Hace unos días recibimos  un correo en la redacción de Grow Sound Mag, nada fuera de lo común hasta que nos ponemos a leer. No queremos destripar nada, solo introducir el relato de Estrella que nos llegó hasta lo más hondo, primeramente, porque parte de la redacción de Grow también estuvimos en Awakenings (lamentablemente no coincidimos con Estrella). Segundo porque sea ella quien se ofrece a nosotros el contar esta historia tan bonita a la vez que surrealista.

Algo cansados de la típica crónica de evento, nos hemos atrevido a trasladar literalmente la aventura de Estrella, manteniendo su redacción, sus comas, sus mayúsculas que pensamos que son gritos de la emoción y nos hace meternos aún más en el papel.

Mi nombre es Estrella, encantada de saludaros. Me pongo en contacto con vosotros porque necesito haceros llegar mi inquietud y pasión por el techno y todo lo que le envuelve. Estuve en Awakenings Festival, en Holanda y he de decir que ha sido “EL VIAJE DE MI VIDA”, pues se podría categorizar como mágico. Es la primera vez que viajo al extranjero y el motivo de éste no podría ser otro que por placer, por TECHNO.  Y diréis, ¿mágico por qué? Viajé con un amigo de la infancia que estuvo hace años viviendo allí el cual también siente esa pasión por el TECHNO. Nos fuimos comprando las entradas, billetes de avión y Airbnb mes a mes, como nuestros trabajos precarios nos permitían adquirirlos.

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Y…¡LLEGÓ EL DÍA! Nosotros fuimos a otro país sin esperar nada pero la ciudad nos lo dio todo, aun no teniendo dinero. Os lo explico. Mi amigo se fue con 200€ en el bolsillo y yo con 140€ para una estancia de 4 días en una de las ciudades más caras, Ámsterdam…BENDITA ÁMSTERDAM. Llegamos super-tarde al Airbnb, como a las 23:00, y la anfitriona nos dejó debajo del felpudo las llaves de la casa. Al entrar, quisimos echar la llave de la puerta pero no había manera y, de repente, apareció la anfitriona de la casa, Esther; ¡QUÉ MARAVILLA DE MUJER! Madurita con su punto sexy. Ella empezó a darme besos y abrazos y mi amigo me preguntaba, “¿pero es que la conoces?”. Yo en mi vida había visto a esta señora. Un amor de mujer. Después de acoplarnos en la casa, Esther se fue a la cama y nosotros nos fuimos a por unas merecidas cervezas para celebrar nuestra llegada. Mientras os lo cuento y redacto estoy con música de fondo y nada más recordarlo se me ponen los vellos de punta.

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Amanece al día siguiente. Nos despertamos y conocemos a nuestro vecino de habitación de Airbnb que también se dispone a ir al festival. Nosotros estábamos gestionando la recogida de “material didáctico” para el festival, pues como os comentaba antes, mi amigo vivió allí hace unos años y tenía bastantes contactos. Como sabréis el festival de 2 días de duración, comenzaba a las 12 de la mañana y se terminaba a las 11 de la noche. Nos dispusimos a ir en busca de la felicidad y “agustera suprema” al centro de Ámsterdam desde Beverwijk. Como comprenderéis se nos fue la hora de las manos y entre recogidas, llegadas, preparativos y nuestro momento de meditación, llegamos al festival a las 19:30. Fue espectacular porque en este tedioso camino silvestre festivalero nos encontramos a una chica parada con una pulsera roja y empezó a hablarnos en inglés y nos preguntaba que si queríamos esa pulsera para el Backstage. Nosotros con nuestro pensamiento maligno español, le dijimos que no. Ella se quedó a cuadros y nos insistía, que podíamos ir al baño sin guardar cola, estar con los djs… Y le dijimos que qué quería a cambio y NOS DIJO QUE NADA. Podéis imaginaros nuestra cara de sorpresa y felicidad. Y su novio nos dijo que la suya la había roto y tirado un poco más adelante. La encontramos y, por supuesto, la cogimos. ATENCIÓN AL DATO: a mi colega le metimos por esa pedazo de zarpa que tiene, la pulsera que nos dio esa chavala con esa muñeca de princesa.

