Autor: Pablo Ortega

Casi sin tiempo para digerir lo acontecido en Utrecht durante nuestro paso por De Revolutie, pusimos rumbo hacia la capital de los Países Bajos para asistir al, probablemente, festival más importante de música electrónica del Kingday, miércoles 27 de abril. El evento tendría lugar en el Estadio Olímpico, ubicado en el distrito de Amsterdam Zuid, un área de la ciudad muy residencial de la que siempre pasaremos de largo si la visitamos como turistas. El recinto deportivo se encuentra a un kilómetro y medio de la Estación del Sur, desde la cual ya pudimos comprobar el gentío y la algarabía de personas que se dirigían a diferentes puntos de la localidad en busca de su fiesta del día del rey, ya que Nassau no era el único festival que se celebraba en Amsterdam durante esta efeméride.

Enseguida comprobamos que los cuatro escenarios montados se dispusieron alrededor del estadio, y no dentro del mismo, como podría uno imaginarse. Las dimensiones del recinto completo eran importantes, ya que entre carpas había un espacio más que suficiente para que el sonido de las mismas no se acoplara. Cada uno de los stage tenía su propio carácter y temática, en función del estilo musical que iba a darse allí, pero como factor común entre todos, tenemos que destacar con mayúsculas el impecable sonido que se podía disfrutar desde cualquier punto del dancefloor. Excelente trabajo por parte de los promotores en todos los aspectos, tanto en infraestructuras como en organización. Todo transcurrió según lo previsto.

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El primer escenario que pisamos fue el Reaktor, el cual albergaría las actuaciones de corte más technoide. Allí se encontraba el meticuloso Marco Shuttle, quien nos alegraría la mañana por su techno orgánico y profundo. Poco sabíamos de este emergente pinchadiscos británico, a partir de ahora le seguiremos la pista. Extraordinaria composición de sonidos abstractos directos al cerebro. Tras él, apareció en cabina el joven Kobosil, a quien ya lo vimos la noche anterior en otro festival en Utrecht, por lo que optamos por cambiar de aires y de espectro musical, acudiendo al stage Thump, donde se congregarían los estilos más minimalistas.

Allí pudimos presenciar los últimos coletazos del set de Boris Werner. House de poco peso y mucha melodía, que sin embargo consiguió enganchar a bastantes asistentes. El holandés jugaba en casa. No obstante, no era a él a quien vinimos a ver, sino al ojito derecho de Loco Dice en Desolat Records: la incomparable tINI. Personalmente, no soy muy amigo de los sonidos que caracterizan a este sello, pero algo pasa con ella que siempre que la veo disfruto como un niño chico. Siempre consigue que no pare de bailar. Tremendo el musicón que nos puso la de Frankfurt, magistralmente mezclado, sin dudas, y con mucho arte y descaro. Algo pasa con tINI…

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Acto seguido, Mathew Jonson se disponía a ejecutar su directo tras pasarse casi todo el set de la alemana conectando cables y aparatos. Con una intro interminable, el también germano terminó por desesperarnos, y así es como volvimos al Reaktor. El incansable residente del legendario club berlinés Berghain nos daba la bienvenida a base de bombo y platillo. Marcel Dettmann es de esos artistas que nunca sabes a ciencia cierta por donde va a salir, ya que su repertorio es tan extenso como variado, desde el techno aguerrido de principios de los noventa hasta tracks más elaborados y mentales. Esta vez tocó un poco de todo, pero se quedó en tierra de nadie. Su sesión pasó por Nassau sin pena ni gloria, y aunque nos hizo bailar bastante y mezcló con acierto, echamos en falta un poco más de sustancia.

En nuestro país tenemos a todo un maestro en eso de “ir un poco más allá”. Nos referimos al señor Óscar Mulero, al que nos hacía muchísima ilusión ver por estos lares. Efectivamente, el madrileño era uno de los platos fuertes de la jornada. Muy poco tiempo tardó en evidenciar a su predecesor, quien a su lado quedó retratado en la vulgaridad, y eso que tampoco vimos al mejor Mulero. Sus bombos pesados y charlys punzantes se adueñaron de la pista. Ese techno oscuro y a la vez industrial que tanto lo caracteriza, quizás demasiado siniestro para un escenario open air matinal, pero que a nosotros siempre nos encanta. Golpe en la mesa de nuestro compatriota, aunque hay que decir que aquí en Holanda ya se ha labrado un respeto desde hace muchos años.

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De vuelta al stage Thump, disfrutamos de la última mitad de la actuación de Mind Against. Teníamos mucha curiosidad por verlos en directo, y los italianos no nos defraudaron. Sonido deep de tremenda calidad, a caballo entre el techno y el house. Sesión cuidada hasta el mínimo detalle, gestionando muy bien los tiempos de subidas y transiciones. Para cerrar el festejo, elegimos al londinense afincado en Berlín, Dax J. Se trata de un artista muy valorado en Holanda, ya que podemos verlo constantemente en clubes o festivales como este. El inglés derrochó energía a raudales, en un vertiginoso set que rondaría los 130 bpms. Cerca de las diez de la noche, los escenarios fueron apagándose hasta poner fin a esta memorable edición de 2016.

Si De Revolutie ya nos sorprendió por su montaje y desarrollo, qué decir de Nassau. Se nos empiezan a acabar los adjetivos. Aquí en los Países Bajos, cuando un evento es catalogado como festival, puedes tener bien claro que no se van a escatimar en esfuerzos y recursos para que se desarrolle de la mejor manera. Cualquiera de estos dos supera por goleada a todos los festivales veraniegos de nuestro país. Veremos qué nos depara el verano por aquí…

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