He pasado una mala noche, de la cama al sofá y del sofá a la cama. Es típico en mí, suelo encontrar mejor el sueño allí donde no se supone que se debe dormir. En cualquier caso a eso de las nueve no había quien parase. Vivo en un piso de diseño europeo en lo que a persianas se refiere, y cuando amanece no queda rincón a oscuras. Así pues doce horas después el cuerpo me pide más Netflix que rock’n’roll. Pero arranca octubre en El Sótano con conciertos de Shinova y Amatria. Stranger Things puede esperar.

Tras media hora de metro estoy en la puerta del local. Voy solo, no he logrado enredar a nadie con quien me apeteciese pasar la noche del sábado. Entro y pregunto sin grandes esperanzas por las acreditaciones. Doy mi nombre y tras consultar una corta lista me confirman que efectivamente no hay acreditación para mí. No son de acreditar aquí, por aquello de ser una asociación cultural y cobrar apenas 10€ al mes por ir a todos los conciertos que te plazca. Me parece justo, así que pago mi mensualidad con un billete de 50€. Tengo uno de 20€, pero prefiero cambiar, soy así de perspicaz.

 

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Primera parada, Shinova

Desde las escaleras ya se escucha “Viajero”. No pierdo tiempo y saco la cámara para empezar a tirar las primeras fotografías. Sólo llevo el 50mm, así que bien puede venir el puro arte a mis manos o estoy jodido. Habrá que fijarse en los detalles. Tras la primera ráfaga echo un vistazo. No están del todo mal, con suerte alguna se salva. En cualquier caso habrá que esperar a verlas reveladas en la pantalla del ordenador.

Por su parte la banda se está empezando a ganar al público. Tampoco lo tiene complicado, los que estamos aquí a esta hora es por ellos. No somos muchos, casi todo chicas, pero la gente se sabe las letras. Gabriel está ostensivamente feliz con esto último. Se agradece ver a tipos encima del escenario ilusionados al comprobar cómo el público hace suyas las letras de tu recién lanzado disco. Unas letras a las que han puesto tanto corazón. Unas letras que no hablan por hablar, y que suenan tan directas como en la grabación. Todo suena bien, todo está en su sitio.

Tras un rato de concierto no me cabe duda de que Shinova está empezando a recorrer su camino. La propuesta es mucho más completa que el aforo de la sala. Parecen una banda con todo por disfrutar. Les seguiré la pista. Literalmente.

 

 

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La fiesta de Amatria

Aprovecho el entreacto para tomar un poco de aire. Y para mandar algún WhatsApp, qué cojones. Cuando me creo en paz con el aire y el 4G del mundo exterior vuelvo a entrar. Me acerco a la barra y pido un tercio. Mientras suena La niña imantada y me hace gracia, pues a estas horas Love of Lesbian debe andar tocando en el FIZ. Grabo un audio para una amiga, pero apenas se distingue una nota.

El escenario ya está convenientemente adecentado. Sin más Amatria comienza su periplo. Arrancan con la parte blanda del directo. A mí no me parece mal. Como diría Javier Krahe, no todo va a ser follar.

Joni tiene su rollo bien medido. Con ese pelo rizado negro, la camiseta, los pitillos, las zapas y la chaqueta vaquera cualquiera diría que es de Ciudad Real. Nos cuenta que hace no mucho vivió por el barrio. Introduce así su tema “La Buhardilla”. Me siento especialmente identificado pues hace no tanto yo también viví en una buhardilla de La Latina, popularmente conocida como La Gran Pirámide, en la que para ducharte te tenías que sentar en un maldito taburete.

Llegamos al ecuador y comienza la fiesta. Suena “El Golpe”, un tema diseñado y fabricado con el único objetivo de petarla muy fuerte. El Sótano se lo está gozando. Hay que reconocer que Amatria monta una buena pajarraca. Suena “Chinches” y a estas alturas no queda nadie con las manos en los bolsillos. Gracias al efectismo de la electrónica, lo que tú digas, ¿qué más da? ¿Has visto a toda esa gente saltando?

Amatria es diversión. Eso es todo que piden.

 

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Termina el último bis y son las doce. Me largo, llego tarde a mi cita con Wynona Ryder.

 

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