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Entró a base de salivajos y tirones. Y JODER QUE SI ENTRÓ, PERO DEL TIRÓN.  Yo me puse la del chaval, la cual llevaba una pieza de plástico duro que mi colega quemó y requemó hasta que se quedó pegado, NO SABEMOS CÓMO. Bueno, nos disponemos a entrar al festival. MORTALÍFICO, ESTREPITOSAMENTE GUAPÍSIMO…. A quien le guste el TECHNO y llegara allí, FLIPA COMO FLIPAMOS NOSOTROS. Empezamos a caminar, a envolvernos con el ambiente y llegamos al escenario de Joseph Capriati y no podíamos parar de bailar. Pasamos un rato por Nina Kraviz. Pero nos dio un lapsus y comenzamos a buscar el escenario de PAN POT y nos encontramos en frente de ellos. Le empezamos a preguntar a la plebe que cómo podíamos subir allí arriba, y enseñábamos nuestras pulseras. La gente pasada de rosca, con la mandíbula en zig zag limándose los colmillos, nos decían en inglés que qué afortunados éramos y que le tirásemos para arriba. Y nosotros, ¡CLARO QUE QUERÍAMOS SUBIR PERO….¿CÓMO?! Al final le preguntamos a un chico del staff y nos indicó la entrada. ENTRAMOS. Y allí estuvimos gozando de la pinchada de PAN POT en el Backstage y, seguidamente, echando unos bailoteos a lo lejos con Amelie Lens. Esto se podría definir como: “CUANDO UN FALLO SE CONVIERTE EN ACIERTO”.

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Terminaron esas escasas y mágicas horas de festival y nos dispusimos a volver a casa. En la parada del tren, nosotros comenzamos a seguir a un chico con un pedazo de altavoz JBL y nos subimos con él y su tropa al tren, bailando y liándola. Cuando se bajaron del tren nos dimos cuenta que estábamos yendo en dirección contraria a nuestra casa 🙂 Por suerte nos bajamos y conseguimos coger el último tren y llegamos sin problemas. El destino y el sentido estaban de nuestro lado. En uno de los vídeos decimos que ya hemos encontrado el sentido, pues mi amigo se estaba leyendo un libro, el cual yo ya me lo leí en su día en la universidad, “El hombre en busca del sentido” de Viktor Frankl. Sin duda con este viaje encontramos totalmente el sentido.

Da comienzo el “SECOND ROUND”. Nos levantamos, desayunamos, meditamos, (no es broma, meditamos en modo buda lo mejor es que en la casa que nos hospedamos había budas hasta en el baño. Nos podríamos considerar BOHEMIOS TECHNEROS), preparamos nuestras bebidas y nos dirigimos hacia el festival. Este día también lo gozamos por todo lo alto, pues, sin quererlo, de nuevo acabamos en el escenario de PAN POT. Nosotros somos de Almería, tierra andaluza de playa y desierto. No sé cómo pasó pero empezamos a hablar con la gente y….TODOS ERAN ANDALUCES, de Cádiz, Granada, El Ejido (Almería), Málaga… Nos hicimos foto hasta con una tropa que llevaba una bandera de la discoteca INDUSTRIAL COPERA de Granada. Al final hicimos piña con una gente de Málaga, que eran de lo mejorcito. Y allí acabamos con ellos y con nuestro querido Richiiiiiiiii. GRANDE RICHIE HAWTIN.

