando la perfección, terminando con la ovación larga y tendida del público.

Nina Kraviz llegó y conquistó Industrial Copera, dejando bien claro que el lugar que ocupa se lo tiene más que ganado. Demostrando que la música primeramente es pasión, es sentimiento, y eso, junto con su carisma, marca la diferencia. Sin más, agradecer a Industrial Copera que nos brinde la oportunidad de vivir noches tan mágicas como esta, y que nosotros estemos ahí para contároslas. Continuará….