Florence and the Machine, la banda inglesa que lidera Florence Welch, vino a presentar al Palau Sant Jordi su último trabajo ” How Big, how Blue, how beautiful”. Sin llegar a completar el aforo (un telón negro en el fondo de la grada se lo impedía) Florence congregó a 10.000 espectadores.
Tras la actuación de Gabriel Bruce, que intentó animar el ambiente, la gente comenzaba a impacientarse. A las 21.20 hacía su aparición Florence sobre el escenario, con un vestido transparente de Gucci, con un águila bordada en el pecho, descalza y con su famosa melena pelirroja al viento.
Empezaba fuerte, con What the water gave me y todo el público coreando “Lay me down, let the only sound” . En la segunda canción Ship to Wreck ya tiene a todo el Palau Sant Jordi en el bolsillo. Si hay algo que caracteriza a Florence es su espontaneidad, su extrema naturalidad y una total empatía con el que la escucha.
Nos cuenta, antes de interpretar Shake it out, la primera vez que tocaron en Barcelona en la sala Razzmatazz después de una “after party” a las cuatro de la mañana, cuando no la conocía nadie.
Verla es todo un espectáculo pues desprende una energía muy especial, que sabe dosificar y transmitir. No deja de moverse, de correr de un lado al otro del escenario. Tras interpretar Delilah con una calidad vocal técnicamente perfecta, acaba extasiada en el suelo del escenario.
Le sigue Sweet Nothing, el famoso tema de Calvin Harris y tras él, asistimos al “momento fan” de la noche. Una chica del público sube al escenario con una pancarta para pedirle matrimonio a una de las coristas de Florence (Björk, se llama igual que la cantante) y se va directamente a ella, a abrazarla. La escena es muy tierna y según Florence: “so sweet” . Aprovecha para decirnos que es bueno querer a los demás pero que también es importante quererse a uno mismo. 

Así, con todo ese amor flotando en el aire, Florence interpreta la canción que da título a su último disco How, Big, how Blue, how beautiful. Con un escenario sin artificios, unos círculos a varias alturas dónde están sus once músicos y un telón formado por escamas metálicas, que brillan con cada movimiento de Florence, llega el turno de una de sus primeras canciones: Cosmic Love. Su interpretación es una de las más íntimas, Florence parece una de esas bailarinas de las cajas de música, no deja de dar vueltas en círculos, acompañada sólo de su voz, el piano y el arpa.

Foto de Wilma Lorenzo

Foto: Wilma Lorenzo

También hubo momentos en las que el público del Sant Jordi se desató, como fue en la versión del tema disco de Candi Staton You’ve got a Love, donde Florence invitaba al público a tocarse, a abrazarse…mientras en el escenario también lo hacían sus músicos. Y a éste, le siguió su famoso Dogs Days are over, en el que animaba al público a quitarse una prenda y liberarse.
Tras una pequeña despedida, llegó uno de los momentos más emocionantes de la noche en el que el Palau Sant Jordi se llenó de luz a través de los móviles para arropar a Florence, que no dejaba de dar las gracias y repartir besos desde el escenario. Como colofón, puso punto final con los bises: What kind of manDrumming, que un público entregado, bailó y coreó hasta no poder más.

Florence Welch es una diva que ha venido para quedarse. Quien ha vivido la energía de algunos de sus conciertos sabe que es así. Si tenéis la oportunidad de verla, no lo dudéis.

Y si no es posible, disfruta visionando uno de los momentos que vivimos el pasado fin de semana en el Palau Sant Jordi

Foto portada: Amy Beasley

Hacer Comentario