Suena el verso. El que me hace olvidarme de la música, Madrid y toda esa gente que me rodea. Agacho la cabeza y recuerdo cuando escribía para recuperar las pequeñas cosas. Las del mundo que, hasta ese momento, habíamos compartido.

 

Sold out en Joy Eslava

Asomo por la entrada a la sala y queda de manifiesto que Manel ha vendido todas las entradas. Joy Eslava está a rebosar. Para empezar el grupo telonero suena bien berraco.

— ¿Quiénes son estos?

Pedrina & Río

— Hostia qué ritmo tienen los jodíos.

Presento mis respetos a los colombianos con un comedido pero rítmico movimiento de cabeza. Aplaudo con energía al final de cada canción. Se despiden y los apunto en mi lista de bandas que te animan una noche tonta.

 

pedrina_rio_joyeslava_1610_1

 

Una experiencia diferente

El sonido que flota en el escenario, antes incluso de que la banda tome posición, deja claro cuál será la primera. Antes también de que la banda tome posición ya estoy molestando a varias filas de espectadores. Noto el odio sobre mi nuca.

Las figuras de Guillem, Roger, Martí y Arnau se distinguen entre la oscuridad del escenario. El público arroja su primer apauso. Todo listo para que suene Les cosines.

— Perdona, ¿te vas a quedar ahí todo el concierto? No veo nada.

— Una más y me largo. Lo prometo.

Al terminar Desapareixíem lentament desaparezco rápidamente. Guardo la cámara. A bailar. Para Ai, Yoko ya estoy situado en un lugar cercano a la barra, donde a los que tengo detrás les importa poco ver o no ver y la birra queda mucho más a mano.

Conforme van completando canciones mi sensación es que no suenan como en el disco. Lo cierto es que le tengo algo de coraje a ese mantra. No representa un mérito especial sonar como una grabación, ya que cuando uno va a un concierto no debe, en principio, buscar una recreación exacta de las condiciones de un estudio. El directo debe ser algo más. El directo tiene que conectar con el público en un momento concreto. El disco lo tienes en casa y para él cualquier momento es bueno. Boomerang es un ejemplo claro de esto. No suena como en el disco. Ni falta que le hace.

Manel no es el grupo en cuyo concierto esperas beber cerveza de la bota del bajista o aporrearte vivo con el resto de asistentes en mitad de una lavadora. Sin embargo logran imprimir una fina pátina de ritmo extra que convencería al menos hipster de los oráculos musicales. La gente canta y baila cuando suena la música. Y cuando Guillem habla, el público se calla. O pide silencio si alguien no lo hace. Estar aquí es sin duda una experiencia diferente.

 

 

manel_joyeslava_1610_4

 

Contigo empezó todo

No estaría aquí de no ser por Aída. Aída fue una compañera de la facultad. Nunca tuve una gran relación con ella pero recuerdo cómo, estando en la sala de los maltrechos ordenadores de Ciencias de la Información, escuché por primera vez Al Mar! sonando en su portátil. Yo por aquellos entonces estaba muy volcado con Antònia Font, así que Manel entró como un guante.

A mi lado hay un tipo catalán que se sabe todas las letras. Me da envidia. Yo he escuchado Manel hasta la saciedad y siento que hay partes que jamás me aprenderé. Eso sí, canta con el culo. Eso no lo envidio para nada.

Suena La serotonina, el reguetón hipster de Jo competeixo. Desde que la escuché por primera vez me ha parecido una mezcla entre la banda sonora de Monkey Island y la de la serie Utopía. En mi caso esto es un halago. Ambas me parecen grandes canciones de obras maestras— al menos sus primeros episodios.

Suena Al mar! Su canción más conocida. La canción con la que empezó el devenir de salas llenas a lo largo y ancho de la península. Con la que empezaron mis inefables esfuerzos por aprender sus letras. ¡Parabá parabá parabá parabá! Joy Eslava es un clamor. Justo ahora me acuerdo de Aída.

 

manel_joyeslava_1610_2

 

Las pequeñas cosas

Benvolgut. Comienzan a tocarla con el contagioso ritmo habitual del tema. Los versos se suceden uno detrás de otro. Y de pronto ahí está: amagat en “som molt joves per tenir res massa clar”, amagat en “no sé què és, però, nena, no puc respirar”.

Siempre he pensado que la perdí por ser demasiado jóvenes para tener las cosas claras. Por un momento no sé qué es lo que pasa, pero no puedo respirar. Recuerdo cómo, después de aquello, tuve que escribir mucho para poder recuperar las pequeñas cosas. Porque hasta entonces le pertenecían. Todo me recordaba a ella.

La canción se frena en seco. Guillem propone un baile sencillo— muy catalán según él mismo— y pide silencio. Poco a poco el tempo de la canción se va acelerando. Cada vez se hace más difícil reprimirse, el silencio pende de un hilo. Llegado el momento el silencio se rompe. La canción se dispara con más fuerza que nunca. Que la fuerza nos acompañe. Adiós. Hasta siempre. Suerte.

 

Hacer Comentario