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Acabó el festival, grandioso festival y nos dispusimos a coger el tren. Como comprenderéis íbamos “bocarriba” y, ¿a que no sabéis qué? Volvimos a coger el jodido tren E-Q-U-I-V-O-C-A-D-O. Nos bajamos del tren y empezamos a hablar con unos holandeses y nos ayudaron a investigar cómo volver. Perdimos el último tren y a uno de esos holandeses, yo no sé por qué, le dió la inspiración esa noche y nos dijo que nos llevaba. Cuando nos subimos en su coche mi colega y yo flipamos. Lo primero que le dije al holandés fue: “Menuda Screen que llevas colega”. El hombre se empezó a reír y dijo: “Just a car”. Llegamos a casa y se lo agradeceremos eternamente. ¿Vais sintiendo un poco lo que nosotros sentimos, lo que vivimos? Bueno pues aquí no acaba todo. Al siguiente día y último en aquellos maravillosos lugares hicimos un poco de ruteo, visiteo, turisteo. Bebimos té moruno en un coffee moruno acompañado de un joint y, finalmente, nos dispusimos a ir a la periferia de Ámsterdam a visitar a un amigo nuestro de Almería que vive allí. El barrio en el que vive es un poco como el Bronx, rollo película americana con las bandas de negros, nosotros acostumbrados a nuestros gitanos de Almería, ya pocas cosas nos impresionan. Mi amigo, el que viajaba conmigo hace años vivió allí con este amigo nuestro, al que fuimos a visitar, y mi amigo quería pedir la cena en un Indio donde él solía ir cuando vivía allí, quería recordar viejos tiempos. Fuimos los dos al indio, pedimos la cena y el amable indio nos la preparó para llevar. ATENCIÓN AL DATO: no teníamos ni un euro tenía literalmente 25 pesetas en el monedero, yo pasé mi tarjeta de crédito y no pasaba y la de mi amigo tampoco, pues el datáfono solo aceptaba tarjetas holandesas. Nos quedamos un poco parados sin saber qué hacer y un chico negro con las cejas y el pelo tintado de AMARILLO FOSFORITO (Y DE VERDAD QUE NO ES COÑA) al lado nuestra, hablando por telefóno y con mi misma camisa del festival del segundo día le preguntó al indio cuánto era y le soltó 20 plomazos, 20 euros (la cena eran 15) y nos pagó la cena. Le dimos hasta un abrazo al negro. Nosotros ya no sabíamos qué más cosas nos podían pasar. ¡JODER, PERO QUÉ BIEN NOS ESTÁ ACOGIENDO LA CIUDAD! ¿POR QUÉ COJONES NO ME PUEDO QUEDAR AQUÍ? ¿POR QUÉ TENGO QUE VOLVER? En fin, fuimos a casa de nuestro colega, se lo contamos y éste flipó con todas las cosas que nos habían pasado allí, desde el primer hasta el último detalle. En fin, llegó la mañana siguiente y nos teníamos que ir de la casa en dirección aeropuerto. Teníamos que coger 1 tren, 1 metro y 1 bus para llegar hasta el aeropuerto. Nosotros compramos en nuestra estancia una tarjeta válida para 3 días por 30€ para coger el metro-bus-tren. Cuando nos dispusimos a entrar en la estación de tren de Beverwijk, las tarjetas ya no funcionaban. ¡QUÉ RISA MARIALUISA! Vete y sácate unos billeticos con la tarjeta de crédito por un importe de 6,40€ cada billete. Los compramos, entramos y nos sentamos a esperar el tren y, DE REPENTE, APARECE ELLA. Victoria, una señora de 81 años con el espíritu más joven que el tuyo y el mío, subida en una moto eléctrica y una cesta con tres perritos. Ella sí que es mágica. Una señora medio brasileña medio israelita nos dijo que nos había escuchado hablar español y que si le podíamos echar una foto para una amiga suya de Almería. A ella le encanta España que ella tiene casa en Almería y Málaga y que cuando los turistas se van de España es cuando ella baja de Holanda para disfrutar de la tortillica de papas. Nos regaló a cada uno unas tarjetas para coger el tren, nos llevó a tomar un cafelito con un brownie y seguidamente a una marisquería para comprarnos unos bocadillos de ensaladilla rusa y cangrejo con las respectivas bebidas. Sin olvidar que pasamos por una tienda de segunda mano y me compró una camisa mortalífica de guapa y un chaleco. Lo mejor es lo que ella decía: “Esta ropa es de personas muertas y cuando yo me muera la mía también la donaré”. Esa señora es muy grande. Nos llevó por todas las estaciones de metro y nos colábamos con ella por todas las entradas, ella pasaba la tarjeta y nosotros entrábamos detrás de su moto con nuestros macutos corriendo para que no nos pillaran las barreras.

Finalmente, nos despedimos, y cogimos el bus camino al aeropuerto. Cogimos con mucha pena el avión, pues este viaje bien degustado y disfrutado había que asimilarlo. En Málaga nos esperaba mi amigo Antonio, Picolo para los colegas, Picolino para mí. Es un señor de 44 años con un espíritu puro. Me enseñó a pinchar a vinilos hace 2 años, cuando yo vivía en Málaga. Esa noche estuvimos allí pinchando al modo Old School, como auténticos djs. Al día siguiente llegamos a nuestro destino….ALMERÍA TIERRA DE DESIERTO Y PLAYA.

Texto: Estrella Asensio

Fotos: Awakenings Festival