Desde que el pasado 26 de octubre, 091 anunciarán su vuelta y la gira Maniobras de Resurrección, había muchas ganas de verlos encima de un escenario. La cita era en Sevilla, en la Sala Custom. Era su segunda noche. Las entradas para el sábado 9 de abril se habían agotado en menos de dos horas, y todo hacía presagiar una noche muy especial.
La noche comenzó con el buen hacer del músico sevillano, Chencho Fernández (Sick Buzos y Las Muñecas de la Calle Feria) , que nos presentó varias canciones en acústico de su nuevo álbum Dadá estuvo aquí.

Chencho Fernández
Después de una pequeña pausa y de algunos cambios de instrumentos, el público comenzaba a impacientarse. Sólo se escucha: “¡Mucho cero, mucho cero, hey, hey!”
Se apagan las luces y comienza a sonar la famosa canción de Ennio Morricone , The man with a harmonica. No había dudas, se acabó la espera y como en la película de Sergio Leone, había llegado la hora de “los Cero”. Tras una fuerte ovación, aparecen en escena: José Ignacio Lapido (guitarra), Tacho Fernández (batería), Jacinto Ríos (bajo) y Víctor Lapido (guitarra). Suenan los primeros acordes de Palo Cortao, un duelo instrumental y en el ecuador de ésta, “El Pitos”, (José Antonio García) hace su aparición con la armónica. De riguroso negro, sus Wayfarer, una camisa negra bordada con flores rojas y sus zapatos de piel de caimán, se contonea por el escenario, haciendo las delicias de los fotógrafos de la primera fila y de sus fans.
Le siguen canciones como : Zapatos de Piel; Debajo de las piedras; El lado oscuro de las cosas, Tormentas imaginarias; Nada es Real… No dejan de encadenar una canción tras otra, casi ni respiran. Se nota que han vuelto con fuerza y que tienen ganas de darlo todo. Les ha sentado bien la resurrección.

José Antonio García
La fuerza de En el laberinto hace que el público la coree de principio a fin, lo mismo sucede con Huellas. José Ignacio Lapido comienza a tocar los primeros acordes de Nubes con formas de Pistola, es curioso que las letras de los Cero sigan estando de máxima vigencia y que como dice esta canción “nuestros ojos sigan esperando ver pronto una revolución” , se ve que en 2016 seguimos hablando de lo mismo.
Serpentean ahora por viejas canciones como: Para impresionarte; Este es nuestro tiempo y La noche que la luna salió tarde, uno de los éxitos de los 091. El riff de guitarra del maestro José Ignacio Lapido en esta canción hace vibrar al público, que lo vitorea y José Antonio se quita sus Wayfarer, gesto que el público le aplaude.
Estamos llegando al ecuador del concierto y llevamos doce canciones sin parar, la máquina de los 091 está perfectamente engrasada y parece mentira que llevasen veinte años sin tocar juntos. En estos momentos de la noche un público entregado corea su nombre, han esperado mucho tiempo para volver a oír la banda sonora de sus vidas. Menos mal que sigue estando Dios de nuestro lado.
Llega uno de los momentos más emotivos de la noche, en el que José Antonio dedica Un cielo color Vino a Álvaro, “un fan que desgraciadamente ya no se encuentra con nosotros. Así que allá dónde esté esta canción va para él”: nos comenta.

FINAL DEL CONCIERTO 091
Se despiden con La Torre de la Vela pero antes José Antonio dedica unas palabras al público: “La verdad que estamos encantados de tener un público tan fan. Gente como vosotros que ha esperado tanto tiempo a nuestra reencarnación, para estar aquí con nosotros. Es un verdadero lujo teneros. Muchas gracias. Con esta canción nos vamos a despedir. Espero que lo hayáis pasado bien. Nosotros hemos disfrutado mucho con vosotros”
Comienzan entonces los bises y lo hacen con una interpretación exquisita de La Canción del Espantapájaros, un duelo de guitarra acústica y voz, con una escenografía especial, marcada por dos puntos de luz, que casi no dejaba ver a los intérpretes en el escenario.
A partir de aquí no dejan de sonar canciones que muchos recordamos y que sonaban a finales de los noventa, como Que fue del siglo XX, una crónica de aquellos años o La Vida que mala es, con la que se despiden. No sin antes darnos las gracias por esperarlos veinte años. La verdad es que ha merecido la pena. Larga vida a 091.

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