Hoy les traemos otro de los grandes del verano, un festival que, sobre el papel, puede mirarle de frente a otros colosos del país de los tulipanes, como pueden ser Awakenings, Amsterdam Open Air, Dance Valley, Mysterylands, o el mismísimo Dekmantel (ver crónica), donde ya estuvimos hace unos días. Nos referimos al Loveland, otro macro-evento de electrónica emplazado en Amsterdam, concretamente en la gran zona verde de Sloterpark, uno de los pulmones de la capital de Holanda. A través de esta crónica, analizaremos todas sus bondades y puntos flacos, comprobando así cuánto de verdad tiene tal valoración…

Posted by Loveland on Friday, June 16, 2017

Los autobuses lanzaderas partieron desde la estación de Sloterdijk, orientada hacia el oeste del casco histórico, en un parque empresarial. No sería hasta las seis de la tarde cuando nos subimos a bordo de uno, retrasados por motivos laborales. Como la gran mayoría de festejos matinales de este tipo, el horario de la programación discurriría desde las doce del mediodía hasta casi la medianoche, por lo que, muy a nuestro pesar, nos tuvimos que conformar con medio festival, perdiéndonos actuaciones como las de Sasha, Joris Voorn, Michael Mayer, Sam Paganini o Bart Skils. No obstante, lo más interesante aún estaba por llegar.

Lo primero que habría que destacar es el emplazamiento elegido, tanto por sus buenas conexiones con la ciudad, como por su propia belleza y disposición. Un marco idóneo para pasar un día agradable, rodeado de naturaleza y buen ambiente. La propia morfología del parque facilitaba la distribución de escenarios y demás servicios necesarios para el disfrute de del envite. No faltaron puestos de comida de diversa índole, áreas de descanso, puntos de agua accesibles, venta de merchandising, barras… todo ello distribuido en torno al gran lago central que humedece el entorno. Además, se podía navegar sobre el mismo mediante pequeñas embarcaciones recreativas de todo tipo.

Loveland FestivalUn total de seis escenarios temáticos desarrollaron el line-up, sobre el cual cabe decir que, aunque variado y extenso, no se arriesgó demasiado en su confección. Loveland no es el evento más indicado si quieren ver artistas poco habituales o conocidos, su cartel fue de lo más popular. Quizás, la actuación más atípica fue, precisamente, la primera que presenciamos, las del eterno dúo Slam. Los escoceses, sabedores del sitio donde pinchaban y del público que tenían delante, tiraron de techno digerible y mezclas facilonas, sin grandes alardes. De todos modos, su destreza a los platos queda fuera de toda duda, así como su lectura de la pista. No estuvo nada mal para empezar la jornada.

Tras ellos, el veterano Ben Sims no terminó de engatusarnos, por lo que abandonamos el único stage cubierto, denominado Tech, para dar una vuelta de reconocimiento por el resto del complejo. A su lado, un escenario considerablemente más amplio, el Circoloco, albergó las sesiones más houseras, por lo que apenas pusimos un pie, más que para otear lo que se cocía allí, en nuestro paso hacia otras áreas. Unos metros más lejos, nos encontramos con el Nest, el más pequeño de todos, donde un indómito Dennis Ferrer alentaba a los presentes con su tech-house fresco y bailongo. Luego, el área Rise destacaba sobre las anteriores, gracias a un buen montaje escénico y luminotécnico, con Stephan Bodzin como maestro de ceremonias.

Loveland Festival

Llegando hasta la otra punta del recinto, por fin dimos con un gran escenario, digno de un festival de renombre, el mayor en dimensiones y mejor equipado de sonido, con diferencia. Una vasta multitud de asistentes se agolpaban en torno al set de los carismáticos Pan-Pot, quienes repartían lo suyo a base de minimal-techno, de buena pegada y groove brioso. Una fórmula ya muy asimilada y testada, que funciona para un amplio espectro de oyentes. El siguiente en pasar por aquella cabina, fue la célebre figura de Adam Beyer, dueño y señor del archiconocido sello Drumcode. El que fuera toda una referencia en el planeta techno, hace años que frenó en seco la evolución del concepto musical tan interesante que representaba, ofreciendo ahora un repertorio mucho más melódico y convencional. Poderoso caballero es don dinero.

Tan sólo nos quedaba un stage por ver, el High Ground. Como su propio nombre indica, se elevaba unos metros sobre el resto del circuito. Allí pudimos apreciar los últimos compases del back to back entre Olivier Weiter y Miss Melera, sin nada que destacar. El que sí nos gustó bastante fue Hernán Cattaneo, un viejo conocido, encargado del closing de esta carpa, poco más grande que el Nest, con bonitas vistas al lago. El argentino es un cúmulo de virtudes a los mandos del cotarro. Mezclas perfectas, excelente manejo de los tiempos de subidas y transiciones, ecualización magistral… nunca sabes en qué momento ha metido el siguiente tema, ni tampoco cuándo va a soltar su bombo. Aunque el house progresivo no es lo mío, tengo que reconocer que bailé bastante el buen rato que pasé en este dancefloor.

Loveland Festival

La noche comenzaba a cerrarse, el cuerpo volvía a pedirnos contundencia. De camino al escenario Tech, nos paramos unos instantes a escuchar algo de Solomun. Me temo que el de Luxemburgo es otro de los artistas que se ha dejado llevar. Sus maneras con la mesa de mezclas dejaron mucho que desear, por no hablar de su selección musical. El que sí  nos alegró el cierre de la fiesta fue sir Luke Slater, esta vez en formato DJ set. Se me agotan los apelativos para esta leyenda viva del sonido Birmingham. Parece que no le afectan los años, que ya son muchos en la cúspide de la escena. El británico convirtió el espacio circense del Tech en una verdadera olla a presión del techno más abrasivo y devastador. De lejos, lo mejor del festival.

Esto fue lo que dio de sí nuestra andadura por Loveland, un evento del que me esperaba algo más, ya que únicamente puedo darle nota alta a tan sólo uno de los seis stage. Sin embargo, les auguro un buen futuro, seguirán contando sus ediciones por “sold out”, ya que siempre consiguen contratar a los artistas que pide la audiencia. El desalojo del recinto es digno de elogio, las lanzaderas fueron numerosas y efectivas, permitiendo el abandono del mismo en pocos minutos. Mantendremos un ojo y medio a sus próximas fechas, y es que Loveland es mucho más de lo que les acabo de contar, ya que ofrecen varias citas a lo largo del año, con buena presencia en el ADE, por poner un ejemplo.

Thank you

THANK YOU!You’ve made Loveland Festival 2017 I SOLD OUT truly amazing. Looking back at this edition, we see nothing but phenomenal performances and a crowd that skyrocketed its energy throughout the day. <3

Posted by Loveland on Saturday, August 12, 2017

Autor: Pablo Ortega

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