Ojeando Festival. Ojén, Málaga, 1 y 2 de julio.

Que se me quedara la boca abierta al llegar a la localidad donde se celebra el festival… fue un buen prefacio para lo que me esperaba.

Ojén, un pueblo blanco de paredes encaladas y calles estrechas (y muchas, muchas cuestas), envuelto por las montañas, muy cerca de Marbella, es el lugar elegido para la celebración anual de Ojeando Festival, un evento musical independiente de referencia en Andalucía.

Con la particularidad de celebrarse en las calles del pueblo, concretamente en el patio del colegio y en la plaza del propio pueblo, este “pequeño-gran” festival me ha cautivado. Un cartel con grandes artistas, un ambiente tranquilo y familiar, ausencia de aglomeraciones, una organización compuesta por un gran número de voluntarios que no perdían la sonrisa en ningún momento, y un trato magnífico a la prensa que allí nos encontrabamos, han conseguido que marque a Ojeando como un festival fijo en mi agenda anual.

¿Qué grupos tocaron? Comencemos.

Viernes 1 de julio. Escenario Patio. 

Hungry Butterfly, ganadores de Ojeando Nuevos Talentos 2016, abrieron la primera jornada con una actuación llena de fuerza y garra. Paloma y Armando, este dúo malagueño que mezcla la electrónica con el indie, coqueteando con la psicodélia, ofrecieron un show que se mantuvo vivo hasta el final.

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Llegó entonces el barcelonés Carlos Sadness y su melena al viento. Y si en mi última cita musical con él me fui decepcionada (o indiferente más bien), en Ojeando supo reconquistarme y ganarse mis mejores bailes. Con su inseparable ukelele, un arco para lanzar flechas de amor (agua, el arco lanzaba agua), una letra improvisada a una de las espectadoras que con el móvil y sombrero se encontraba, y un buen rollismo que supo contagiar al público, arrancó bailes y risas a partes iguales. ‘Perseide’, ‘Miss Honolulu’ o ‘Qué electricidad’ no faltaron en su repertorio. Y sus historias y reflexiones tampoco.

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Y llegó. No. Llegaron. León Benavente. El mejor concierto de la jornada, y hasta diría del festival. Su carismático Abraham se come el escenario. Lo pisa, lo domina y dice “aquí estamos, baila para mí”. Los temas de su nuevo disco “2″ se alternaron con sus grandes himnos: ‘Tipo D’, ‘La Ribera’, ‘Gloria’, ‘Ánimo, Valiente’… y por supuesto ‘Ser Brigada’, sacaron el lado más rockero de los asistentes. Banda transgresora, crítica, con sonido propio, feroces… Brutales.

 

El punto internacional lo puso la banda irlandesa Delorentos. Eran mi objetivo musical más claro, solo que fueron desbancados por León Benavente. Quizás tocar tras una actuación con tanta fuerza les perjudicara, pues a pesar de que sonaron bien, supieron a poco. Es cierto que observé pocos fans (pocos que como yo se supieran las letras), y que en un festival donde la material nacional prima, ser el cabeza de cartel extranjero no ayude mucho. Pero objetivamente esta banda de rock alternativo dieron buenos momentos, destacando ‘Forget the Numbers’ o ‘Everybody else gets wet’. Y oye, que sus dos vocalistas, Kieran McGuinness y Ronan Yourell, saludaran y agradecieran al público su asistencia en castellano, son pequeños detalles que muestran humildad y simpatía por parte de los músicos.

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Los mallorquines L.A. llegaron para emocionar. O al menos conmigo siempre lo logran. Con Pep Mulet, Dimas Frías y Ángel Cubero, Luis Alberto Segura pisó el escenario patio decidido a dar un buen show. ‘Ordinary lies’,’In America, ‘In the meadow’, la rockera ‘Outsider’, ‘Rebel’, ‘Secrets undone’, ‘Love comes around’ con el intercambio de Luis Alberto a la batería y Dimas a la guitarra o el precioso tema ‘Hands’, tocadas con una exquisita ejecución y una voz afianada y acertada, nos recuerdan que esta banda triunfa cantando en inglés en un país muy desagradecido para ello. Y sí, L.A., os he visto con esta en quince ocasiones, y mi admiración hacia vosotros crece y crece.

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Y la noche la cerró ElyElla Djs ofreciendo una sesión de buena música, grandes temas nacionales e internacciones, papelillos y mucho, mucho baile. Pero ya son las 6 a.m. ¡Toca irse a dormir!

Sábado 2 de julio. Escenario Patio. 

En esta jornada me estrené con Soleá Morente. Cabe decir que NO ENTIENDO NADA DE FLAMENCO, así que tanto mi asistencia como mis próximas palabras deberán valorarse con cariño y precaución. Con solo su apellido sabemos de donde procede ¿no? Pero ella quiere algo distinto. Quiere fusión. Quiere flamenco, pero crearlo desde un punto de vista más alternativo. Con una banda realmente espectacular, su potente voz y sus tablas en el escenario, consiguió que el apodo “la niña indie del Maestro” cobrara sentido.

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Full. Llegaron. Por fin. La banda a la que más cariño tengo de todas. Contradigo a quien me discute y digo que no, que no son una promesa musical en nuestro país, sino una realidad forjada a base de trabajo, esfuerzo y mucho talento. Y sí, llegarán mucho más lejos, pero están ahí, surcando la ola, y no van a parar. Quien asiste por primera vez a un concierto de Full cae “fulminado” (permitidme el juego de palabras) y reincide, una y otra vez, en sus atracos. En Ojén nos ofrecieron un repertorio con los mejores temas de su anterior trabajo “Mi primer atraco” y de su último largo “Tercera guerra mundial”, donde han consolidado, mejor si cabe, su sonido. Jaime Gutiérrez, Bubby Sanchís, Jesús Gutiérrez, Javi Valencia, y un Manu Jurado que se hace notar cada vez más en el escenario, dieron un gran concierto y arrancaron coros y bailes a sus asistentes con ‘Quienes somos realmente’, ‘Aullando’, ‘Jaula de atracciones’ o la hipnótica ‘Alabama’.

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Supersubmarina. Si tengo que rectificar, rectifico. Hace poco fui a uno de sus conciertos de gira y volví decepcionada, quemada y hastiada. Y así lo hice ver en la crónica. Pues nada, llegan los de Baeza a Ojeando, se marcan un conciertazo con ritmo, simpatía y atronadora fuerza, y tengo que comerme mis palabras. Fue sin duda el concierto más concurrido, más largo en duración, y con mayor número de fans de todo el festival. Tocaron tantos temas “antiguos” que se ganaron mi beneplácito y bailé y bailé hasta el final. ‘Hermética’, ‘Ana’, ‘Canción de guerra’, ‘Supersubmarina’, ‘Puta vida’ remezclada con ‘Elástica Galáctica’, ‘Cientocero’ y mi amado ‘Kevin Mc Alister’ sonaron y tronaron en el patio del colegio de Ojén. Y me reconcilié con Supersubmarina.

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Era el turno de la rompedora Javiera Mena. La chilena, su espectáculo y sus bailarinas dejaron a Ojén con los ojos como platos. Su electropop gustó, y mucho, a los asistentes. Creo que muchos no se han repuesto aún del show transgresor y completamente diferente a lo que habíamos vivido a lo largo de todo el festival. No puedo decir mucho más de Javiera Mena pues soy una fiel amante de los instrumentos y necesito vivir la música desde una perspectiva más “real”. Pero fue entretenido oye.

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Cerraron el sábado We Are Not Djs, y parecía que Ojeando no acababa para muchos. Había ganas de pasarlo bien y bailar, y como niños nos sentimos en aquel patio del colegio.

Mi resumen es más que positivo. Para empezar un festival que apuesta por la música independiente en Andalucía tiene mi corazón ganado. Pero es que además saben hacer las cosas muy bien: detalles como los vasos reciclados, la animada sesión de Ley DJ en la piscina del pueblo en la tarde del sábado, la hospitalidad de los habitantes de Ojén, y el trato recibido por toda la organización (y especialmente de la responsable de prensa Lola C.) hacen de Ojeando un pequeño gigante.

Oigan. Apunten. Háganme caso. Ojeando 2017. No podéis faltar.


Especial agradecimiento a Carmina Rodríguez, fotógrafa colaboradora en esta crónica.

 

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